UNA REFLEXION NECESARIA


Uno de los vicios más marcados de la sociedad española es la facilidad del común de sus ciudadanos para caer en el extremismo o en la indiferencia. Cosa que me preocupa, porque denota la falta de criterio de muchos individuos para analizar un problema y, posteriormente, sugerir soluciones posibles.

Los medios de comunicación tendenciosos, los que procuran dirigir antes que informar, se nutren de esta clase de lectores, que son los que más sencillamente caen en la trampa de dejarse guiar sin necesidad de molestarse en pensar.

Durante estos pasados días han sido violadas varias menores de edad. Parece que se haya declarado una epidemia de mal nacidos sueltos. Chicos muy jóvenes, algunos incluso menores de 14 anos, actuando en pandilla. Los medios han dado a estos hechos alcance nacional. Como suele suceder, la opinión pública y la clase política se han movido en direcciones diferentes.

La mayoría de los dirigentes han vuelto a decidir que no les parece adecuado reaccionar en caliente para modificar una ley que deja desprotegidas a las victimas y sin castigo a los agresores, pero una buena parte de la sociedad si esta por la labor de endurecer la ley cuanto antes.

Sin embargo, no deja de llamar mi atención la gran cantidad de comentarios de lectores, en diferentes diarios, que culpan a los padres de las maldades que puedan hacer sus hijos.

Estoy de acuerdo en que se ha perdido mucho de la educación de los hijos en el hogar, precisamente porque el hogar y la familia, tal y como lo conocíamos, esta en trance de desaparecer.

Por un lado, la nueva generación de padres, en conjunto, ha resultado ser bastante irresponsable en lo referido a educación de los hijos. Ya sea por las exigencias laborales, o por los antecedentes de su adolescencia en los 80, aquella década prodigiosa en la que nuestros políticos, decididos a borrar todo vestigio social del franquismo, derrumbaron también un aparato educativo del que solo hubiera sido necesario cambiar los tintes ideológicos, dejando intacto, o mejorándolo, el sistema que primaba el esfuerzo y los resultados obtenidos. En lugar de eso, los gobiernos de los 80 eliminaron el principio de autoridad de las aulas. La consecuencia inmediata fue el aumento anual, en progresión geométrica, de la violencia escolar, el absentismo y los suspensos.

Los Padres cómodos, despreocupados, o indiferentes, han dejado la educación de sus hijos en manos de la televisión que, hoy por hoy y desde hace muchos años, es el medio más hipócrita que existe. Lo soez es lo habitual en muchos programas de “entretenimiento”. Las series infantiles y juveniles, sobre todo las de animación, llevan décadas enseñando y recreándose en la violencia, en la sugerencia del sexo y en la rebelión contra la figura familiar, paterna y de autoridad. Las tardes, antes tradicionalmente reservadas para el horario infantil, son un vivero de programas demoledores para la conciencia y la apreciación de los niños. Debates de verdaderos anormales discutiendo sobre quién ha tenido más relaciones sexuales con quién y periodistas de la basura persiguiendo a famosos que viven de ser perseguidos. El pasado viernes vi unos minutos de un programa en el que el presentador, por supuesto homosexual e intocable al respecto, incapaz de hablar dos minutos seguidos sin hacer alguna referencia sexual (obsesiones existen de todo tipo) reñía a un colaborador por haber dicho una palabra mal sonante en horario infantil. Sin transición, se volvió hacia una buscona, famosa por ser nada más que eso, una buscona, no por otra cosa, y le preguntó cómo llevaba depiladas sus partes íntimas. Esto es la tónica habitual de las tardes de muchos canales generales de la televisión española, plagados de presentadores y colaboradores anormales y moralmente tarados.

Pero, ante este panorama deprimente, quiero defender a otro tipo de padres. Son aquellos que, en la medida de sus posibilidades, procuran educar a sus hijos en principios correctos. Esto supone una batalla diaria que no siempre se gana. Fiscalía de Menores está llena de casos de menores y jóvenes denunciados que han tenido buenos padres. No debemos olvidar que los hijos, cuando salen de sus casas para dirigirse al colegio o salir con sus amigos, están expuestos a la peor de las influencias posibles. La influencia de una sociedad que pretende tratar a los menores como nuevo nicho de mercado y a quienes bombardea, desde sus anuncios, con la idea de que un muchacho es poco menos que nada si no tiene su propio teléfono celular y su consola de juegos último modelo. Fomentar el consumismo entre los más jóvenes trae consecuencias que no todos los padres alcanzan a ver. Regalar un televisor a un hijo e instalárselo en su habitación es el peor enemigo para la convivencia familiar. Es el mejor modo de romper el dialogo entre padres e hijos, fomentar la pereza del niño y poner a su alcance el mundo de pornografía y juego que existe en las programaciones nocturnas.

Frente a quienes opinan que mis argumentos (que son los de mucha gente) no son más que paranoias catastrofistas, yo siempre pongo el ejemplo de las estadísticas ofrecidas por la policía, los juzgados, los hospitales, los centros de rehabilitación de toxicomanías y los centros de enseñanza. Quien no quiere aceptar la realidad tiene un serio problema, o quizás un gran interés en que todo esto suceda. Pero el hecho incontestable es que el aumento de agresiones, violaciones, delitos cometidos, fracaso escolar, consumo de drogas y alcohol y escasez o ausencia de valores entre nuestros niños, adolescentes y jóvenes es alarmante desde hace muchos años. En contrapartida, Los políticos ofrecen soluciones tales como el crear asignaturas de adoctrinamiento ético, político e inductor de tendencias sexuales.

Quienes mueven los hilos saben que desestructurar los hogares es el mejor modo de conseguir una sociedad compuesta por individuos moral y éticamente inanes, consumistas y sin criterio ni pensamiento social ni político. Las familias son su enemigo a batir, por ser estas dónde el individuo puede aprender los principios y fundamentos correctos que le ayudarán a conducirse en el futuro. Y la mejor estrategia para derribar a la familia no es atacarla de frente. Es más efectivo, como se ha demostrado ya, ofrecer alternativas presentadas con una aureola de libertad y solidaridad con supuestas soluciones de muy corto recorrido.

Desgraciadamente, esta misma sociedad, de la que tan orgullosos se sienten algunos, y que también va camino de ser la mayor enemiga de los niños no nacidos, ignora y niega su apoyo a padres y familias. Para que un matrimonio español pudiera contar con las mismas ayudas oficiales que otro de Luxemburgo, el primero debería tener 118 hijos.
Este es el mundo en el que se desenvuelven los padres que luchan por la educación y edificación de sus hijos. Los buenos frutos nunca están garantizados. El niño, conforme crece, desarrolla su personalidad y gustos y preferencias. Es su propio libre albedrío el que le conducirá por el camino que desee tomar en la vida. Si dicho libre albedrío ha sido cultivado con los principios adecuados, el individuo tendrá más posibilidades de éxito y de corregir sus propios errores. Pero, ante la ausencia de tales principios, el fracaso es prácticamente seguro. Tal cosa no es una opinión, ni una apreciación. Es la realidad palpable que tenemos a nuestro alcance a diario, en la portada de un diario o en la pantalla del televisor.

Yo expreso todo mi apoyo a padres y educadores que aún creen que la mejor educación para nuestras nuevas generaciones debe basarse en el estudio, la acción, el esfuerzo, la búsqueda de la excelencia, el respeto al ser humano, el sostenimiento de leyes correctas, el fomento de la moral y la ética, la practica de la verdadera solidaridad y la comprensión de que toda mala acción conlleva una consecuencia y una responsabilidad pendiente.


4 comentarios:

Lino dijo...

Las opiniones son solo opiniones, sujetas a la subjetividad, pero las tuyas son de las de ese tipo que invita a la reflexión y estimula la critica, y ayuda enormemente a formar la propia.

Enhorabuena por el artículo.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Mi más sicnera enhorabuena por este magnífico post que nos has ofrecido Mike. Como dice Lino, invita a la reflexión serena pero firme.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Con su permiso, copiaré el artículo, citando la fuente. Quiero leerlo a mis alumnos y a sus padres en una activiadd que tendremos en el Instituto próximamente, iniciando el nuevo curso.

Es esperanzador encotrar opiniones como la suya en la red.

Saludos.

Manuel dijo...

Me quita un peso de encima, aún hay gente que piensa como yo.
Fantastico blog.