Ciencia-Ficción

Cada vez que se habla de asuntos como las obras de Julio Verne, La guerra de las Galaxias, el Experimento Filadelfia, la objetividad de los informativos de la SER o la clonación de embriones humanos, sale a relucir el tópico “la realidad supera a la ficción”

Lo que hace pocos años parecía un sueño puede ser hoy una costumbre que ya pasa desapercibida. La tecnología, por ejemplo, ha dado tal salto durante los años 90 y los 2000, que un adolescente de hoy no puede imaginar como era la vida cotidiana sin canales de televisión de 24 horas, sin ordenadores, móviles, consolas…

Pero hay ocasiones en las que la ficción parece algo inalcanzable, por muy sencillo que pueda parecer lo contrario.

Como Martin Luther King, yo también tengo un sueño. No es un sueño tan importante para el bienestar del ser humano. Ni siquiera es un sueño cuyo cumplimiento redunde en beneficio para la humanidad toda, como hubiese dicho algún idealista de buen talante y con ansia de alianzas de civilizaciones. Es mucho más simple y prosaico que todo eso.

Imaginen que viven en San Mateo, futura capital europea. Imaginen que cada mañana salen pronto de su casa para dirigirse al trabajo hacia algún barrio de nuestra periferia; Zaragoza, por ejemplo. Imaginen que van saludando a los vecinos mientras conducen hacia la calle principal, para salir del pueblo. Sigan imaginando y piensen que giran por una calle y no la encuentran bloqueada a mitad de recorrido por una grúa, cuyos operarios no ha sido capaces de señalizar que la calle esta cortada. Imaginen que no tienen que dar marcha atrás toda esa calle, para entrar despues en otra que tampoco esta cortada por otra grúa, o por una furgoneta de algún personaje (¿?) que la ha dejado ahí para complicar gravemente el paso de otros usuarios.

Inspiren hondo. Imaginen ahora que no han de desandar el camino de nuevo, para entrar en una tercera calle que no tiene al final una casa en obras, con un tractor o una hormigonera impidiendo el paso. Tampoco hay cartel que avise, claro. Seguidamente imaginen que logran salir a la calle principal y no van a encontrar dos autobuses cortando el trafico en una curva lo suficientemente cerrada para impedirles ver si vienen vehículos hacia ustedes. No olviden imaginar también que esos autobuses no paran cerca de uno de los cruces principales de la localidad. Cruce que tampoco se halla nunca atascado por coches en doble fila, furgonetas de reparto, ni el todoterreno de alguno que esta tomando el café de la mañana en el bar de al lado.

Y para finalizar ya este tremendo ejercicio de imaginación, imaginen que nunca, pero nunca jamás, corren ustedes ningún peligro de que les planche algún camión cuando, en dicho cruce, tienen que circular en sentido contrario por culpa de esa gente de buena educación y principios que colapsa el trafico sin ninguna preocupación, pero tomándose el cafecito en el bar.

Mi sueño imposible es precisamente eso. Salir de San Mateo sin complicaciones, para irme a trabajar.

Ciencia Ficción

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