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El historiador romano
Cayo Salustio Crispo (86 a. C. – 34 a. C.) citó en una ocasión: “Solo unos
pocos prefieren la Libertad. La mayoría de los hombres no busca más que buenos
amos”.
Hay cosas que nunca
cambian, y esta frase, dicha hace más de veinte siglos, no ha dejado de ser
actual un solo día desde entonces… ni un solo día antes de ser dicha desde el
inicio de la civilización.
En muchas ocasiones
tenemos la tendencia a culpar a dictadores, tiranos, políticos supuestamente
demócratas con mayorías absolutas, coaliciones creadas para conseguir un
gobierno… por restringir nuestras libertades; pero ¿no somos nosotros también
culpables por vender nuestra propia libertad por un poco de seguridad, por no
tener que hacer frente a más responsabilidades, o simplemente por no
enfrentarnos al poder establecido?
Los gobernantes, y las
élites que les dirigen para gobernarnos a todos, conocen sobradamente las
debilidades y comportamientos de la sociedad. Tienen experiencia de muchos
siglos en eso. Ellos saben que condicionar a los individuos para que éstos no
se planteen ejercer sus derechos a base de asumir responsabilidades es un
método que funciona. Los gobernantes saben que los individuos, cuando son menos
inteligentes, menos formados, menos ricos y menos emprendedores, son mucho más
fáciles de dirigir y de ser usados para el beneficio de unos pocos.
Hace ya muchas décadas
que la política es sinónimo de enfrentamiento permanente. En España, pero
también en cualquier otro país, el panorama político diario lo forma una escasa
minoría de propuestas útiles para los ciudadanos (y en muchas ocasiones existe
una ausencia total de tales propuestas) y una gran mayoría del ingrediente
principal consistente en la búsqueda de la contención, y por tanto en la falta
total de entendimiento, entre las diferentes opciones políticas y sociales que
conforman la vida de cada país. Nunca antes en la historia el “divide y
vencerás” fue tan absolutamente presente y cotidiano en nuestras vidas. Y los
gobernantes, y las élites por encima de ellos, son muy conscientes de que
cuando los individuos están cegados en destruir, son incapaces de construir.
Precisamente por esto ya no existe casi ningún político de “raza”, culto,
preparado y comprometido con ciertos valores. Lo que nos presentan en los
últimos tiempos es un perfil de político corrupto, inculto, falsario e
hipócrita.
Al ser humano común le
asusta la Libertad, en parte porque, en unos países más que en otros, ha sido
condicionado desde su nacimiento para que crea que existe un ente supremo,
benévolo y obsequioso, llamado Estado, que cuidará de él y le facilitará la
vida hasta, en no pocos casos, hacer de ese mismo ser humano un ser de poca
iniciativa, de aún menos criterio propio, y de una obediencia a tal o cual
color político (que nos es más que una parte del sistema) que le llevará una y
otra vez a votarle, sin importar los resultados de la gestión que esa opción
política haya podido hacer. Por tanto, el propio individuo que asume esas
limitaciones impuestas, asume también que el Estado cuidará de el y le proveerá
en todo lo necesario. Será un individuo parásito y subvencionado.
Cuando toda una sociedad
está abducida por esa gran comedia liberticida que los gobernantes ponen ante
la ciudadanía, las escasas opciones políticas y sociales que claman en favor de
la libertad, la responsabilidad y el mérito personal, pueden ser más fácilmente
tachadas de “antisociales”, “insolidarias” e incluso de “fascistas”. En algunos
casos, quien así se expresa no es más que un estúpido que basa su preparación y
cultura en consignas de barricada, en televisión basura, y en una ignorancia
grande como un océano. Pero también hay quienes descalifican a quienes defendemos
la libertad porque saben muy bien que un individuo que trata de ser libre no
quiere pertenecer a ninguna tribu subvencionada por ningún poder.
Frente a la búsqueda de
la libertad y la independencia, el mayor obstáculo suele ser el miedo. Miedo a
la responsabilidad. Miedo al compromiso. Miedo a perder seguridad y comodidad. Por
poner un ejemplo claro, yo he encontrado muy poca gente en Europa dispuesta a
que el Estado le quite el 10% - 20% de sus ingresos y ellos mismos inviertan su
propio dinero en seguros médicos y otras coberturas. La gran mayoría prefieren
que la gran maquinaria estatal siga robándoles legalmente el 40-50% de sus
ganancias mensuales (además de los impuestos indirectos al consumo) a cambio de
que cada uno pueda hacer uso y abuso de unos servicios públicos deficitarios en
su mayoría, precisamente porque buena parte de lo recaudado no se invierte en
la ciudadanía, sino que se pierde en la gran corrupción. En resumen; la mayoría
prefiere ser saqueada, a cambio de no ser importunada.
¿Cómo podríamos comenzar
a enseñar el ideario de la Libertad? Seguramente el mejor modo de hacerlo es
hacer pedagogía sin dogmatismo. Pedagogía que compare las causas y las
consecuencias de la falta de libertades frente al progreso que la presencia de
libertad puede garantizar a una sociedad.
Libertad.org, en
colaboración con la Fundación Vernon K. Krieble, propone una iniciativa llamada
“Cristal de la Libertad”, en la que una serie de audios de un minuto de
duración cada uno invitan a reflexionar sobre la Libertad y la responsabilidad
que ella conlleva, y lo apropiado que sería que las nuevas generaciones
dedicasen algo de su tiempo a reflexionar sobre las cuestiones que se proponen
en dichos audios. Aunque tal iniciativa está dirigida a norteamericanos de
habla hispana, bien podríamos tomar ejemplo de este modo de hacer y contribuir
en nuestras naciones.
Escuchar audios en Cristal de la Libertad
“La libertad, Sancho, es uno de los más
preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden
igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por
la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio
es el mayor mal que puede venir a los hombres” – Don Quijote de la Mancha. Capítulo LVIII. - Miguel de Cervantes.