20.9.18


La casta gobernante lo ha vuelto a hacer. Nos ha colado en Moncloa a otro espantapájaros cuya única misión es dejar hacer a los que verdaderamente dirigen la nación, o lo que queda de ella.


Estábamos avisados. Pedro Sánchez es un producto idéntico al expresidente Zapatero. Una de las escasas diferencias que hay entre ambos es que el segundo, el que ocupa ahora a presidencia del Gobierno con el apoyo de los más indeseables, no ha llegado al puesto gracias al pánico desatado por ningún terrible atentado terrorista. No han hecho falta 200 muertos ni miles de heridos. Ni ensayos de movilización social promovidos por el PSOE a la sombra de ningún desastre ecológico.

No. Para poner a Sánchez en Moncloa solo hemos tenido que pasar una legislatura y media  de vergüenza, indignación y decepción (provocadas por la inacción del presidente Rajoy y la acción de Soraya y sus secuaces), que a su vez fue precedida por otras dos legislaturas de un presidente Zapatero que llegó al poder con una misión bien concreta: romper la convivencia social en España y potenciar todas las estrategias e ideologías que puedan promover el enfrentamiento civil como clima ideal para lograr un cambio social sin precedentes.

Sánchez fue fabricado en el laboratorio socialista de iconos políticos. En realidad, ninguno les sale bien. Me refiero a que ninguno es aprovechable para la sociedad. Ninguno ha sido beneficioso para España en ningún aspecto. Ninguno les sale bien, pero funcionan como un tiro. Arrastran masas, repiten consignas progres que calan en la ciudadanía lanar, y provocan enormes daños sin tener que responder luego por las consecuencias.

Así, Pedro Sánchez fue ideado por otro socialista indecente que terminó aparcado en el parlamento europeo debido a sus chanchullos. El inefable Pepíño Blanco, exministro de Fomento en la era ZP, incapaz en su vida académica, pero muy avispado a la hora de trepar y pisar cabezas, detestado por una parte del Partido Socialista que abominaba de mediocres y que contemplaba impotente cómo la rosa y el puño se hundían año tras año en las encuestas para no volver a recuperarse jamás.

El actual presidente de Gobierno es el heredero de aquella generación vergonzosa de políticos que nunca demostraron otras capacidades que la facilidad para la intriga y la abundancia de políticas sectarias. Los mencionados Zapatero y Pepiño Blanco, además de los entonces ministros Bermejo, Solbes, Pajín, Aído, Sebastián, Rubalcaba… y algunos más que conformaban un gobierno más parecido al camarote de los hermanos Marx.

A Pedro Sánchez lo inventaron ellos y sus asesores. Un chico bien parecido y con labia que podía recordar a los votantes lanares la ya desgastada figura de un Rodríguez Zapatero pero con las mejoras de una segunda versión. Físicamente más alto, con un tono de voz estudiado que trata disimular la ausencia real de contenido. Podía funcionar. Había que revestirlo de la intelectualidad que le faltaba a Zapatero. De modo que le inventaron un pasado académico atractivo que, muchos lo dijimos hace tiempo, no cuadraba con la realidad del personaje.

Hoy, hasta el diario El País siervo y a la vez amo de la izquierda, que durante días se ha negado a reconocer el fraude que supone el doctorado, la tésis y el libro de Pedro Sánchez, ha reconocido la existencia de plagio. Durante los pasados días, OK Diario, ABC y El Mundo han desenmascarado minuciosamente la farsa doctoral urdida en torno al inepto presidente, mientras los medios más acólitos al PSOE y Podemos han ignorado el asunto, o bien han atacado a los periodistas que han publicado los documentos que demuestran no solo los plagios cometidos por Sánchez y su entorno; también la ausencia de ética y moral de ciertos estamentos universitarios gobernados por amigos de políticos y docentes sin méritos y preparación para ocupar tales puestos.

Pedro Sánchez debió creerse su papel de líder inmaculado, porque llamó “indecente” con todo convencimiento al anterior, y también nefasto, presidente Rajoy, y se permitía, desde su escaño en la oposición, emitir juicios sobre la honorabilidad de otros diputados con la misma facilidad con la que cambiaba de opinión sobre asuntos de estado cruciales. Ahora, con su farsa, que es la de todo su círculo de poder, al descubierto, amenaza a referidos medios con una querella que no llega, ni llegará, y trata de desviar la atención, socorrido por sus ministros ,tratando de levantar cortinas de humo tales como una reforma constitucional ad hoc y una exhumación de Franco que acabará por parecerse más a un sainete que a una pretendida  reparación moral.

Todo lo que fabricaron y presentaron en nombre de Pedro Sánchez para hacer de él el gran mesías del PSOE es una gran chapuza. Por plagiar, han plagiado hasta todas y cada una de las faltas de ortografía de algunos documentos que han pretendido mostrar como autoría de Sánchez.

Documentalmente demostrado está que Pedro Sánchez en un falsario. Por los hechos quedó absolutamente demostrado que Pedro Sánchez es un oportunista mentiroso que aseguró que jamás pactaría con quienes posteriormente pactó para llegar a ser presidente del Gobierno de España. En poco más de cien días el propio Pedro Sánchez demostró su incapacidad para formar un gobierno responsable. A diario Pedro Sánchez demuestra que es indigno de ser presidente de la nación. Y Mariano Rajoy demostró tener una cierta capacidad de profecía cuando comentó a sus más próximos, al día siguiente de su dimisión, que Pedro Sánchez le haría bueno a él. Y demostrando, demostrando, demostrado está una vez más que el PSOE, más que un partido, es una gran maquinaria de poder que jamás ha aportado a la historia de España nada que no sea fraude, intrigas y empobrecimiento; Y si nos remontamos al siglo pasado, crimen, y terrorismo. Aquí nada cambia, porque hay muchos interesados en que nada cambie.

PRENSA:




0 comentarios:

Publicar un comentario

Cualquiera es libre de opinar aquí. Pero quien opine será responsable de sus palabras.