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Si nada lo impide, De Juana Chaos saldrá libre a la calle, porque la justicia entiende que este asesino ha pagado suficientemente por veinticinco vidas que arrebató cruelmente durante los cuatro años que estuvo actuando como miembro del comando Madrid.

Antes de escribir, he visitado varios diarios digitales donde el lector tiene la posibilidad de añadir comentarios a las noticias.
La totalidad de las opiniones ronda alrededor de la misma idea: la pena de cadena perpetua para delitos de terrorismo. Cierto es que alguno, con palabras más o menos exaltadas, hablaba de pena de muerte; pero el parecer general opina que no sería mala cosa tener en cuenta la posibilidad de que un sanguinario de este tipo tuviera que permanecer en la cárcel –y sin privilegios especiales– durante el resto de su vida.
La totalidad de las opiniones ronda alrededor de la misma idea: la pena de cadena perpetua para delitos de terrorismo. Cierto es que alguno, con palabras más o menos exaltadas, hablaba de pena de muerte; pero el parecer general opina que no sería mala cosa tener en cuenta la posibilidad de que un sanguinario de este tipo tuviera que permanecer en la cárcel –y sin privilegios especiales– durante el resto de su vida.
Y ha sido leyendo todas estas opiniones de los lectores, cuando he pensado que esto si es un verdadero clamor popular. Y por comparación, he recordado las oportunas declaraciones de Pepe Blanco, distrayendo a los ciudadanos hace tan solo tres semanas, en las que alentaba la reforma de ciertas leyes por causa del supuesto clamor popular que él advertía en las calles (como si estuviera mucho tiempo en ellas).
Yo les diría a los gobernantes, a la oposición, y también a los medios agitadores teledirigidos por ciertos políticos que lo que se vive desde hace tiempo en las calles, cuando todos pensamos en De Juana, sí es un verdadero clamor popular.
Son situaciones como la que veremos mañana en todos los canales de TV, las que hacen perder la fe en la justicia, en la clase política y en los gobernantes.
En las pocas ocasiones en las que he oído a algún comentarista de radio pedir la implantación de confinamiento perpetuo, o, cuando menos, el cumplimiento completo de las penas de miles de años que se imponen para no ser cumplidas, he oído aberrantes opiniones de más de uno clamando al cielo por la práctica de tales ideas "fascistas". Los defensores a ultranza de la teoría los centros penitenciarios como centros de reinserción de presos confunden a menudo lo que significa dedicar el esfuerzo de reinsertar a quien ha cometido delitos menores con tener entre algodones a quienes son absolutos peligros para la sociedad por sus asesinatos, violaciones y agresiones continuadas, por poner algunos ejemplos. ¿Cuántas veces hemos tenido que ver en los medios como un violador reincidente accede a permisos penitenciarios, o sale libre al cabo de unos años, y reincide al poco tiempo?
De Juana muestra el cinismo de este tipo de delincuentes. Declara que se siente presionado por los medios. A partir de mañana podemos esperar una nueva campaña de victimismo del asesino, quejándose de la persecución de los medios, de los insultos de las víctimas y de todo lo que se le ocurra. Y cuando los ánimos de este pueblo español, tan pronto para olvidar lo que no se debe olvidar nunca, estén más tranquilos, el PNV se unirá a los radicales vascos para recordar a los españolistas que De Juana merece tranquilidad, porque ya ha pagado su deuda con la sociedad.
Mañana De Juana será la vedette de los noticieros. La indignación general durará poco, porque si se extiende demasiado en el tiempo, aparecerá Aído, o Pajín, o Blanco, o cualquier vocero del equipo mediático del gobierno de Zapatero, para distraer al público con cualquier polémica.