Resultados de las Elecciones Generales del 20 de diciembre de 2015. ¿Y ahora, qué?

¿Estamos ante el fin del bipartidismo en España? Todo apunta a que sí… momentáneamente. Dependerá del empeño que pongan los partidos emergentes en demostrar que merecen estar donde están ahora, y de la capacidad del PPSOE en seguir gobernando un país al que ha parasitado durante tanto tiempo.



El PP de Rajoy ha sufrido un castigo espectacular aunque, desde mi punto de vista, hubiera merecido perder aún más votos. Confieso que no puedo comprender cómo, a pesar de esta legislatura de gobierno Popular, más las dos anteriores de oposición, aún hay más de siete millones de españoles que le confían su voto.

Aún así, la  “estrategia del miedo a la izquierda” no ha funcionado con tanta fuerza como esperaban los asesores del Partido Popular. El descalabro de este partido no admite matices. Pasar de 186 a 123 diputados es el resultado de la traición del PP de Mariano Rajoy a sus votantes de 2011 y puede que sea el primer paso hacia la desaparición de esta formación política tal y como la hemos conocido hasta ahora.

De acuerdo a mi experiencia con votantes y dirigentes del Partido Popular, me atrevo a decir que en los anteriores 11 millones de votos de 2011 ha pesado mucho más el “completo” incumplimiento de Rajoy respecto a su programa electoral que los numerosos y abultados casos de corrupción que han ido saltando casi a diario a las portadas de la prensa y a los informativos de radio y televisión. He podido comprobar in situ cómo a los votantes del PPSOE les importa un pimiento que sus políticos sean, literalmente, unos intrigantes, ladrones, o traidores a sus supuestos principios (Todo junto en no pocas ocasiones) Con las excusas más dispares, y a veces sin necesidad de excusas, muchos de esos votantes seguirán entregando su voto a su impresentable favorito. Solo en ocasiones; en pocas ocasiones, la mayoría de los que se acercan a las urnas son capaces de castigar a “sus partidos”. Y una de esas escasas ocasiones se ha dado ahora, Con un Partido Popular que ha incumplido al 100% su programa electoral, y que, por añadidura, ha seguido desarrollando el programa del socialista Zapatero en algunos puntos clave al no derogar ni una sola de esas leyes que Mariano Rajoy prometió derogar si llegaba a La Moncloa con mayoría absoluta.

Los resultados actuales hacen necesaria una renovación profunda del Partido Popular, pero esto no sucederá. Sus actuales líderes no parecen trabajar ni por el interés de la nación ni por la defensa de ciertos valores que, hace ya años, aglutinaban a los votantes de centro derecha en un proyecto por el que entendían que merecía la pena la lucha política. Hace casi una década que Rajoy avisó de sus intenciones. “Los conservadores, que se vayan al partido conservador. Los liberales, que se vayan al partido liberal.” Y Rajoy acabó por convertir al PP en un partido socialdemócrata tan parecido al PSOE, que el 40% de sus votantes ha terminado por huir en masa.

La otra cara del bipartidismo, el PSOE, pierde 20 escaños en el congreso (de 110 a 90). Y, a pesar de las voces socialistas que tratan de paliar tan mal resultado consolándose en que el PP ha perdido más, lo cierto es que Pedro Sánchez no ha logrado lavar la cara a un partido socialista que sigue pagando por los desmanes de un Rodríguez Zapatero como nefasto presidente de gobierno y un Pérez Rubalcaba como infame fontanero de las cloacas socialistas y estatales durante su pasado mandato.

Sánchez se presentaba como renovador de un PSOE que no está por la renovación y como azote de la corrupción representando a un partido que institucionalizó dicha corrupción en España durante los 13 años de Felipe González y los 7 y medio de Zapatero. Nuevamente, el PSOE ha querido vender un producto basado en un político “todo imagen” con escaso (por no decir inexistente) equipaje de logros anteriores. Esta estrategia funcionó en 2004 con la marca ZP, en circunstancias muy diferentes. Pero, en la actualidad, ya no ha sido suficiente poner ante nuestros ojos el mismo producto: un chico alto y delgado que va de simpático y que se permite acusar a otros de corrupción como si él representase a un partido inmaculado revestido de santidad progresista.

Ante semejante escenario, no es difícil llegar a una triste conclusión. Si la máquina de clientelismo y corrupción que es el PPSOE quiere mantener sus privilegios y prebendas, ambos partidos tendrán que pactar, aunque sea de forma discreta y puntual para no escandalizar a lo que queda de sus crédulas bases. Es el único modo que tienen para evitar que Podemos les ponga en evidencia constantemente. De hecho los “barones” del PSOE han avisado ya a Pedro Sánchez. No quieren pactos con Podemos.

¿Ciudadanos? Creo que Albert Rivera ha cometido algunos errores de bulto que le han restado credibilidad. Por ejemplo, permitir que varias de sus listas se llenasen de trepas y arribistas de otros partidos que se hallaban en caída libre,, como ha sucedido en Zaragoza, donde el esfuerzo de los primeros militantes de Cs, que durante años batallaron por hacer presente este partido en la vida política de la ciudad, se vio relegado por los paracaidistas del PAR que, una vez asentado Ciudadanos, decidieron ingresar en masa y desbancar a los anteriores dirigentes naranjas locales sin que la dirección nacional se haya dignado pronunciarse al respecto.

Además, el propio Albert Rivera estuvo falto de reflejos en el debate a cuatro celebrado hace unos días. No supo aprovechar, como sí lo hizo Pablo Iglesias, el hecho de que un partido nuevo puede tener mucho que reprochar a quienes gobiernan sin tener que sufrir a cambio ataques por hechos del pasado.

Con ciudadanos se equivocaron las encuestas y las previsiones de todas estas pasadas semanas. Ha conseguido mucha menos representación de la que le auguraban, y concretamente en Cataluña no ha logrado ser la gran alternativa contra el independentismo. Así que está por ver si Albert Rivera será capaz de reconocer su fracaso y corregir el rumbo de un partido que se presentaba como la esperanza moderada para votantes populares y socialistas desengañados por sus partidos. La situación actual de Cs será de simple espectador. Su formación parlamentaria no será decisiva ni para PP ni para PSOE.

Podemos ha conseguido 69 escaños y, numéricamente, es el gran triunfador de la jornada electoral, al superar con creces todas las previsiones de esa mayoría de fracasadas encuestas que han tratado de dirigir el voto hacia uno u otro lado.

Pablo Iglesias ha sabido moderar su lenguaje cuando era necesario hacerlo, entrando así en el juego político de decir lo que la gente quiere oír, y ha conseguido transmitir uno de sus principales argumentos de campaña: Podemos puede ser alternativa al PSOE, y más aún ahora que casi ha conseguido fagocitar por entero a Izquierda Unida. Para Iglesias y sus próximos compañeros congresistas se abre ahora un periodo en el que tendrán que demostrar si realmente defienden intereses generales para España (Esa España de la que tanto se avergüenza Iglesias si nos atenemos a sus declaraciones de estos últimos años) o si van a ser el soporte que los nacionalistas necesitan en el congreso para conseguir sus objetivos. Particularmente, yo espero escuchar sus propuestas sociales y económicas, pero a priori me quedo con la segunda opción de las anteriores. Podemos hará el juego a los nacionalistas, como táctica para poner contra las cuerdas al PSOE y envenenar así posibles intenciones de pacto entre socialistas y populares. Hace escasas horas Pablo Iglesias ha mostrado su primer movimiento.


Vistos los resultados electorales, no son pocos los que ya apuestan por una próxima convocatoria de elecciones. No se debe perder de vista que tal cosa es una posibilidad real puesto que, a priori, los posibles pactos se presentan muy complicados. Pero hay un detalle que ha pasado inadvertido para la gran mayoría. UPyD desaparece del Congreso y la primera consecuencia es que abandona todas las causas judiciales por corrupción en las que se había personado. El desastre iniciado por el personalismo de Rosa Díez se ha materializado en la debacle de un pequeño partido que hizo unas cuantas cosas bien y que marcó un ejemplo que ninguna otra formación ha querido seguir. Y a nadie parece importarle. Muchos corruptos estarán más tranquilos a partir de hoy.
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Resultados de las elecciones andaluzas 2015. Entre lo esperado y las hipótesis

Dados como definitivos los resultados de las elecciones andaluzas, se me ocurren varias incógnitas que no tardarán en despejarse.


El PSOE andaluz cosecha el peor resultado de su historia, pero cumple con lo esperado: mayoría simple que le obligará a pactos para poder gobernar. Renueva los 47 escaños, pero perdiendo más de 160.000 votos respecto a 2012. Mayoría simple, que la candidata socialista celebra y vende como si hubiera conseguido una aplastante e histórica mayoría absoluta.

No deja de llamar mi atención que la corrupción de cientos de imputados (líderes incluidos), incontables millones de Euros desaparecidos, y el anclaje ya tradicional de la comunidad autónoma en las peores cifras económicas europeas durante 30 años parecen no ser suficientes motivos para que los votantes andaluces castiguen definitivamente a los socialistas. Lo que demuestra que el voto cautivo, el voto de agradecimiento a la subvención, al PER, al enchufismo y al saqueo sistemático sigue pesando lo suficiente como para alcanzar mayoría simple en una comunidad autónoma de casi 8.5 millones de habitantes.


EL PP consigue 33 escaños de los anteriores 50. Pierde cerca de medio millón de votos, sufriendo la debacle anunciada y esperada. No parece haber extrañado a nadie semejantes resultados. Ni a los propios Populares. ¿Le ha pasado factura al Partido Popular su incumplimiento sistemático de programa electoral, y los cada vez más numerosos escándalos de corrupción? Parece que sí. Pero, volviendo al párrafo anterior, que nadie se llame a engaño. Si el PP, con lo que ha demostrado ser, no ha podido tejer su propia red de corrupción en Andalucía es simplemente porque no ha tenido ni tiempo ni ocasión. Es decir, que no tiene un colchón corrupto suficientemente grande como para amortiguar caídas estrepitosas. En cualquier caso, No será extraño que en Madrid se desate una nueva batalla, quizás más ruidosa que las anteriores, entre Soraya Sáez de Santamaría, cuyo candidato impuso valiéndose de su posición en el partido, y Mª Dolores de Cospedal, a quien le arrojaron su candidato al contenedor de los deshechos con el pretexto de que llevaría al PP andaluz a la catástrofe que, precisamente, ha cosechado el candidato impuesto por la todopoderosa Vicepresidenta del Gobierno central. Tiempo para las puñaladas de frente y los “te lo dije”.

Podemos logra 15 escaños como primer resultado en elecciones andaluzas, y creo que caben perfectamente dos conclusiones paralelas:

Primera; no está nada mal conseguir 15 escaños siendo un partido emergente que nunca antes había estado presente en el parlamento ni en la vida política andaluza. Es todo un mérito, si obviamos que la candidata de podemos no se ha distinguido precisamente por tener argumentos sesudos ni demasiadas propuestas aceptables y si despejamos lo que hay justo detrás de esta candidatura experimental y que planteo en el siguiente párrafo.

Y segunda; Que si bien Podemos se ha presentado por primera vez a estas elecciones, no ha logrado alcanzar esos 20 – 23 escaños que le auguraban varias encuestas de diferente pelaje y condición, a pesar de que tanto sus líderes nacionales y en menor medida su candidata local, han disfrutado desde los inicios del fenómeno Podemos de una publicidad insistente, diaria, machacona y casi siempre dirigida a beneficio del propio partido por ciertos medios a los que solo les ha faltado pasear bajo palio a Iglesias, Monedero y otros como la iglesia católica hacía con Franco en las primeras tres décadas de la dictadura.

Además, la aparición de Ciudadanos, partido al que no pocos simpatizantes del Partido Popular han convertido automáticamente en alternativa de voto, ha contribuido a diluir el curioso efecto consistente en que una parte de dichos simpatizantes del PP estaban dispuestos a votar, como castigo, a Podemos; el único partido que aglutinaba el descontento de no pocas tendencias, aún siendo manifiestamente izquierdista radical.

Ciudadanos irrumpe en escena como la otra novedad, pero con una diferencia frente a Podemos: prácticamente no tenía presencia en las encuestas hasta hace unos 3 meses, durante los cuales su ascenso ha sido sorprendente. Ha cumplido también con las expectativas que le marcaban la mayoría de encuestas, con 9 escaños. Presencia suficiente como para poder ser decisivo en algunos momentos de la incipiente etapa política que se iniciará en breve tiempo. C’s demuestra en estas elecciones que es alternativa y que tiene mucho que decir en este año electoral.

Izquierda Unida baja de 12 a 5 escaños. Durante buena parte del escrutinio estuvo a punto de no obtener representación parlamentaria. Poco que añadir. Un partido que bramaba contra la corrupción socialista, que posteriormente dio su apoyo al PSOE para desplazar a la lista Popular más votada en 2012 a cambio de unos cuantos cargos y formar un gobierno de coalición PSOE-IU que ha seguido sosteniendo la corrupción, estaba condenado a semejante resultado o a algo peor. Su escaños han sido absorbidos por Podemos, quedando en una posición tan insignificante que no parece que vaya a tener la más mínima influencia en la vida parlamentaria andaluza.

¿Y, a partir de ahora, qué?

Que, conforme se sucedan los acontecimientos, tendremos la oportunidad de recordar lo que unos y otros políticos han declarado en precampaña.

¿Apoyará Podemos la investidura de Susana Díaz como presidenta socialista de Andalucía? Siendo el PSOE un partido que se define como de izquierdas (¿?), Podemos no debería tener excesivos problemas en hacerlo. Pero no olvidemos que, si bien con mucha menos saña que al PP, han calificado repetidamente al Partido Socialista como parte de la “casta corrupta”, no hablaría mucho a favor de la coherencia de Podemos el ofrecer un apoyo abierto para formar gobierno. Estoy convencido de que eso restaría expectativas de voto para las siguientes elecciones municipales y autonómicas de mayo, por un efecto de desengaño, en una parte de simpatizantes que tienen a Podemos como referente en el altar de la revolución ciudadana. Además, hay otra variable que merece la pena tener en cuenta. ¿Un apoyo más o menos directo de Podemos al PSOE andaluz, ataría de manos al socialista Pedro Sánchez ante Pablo Iglesias en la política nacional?

En una situación similar está Ciudadanos. Albert Rivera pone como condición a un hipotético apoyo a los socialistas que Susana Díaz fulmine a los anteriores presidentes autonómicos, Chaves y Griñán, imputados en casos de corrupción.  Una opción que considero improbable, porque sería como reconocer que la cabeza del PSOE-A y el gobierno andaluz ha sido partícipe de esa brutal corrupción que, si solo hablamos de cifras, deja de momento a los chanchullos del PP como simples raterías de mercadillo.

Izquierda Unida pasa a ser, prácticamente,, un cero a la izquierda. ¿Pero, y el Partido Popular?

Es el que más curiosidad me provoca. ¿Hará efectivo un apoyo, aunque solo sea de investidura para la presidenta socialista, que demostraría a todos que el PPSOE es una realidad y que su interés primordial es mantener sus parcelas de poder frente a los nuevos partidos que ya se presentan como alternativas a tener en cuenta?


En breves semanas se abrirá el telón y comenzará la representación. Esta vez con nuevos actores. Pero está por ver si el argumento aportará muchas o pocas novedades. No descartemos que Susana Díaz decida aprovechas la debilidad de la codicia humana y “tiente” a algunos Ciudadanos o a otros Podemos con consejerías bien pagadas en un gobierno de coalición. 
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¿Pactos de gobierno tras las elecciones andaluzas?

Si los últimos estudios del CIS van bien encaminados, el PSOE ganaría las elecciones andaluzas sin llegar a conseguir la mayoría absoluta necesaria para gobernar en solitario.

La legislatura que finaliza en pocas semanas ha marcado la política interior andaluza con la etiqueta de la corrupción. La presidenta Susana Díaz no ha hecho prácticamente nada por limpiar su comunidad autónoma ni aliviarla del peso que supone esa imagen de corrupción institucional que cualquiera, tanto de dentro como de fuera, que se mueva lo suficiente por las instituciones y la vida empresarial andaluzas, puede conocer de primera mano.

Viéndolo desde ese aspecto, los acontecimientos de estos cuatro años han constatado que desgraciadamente, y como en otras comunidades, el expolio de las arcas públicas y de los recursos que deberían dedicarse al contribuyente, es el medio de vida de toda una clase política instalada en el mangoneo más absoluto, sin importar que Andalucía sufra una situación social que la coloca en los últimos puestos europeos en ciertos baremos, y desde hace ya muchas décadas.

El gobierno en coalición PSOE – IU no ha significado diferencias al respecto. Si algún ingenuo pensó que la entrada de Izquierda Unida pudo haber supuesto un aporte de honradez política en la gestión pública, no habrá tardado ni un par de semanas en comprobar lo contrario. IU tiene su propio saco de basura a la espalda, tanto en asuntos autonómicos como nacionales. Incluso alguno de los destacados miembros de esta formación ha resultado ser parte de la banda de trincones usuarios de las famosas “tarjetas Black” y consejeros de cajas de ahorros con sueldos de 100.000 a 200.000 € anuales. Con semejante fondo, ¿qué partido político puede exigir transparencia a otro?

Los EREs, la formación a desempleados, y el mal uso de otras subvenciones europeas son el exponente mediático de lo que una clase política, tan corrupta en cantidad que eclipsa por completo a quienes puedan estar en lo público por afán de servicio a la comunidad. Y las buenas palabras de la presidenta Susana Díaz al hacerse cargo del gobierno autonómico han quedado en nada, porque nada ha cambiado, si no es para oscurecer más aún el ambiente al saltar a los medios esos casos de latrocinio desmesurado que, estando en boca de muchos desde hacía años, prácticamente nadie, exceptuando honrosas y valientes excepciones, ha tenido el valor de sacar a la luz.

De modo que, si los datos de la última encuesta del CIS no están excesivamente errados, algún grupo político con representación suficiente en el parlamento andaluz, si es que el PSOE no quiere gobernar en minoría. Cosa esta que me parece harto improbable e imposible de llevar a cabo dado el panorama que se espera próximamente.

El PSOE obtendría, siempre según el CIS, 44 escaños (la mayoría absoluta se cifra en 55 sobre un total de 109). Izquierda Unida y el Partido Popular caerían en picado. IU  obtendría 4 o 5 y PP 34 (el PP andaluz llegó a conseguir 50, el mejor resultado de su historia, pero la coalición PSOE – IU le impidió llegar al gobierno) Ciudadanos alcanzaría 5 escaños y Podemos sería la gran revelación con 22 escaños, nada menos. UPyD no conseguiría un solo escaño.

Así las cosas, Susana Díaz pactaría con… ¿Podemos? ¿ Con PP?

En caso de que Podemos formase parte del gobierno, apoyando a uno de los dos partidos mayoritarios de esa casta que tanto dice aborrecer, tendríamos la oportunidad de comprobar los modos y capacidad de gobierno de un partido que, hasta entonces, solo ha podido demostrar su habilidad para la crítica.

Si el PSOE decide buscar el apoyo de los populares, tal cosa podría suponer el precedente para nuevos pactos en otras comunidades donde uno de ambos partidos mayoritarios pueda ver su status en peligro por el ascenso de Podemos.

¿Cómo reaccionarían los votantes de Podemos y PP ante esa nueva situación? ¿Apelarían los dirigentes de ambos partidos a la “responsabilidad democrática” y “necesidad de estabilidad” como excusa para unirse al enemigo que tanto detestan? ¿Dicha excusa sería bien acogida por sus respectivas bases?


Las miradas de todo el país estarán puestas sobre Andalucía el próximo 22 de marzo. De los resultados y sus consecuencias bien podrían depender las estrategias municipales, autonómicas y nacionales que los partidos se planteen para las elecciones a celebrar en toda España poco tiempo después, y el voto de quienes se acerquen a las urnas con el pensamiento puesto en sostener, o cambiar, la situación actual que estamos viviendo bien pudiera reafirmar el bipartidismo corrupto del “PPSOE” o la entrada de los partidos emergentes en los órganos de gobierno repartidos por toda la nación.
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Ciudadanos se afianza en las encuestas y se convierte en objetivo de sus rivales.

No me interesan en absoluto las candidaturas ni los programas electorales que puedan presentar PSOE, PP o IU. Llama mucho más mi atención lo que puedan hacer y decir los partidos emergentes.

Considero mucho más interesante, política, social y económicamente para la nación los movimientos y estrategias del resto de las formaciones.

Mientras UPyD trata de solventar su problema interno de disensión entre varias facciones, partidarias, más o menos, del personalismo de Rosa Díez, Ciudadanos se afianza en las encuestas y gana terreno entre simpatizantes de centro derecha y centro izquierda hartos de la corrupción, la inacción y la mediocridad del PP y PSOE, quienes han demostrado con creces que su máximo interés es conservar el poder como medio para preservar el medio de vida de sus castas corruptas.

El afianzamiento de Ciudadanos está provocando un fenómeno con el que, hasta hace unos meses, no contaban ni el Partido Popular ni Podemos.

Por un lado, el voto del miedo que el PP esperaba acaparar ante la llegada de la ultraizquierda tiene ahora otra opción. Si los planteamientos de Albert Rivera siguen en la misma dirección, muchos votantes del PP desengañados con Rajoy pensarán en Ciudadanos como una nueva alternativa de centro que pueda acomodarse mejor que UPyD a los antiguos programas electorales de Aznar.

Por otro, Podemos, ante la aparición de Ciudadanos como alternativa viable, tendrá que afinar sus mensajes, (y no vendría mal que algunos de esos mensajes fueran más realistas y menos demagogos) si aún pretende capturar votos de los centristas que no están dispuestos a repetir su confianza en los dos partidos mayoritarios, corruptos e inútiles para resolver problemas con eficacia.

Seguramente, los estrategas de Podemos ya habrán pensado en estas nuevas posibilidades. Aunque, de momento, lo único que se aprecia al respecto es la necesidad de sus dirigentes de meter a Ciudadanos en el mismo saco de basura con el que definen a los partidos mayoritarios.

Para ello, aludirán al “pasado ultraderechista” del Albert Rivera; lo que demostrará que la muchachada de Pablo Iglesias sigue estando bien surtida de la demagogia de la que han hecho gala hasta ahora.

Me sorprendió mucho, hace un par de meses, que alguien me sugiriese ser yo catastrofista por mis opiniones sobre Podemos. Me sorprendió porque no logro entender muy bien cómo se pueden defender las propuestas, sean o no más o menos radicales, de quienes han dado su apoyo y han obtenido cierto tipo de beneficios de dictaduras feroces como la venezolana. Me sorprende que en España haya personas siempre prestas a aborrecer los desmanes de la ultraderecha, cosa que me parece no solo aconsejable; también loable, pero que ante los desmanes de la ultraizquierda se muestren más o menos “tolerantes”. Me sorprende que no se analicen bien las raíces de las propuestas políticas, o que se quite importancia a propuestas abiertamente totalitarias.


En cualquier caso, creo que tanto el PPSOE como Podemos tienen un nuevo problema con el que no contaban. Hay un nuevo tipo en la ciudad, como dijo un personaje de película. Y por el bien de la democracia en España, y por la necesidad de alternativas asumibles para esa democracia, espero que ese nuevo tipo haya llegado para quedarse.
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Rajoy y Sánchez ganan y pierden el debate sobre el estado de la nación

La prensa no se pone de acuerdo. Para unos, Rajoy aplastó a Sánchez en el debate sobre el estado de la nación. Para otros, Sánchez demostró que puede ser alternativa a Rajoy. Y lo mismo sucede en otros medios de comunicación. En radio y televisión cada uno favorece a su preferido, desde los informativos a las tertulias.

Caso aparte, pero dentro también del mismo circo político, es el numerito de Podemos, con su líder Pablo Iglesias dirigiéndose al presidente Rajoy como si estuviera dentro del hemiciclo, participando del debate.

En mi opinión, el discurso de Iglesias no dejó de ser otra payasada mediática dirigida a contentar a sus incondicionales. Mezcló críticas constructivas con populismo de manual y añadió unas briznas de victimismo social del estilo de “nosotros tendríamos que haber estado en el debate”. Pues no, Sr. Iglesias. Usted no pertenece a ninguna formación política electa. De modo que no tiene por qué estar en ese debate.

Rajoy presumió de haber encarrilado el país en la buena dirección para salir de esta brutal crisis. Los medios afines al PP llevan dos meses hablando de los buenos resultados que parecen verse en el horizonte. Un horizonte que la gente de a pie aún no ve. Sánchez contestó con el pesimismo conveniente a un partido de oposición, y no aportó soluciones concretas que puedan ser vistas con esperanza por una mayoría de ciudadanos. Ninguno de ellos hizo verdadero hincapié en la corrupción generalizada de la política y de sus ramificaciones en instituciones y demás ámbitos públicos. Y si lo hubieran hecho (dejando al margen algún pequeño escarceo ocurrido durante la sesión) tampoco hubiera sido creíble. Hoy ya es bien patente, y desde hace tiempo, que esta legislatura ha sido la tercera del zapaterismo y que el bipartidismo en realidad no existe; que es una gran patraña que trata de disimular, sin apenas conseguirlo, que el PPSOE existe como partido único y monolítico.

Particularmente, los resúmenes del debate que he visto estos dos días me han parecido lamentables. En resumen, no he visto otra cosa que un presidente de gobierno que ha mentido y estrujado a sus votantes y un líder de la oposición socialista que olvida que su propio partido, con el nefasto José Luis Rodríguez Zapatero al frente, fue el gestor que se negó durante años a reconocer la existencia de una crisis rampante, y que se rodeó de un equipo de incapaces para formar uno de los gobiernos más absurdos (pero bien colocados a posteriori) de la historia de España.


Como anécdota, me quedo con la despedida del independentista catalán y su “nos veremos en la ONU” (extraño afán por lo internacional y las embajadas mientras el president de la generalitat continúa con su política de recortes en sanidad) y la afición de la verbalmente incontinente Celia Villalobos por el Candy Crush en su puesto de excelentemente bien remunerado trabajo. Sin comentarios. 
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Política y mercado

En Libre Mercado, por Carlos Rodríguez Braun.


Beatriz Talegón, secretaria general de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas, publicó en EPlural un interesante artículo titulado "Deslegitimar la política es la política de mercado". Denuncia una siniestra campaña de "deslegitimación de la democracia" y advierte:
¿Qué pasaría si nadie participase en política? Sencillo: la especulación, el libre mercado se encontrarían en su hábitat ideal.
Ante ese temible escenario que aspira a "terminar con los derechos colectivos" mediante la manipulaciones de los medios, "que también responden en la mayoría de los casos al interés del mercado, donde el que paga, manda", doña Beatriz nos invita a defender la libertad, que define así:
La libertad de elección que se fundamenta en la igualdad de oportunidades, fruto de pactos sociales donde el Estado, a través de las normas nacidas de un poder legislativo elegido por la ciudadanía, debe garantizar por encima de todo el bienestar de sus ciudadanos.

Tiene mucho talento la destacada política socialista para resumir dos importantes facetas del totalitarismo.
Primera, la paranoia. Estamos perseguidos por unos malvados, que son los mercados. Cualquier régimen despótico que usted pueda imaginar ha cultivado siempre el temor a un extraño y temible invasor. El objetivo es paralizar al ciudadano y prepararlo para que acepte mayores dosis de coacción, que, después de todo, deberá saludar porque son la mejor alternativa frente a ese tremendo enemigo. A ese objetivo colabora la clásica desvalorización de la persona libre, que en realidad está manipulada por los medios, lo que es una razón de más para que no se resista a la coacción política y legislativa.
Segunda, la mentira. El mercado es privado de su característica principal, que es la libertad; en efecto, según la señora Talegón, el mercado, que es donde podemos elegir qué hacer con nuestra propiedad, es un sitio espantoso donde prima la "especulación". La mejor alternativa, asegura, es la "democracia", donde las elecciones colectivas se imponen a los derechos individuales. De ahí que no diga ni una palabra de esos derechos, como si no existieran, y sólo subraye el peligro que se cierne sobre los derechos "colectivos".
La colectivización y negación de la elección individual ha sido siempre disfrazada por los totalitarios apelando a la democracia: recordemos, cuando había dos Alemanias, cómo se llamaba la Alemania donde los ciudadanos no podían elegir. La imposición política es siempre ocultada transfiriéndole sus defectos a la alternativa. Veamos cómo define doña Beatriz esa alternativa espeluznante: "El mercado, donde el que paga, manda".
Todo el mundo entiende esto: el que paga, manda. Lo inteligente del mensaje antiliberal es, como siempre, el escamoteo de su alternativa. ¿En el mercado, el que paga, manda? ¿Y qué pasa cuando no hay mercado? Según la retórica antiliberal, parece como si, en ausencia del perverso mercado, no mandara nadie. Ese el truco: ocultar la realidad de la política, que ha crecido precisamente a expensas del mercado y los derechos de los ciudadanos, y donde la coacción está siempre presente, y es paradójicamente saludada cuando es lo contrario del mercado. En el mercado el que paga, manda. En el Estado, el que cobra, manda.
La idolatría de la coerción se corona cuando sus propiciadores o ejecutores alegan que lo que hacen no es mandar, no es coaccionar, no es imponer. Lo que hacen es lo contrario: ellos representan la libertad, nada menos. Obviamente, para colocar una mercancía tan averiada hay que desfigurarla, y ese es el final del artículo, que asegura que la libertad no es un derecho de cada uno de nosotros, sino que depende totalmente de la política: nuestro único papel es votar, y nada más. Benjamín Constant llamaba a eso la libertad de los antiguos, y defendía, en cambio, la de los modernos, que no estriba en participar en la política sino en que la política no usurpe los derechos individuales.
Doña Beatriz Talegón está enraizada en la antigüedad: el ciudadano participa, pero su libertad no trasciende esa participación, porque depende de la igualdad, no la igualdad ante la ley, sino la igualdad mediante la ley, la llamada "igualdad de oportunidades" que, por supuesto, es sólo comprensible como igualdad de resultados impuesta por el poder.
Para que quede más claro, doña Beatriz va y lo dice: su libertad sólo es "fruto de pactos sociales". Obviamente, si su libertad de usted no es suya sino fruto de un pacto social, otro pacto social se la puede arrebatar. Y se la arrebatará con tanta más facilidad si el Estado no debe proteger su libertad sino, como concluye doña Beatriz de manera impecable, su "bienestar".
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MUERE MARGARET THATCHER. Resumen de prensa digital.

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ELECCIONES USA 2012 UN DÍA DESPUÉS.


Javier Melvin escribe en su blog “La Voz Liberal” el mejor análisis post electoral sobre los resultados de las elecciones USA que he podido leer en la blogesfera. Recomiendo su lectura aquí.


Además, incluyo seguidamente el artículo de Rafaél Rubio en Libertad Digital:

Voto latino: "ultimátum y aviso a navegantes"


Cuando Barack Obama ganó las elecciones de 2008, fue tal la impresión causada dentro y fuera de Estados Unidos, que algunos teóricos se apresuraron a anunciar un cambio duradero en el panorama electoral norteamericano. Los motivos eran fundamentalmente demográficos, singularmente el peso de jóvenes y latinos en el censo electoral.
Esta teoría pareció debilitarse en las midterm elections de 2010, cuando, frente a este tipo de vaticinios, el Partido Republicano recuperaba el control del Congreso y amenazaba seriamente la mayoría demócrata en el Senado. Y parecía tambalearse definitivamente cuando, tras su comentada actuación en el primer debate presidencial, donde logró romper los estereotipos firmemente creados por la campaña de Obama, Mitt Romney se puso en cabeza en las encuestas, manteniendo el liderazgo prácticamente hasta las últimas 72 horas. El huracán Sandy, que monopolizó la agenda de los medios, dando toneladas de publicidad gratuita al presidente Obama, y una impresionante maquinaria política, creada en 2008 y que había mantenido un perfil bajo desde entonces pero que en ese momento entró en acción de manera contundente, se encargaron de devolver las cosas a su sitio.
Hoy, las imprescindibles encuestas a pie de urna ponen de manifiesto que, si probablemente esos autores se precipitaron en 2008, en 2012 la teoría amenaza hacerse realidad.
Echando un vistazo al panorama electoral, podemos afirmar que es muy probable que Barack Obama no hubiera sido reelegido sin el histórico resultado que ha obtenido entre los votantes latinos en estados como Colorado, Nuevo México, Nevada, Ohio, Pensilvania e incluso Florida (excepción hecha de los cubanoamericanos).
Al tratarse de estados decisivos, la situación marca una tendencia que no tiene marcha atrás. No se trata sólo de un aumento del número: los hispanos son ya más de 50 millones –el 16,3% de la población, según el censo de 2010–, sino que ha aumentado su implicación en la política (registro electoral, donaciones, voluntariado y, finalmente, votación). Se trata de una manifestación inequívoca de un fenómeno que resulta determinante: el porcentaje de hispanos registrados para votar se mueve entre el 50 y el 90%, y en algunos lugares incluso supera al de votantes blancos registrados.
Todavía es muy pronto para acertar con los porcentajes de voto segmentado, pero todas las encuestas a pie de urna parecen indicar que los latinos registrados acudieron masivamente a las urnas y se decantaron masivamente por Obama, en unos porcentajes sólo igualados por Bill Clinton en 1996 (76%).
Aunque no hay duda de que los republicanos han invertido más dinero que nunca en tratar de atraerse el voto latino, las causas son mucho más profundas y tienen que ver con aspectos tácticos como la tardanza en poner en marcha la campaña latina, el miedo a la desmovilización de su electorado WASP y, sobre todo, la actitud de determinados republicanos, tanto en las primarias como en varias elecciones locales, de los que Romney no quiso distanciarse. Cuando lo intentó, ya con la nominación en la mano, era demasiado tarde.
Frente a lo que a veces se piensa, no es un problema del Tea Party (dos de cuyos miembros con más proyección son latinos: Ted Cruz y Marco Rubio) ni de programa electoral, o de medidas concretas (sin ir más lejos, McCain, que no consiguió sino un 31% del voto latino, había tratado de liderar la reforma migratoria desde el Senado); se trata fundamentalmente de una retórica que desde 2006 ha superado el discurso del control de la inmigración para caer en la agresión verbal, demagógica, gratuita y violenta, que ha hecho olvidar el eficaz trabajo que el maestro Lionel Sosa y su discípulo Cesar Martínez desarrollaron para Ronald Reagan y George W. Bush, y que lograron que un porcentaje de latinos superior al 40% se identificara con los valores conservadores del Partido Republicano, que tan bien deberían encajar en personas que se dejan la vida no solo por llegar sino por salir adelante, y que en ese salir adelantetiran habitualmente de dos países, el de origen y el de acogida.
Los republicanos no tendrán muchas más oportunidades, y pueden perder este voto para siempre. No basta por promover a sus líderes latinos a nivel nacional (algo que ya intentaron sin éxito con el senador Mel Martínez), ni con invertir más dinero en el público latino durante las elecciones: necesitan tener una posición clara, firme, y un discurso que deje a un lado la demagogia.
Se trata de una lección, prácticamente de un ultimátum, no sólo para los republicanos norteamericanos, sino para algunos que, en nuestro país, se agarran a planteamientos tácticos y de trazo grueso que estratégicamente están condenados a resultar contraproducentes. Bien harían en tomar nota.
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