Lo que no cambia.


Joaquín Costa clamó en varias ocasiones por la erradicación de uno de los lastres del carácter aragonés que mas daño había hecho hasta entonces y que, un siglo después, no parece haber desaparecido. Me refiero a ese fatalismo que se manifiesta constantemente al abordar nuestros problemas.

No quiero transmitir la idea de que estoy confundiendo crítica con fatalismo. Nada más lejos de mi modo de pensar. La crítica es tan necesaria – incluso cuando las cosas se hacen bien – que sin ella tendemos a acomodarnos, dejando de avanzar hacia donde deberíamos.

Me refiero al fatalismo que ejercemos tan bien en este país, y en particular en nuestra comunidad autónoma, a la hora de unir esfuerzos para una tarea común.

Me han preguntado ya muchas veces cual es mi posición en cuanto a la Expo 2008 de Zaragoza y, ahora que queda poco más de una semana para la inauguración , siento la necesidad de explicarme, para que valga también como declaración de intenciones con respecto al evento.

Por otra parte, no creo que sea ahora el momento de abrir aquí un foro de discusión sobre la conveniencia de la celebración o no de la Expo, porque eso sería hablar a toro pasado de algo que no tiene solución. Quede claro, sin embargo, que yo hubiera preferido que otras necesidades sociales y colectivas aragonesas hubieran sido mejor atendidas durante estos últimos años, pero también soy consciente que, al igual que Sevilla en el 92, Zaragoza se ha equipado por fin de algunas infraestructuras que, de otro modo, quizás no hubiéramos visto acometer aún en mucho tiempo y que hacían verdadera falta en esta ciudad.

No creo ni por un momento que, finalizada la Expo de Zaragoza, vaya a suceder lo mismo que pasó en Sevilla y que, por otra parte, era lo único que se podía esperar entonces.

La Expo 92 fue el colofón del plan de Felipe González para lanzar a Sevilla al panorama internacional, como quien lanza un cohete al espacio. Ingentes cantidades de dinero del estado, tal y como se hizo con los juegos olímpicos de Barcelona, se invirtieron para llevar a cabo dicho plan, que supuso un éxito internacional pero que, una vez cerradas las puertas, dejó la Isla de la Cartuja prácticamente como un desierto, cosa que, como dije antes, era lo que cabía esperar precisamente porque las condiciones geográficas de Sevilla eran las menos idóneas para que todo aquél complejo de pabellones e instalaciones tuviera una continuidad empresarial en el tiempo. Es decir; que – geográficamente, insisto – Sevilla estaba en medio de ninguna parte, a diferencia de Zaragoza, que esta en medio y equidistante de otros cuatro grandes centros industriales y de población españoles; lo que facilitará enormemente la movilidad de negocios para las empresas que, en esta Expo sí, han adquirido ya buena parte de las futuras oficinas y otras dependencias que se albergaran en el meandro de Ranillas, una vez finalice Expo 2008.

No voy a ser yo quien se sume a esa corriente pesimista con respecto a esta Expo aragonesa. No es lo que necesitamos ahora. No nos viene bien que tanta gente siga casi deseando que la apertura y posterior funcionamiento de este evento sean un fracaso, para que, de este modo, algunos puedan satisfacer su ego, demostrando al resto del género humano que este súper certamen no debería haberse celebrado nunca.

Se celebrará. Abrirá sus puertas. Y será inevitable que algún político-esponja (de esos que arderían durante veinte días si les incineraran), junto con algún presidente de comunidad autónoma de esos que no tiene palabra, porque incumple las bravuconadas de mítines pasados, o algún especulador urbanístico de los que compran por diez lo que luego venden por diez mil, se concederán así mismos el mérito absoluto del éxito de la Expo.

Desgraciadamente eso será parte del coste que habrá que pagar posteriormente. Pero, ya que tiene que llegar, deseo quedarme con la parte positiva; que la hay. Y quiero poner mi granito de arena para que eso ocurra. A mi casa vendrán amigos desde Florida, Utah, North Carolina, Barcelona y puede que desde Canarias. Y no pienso ponerme cerril ante ellos y despotricar de lo que esta mal hecho. Quiero vender una buena imagen, porque luego ellos llevarán esa imagen a sus casas. Además, sin pecar de ingenuo, quiero ser positivo. Es una lección que me dio hace unos años un amigo de Barcelona al que fui a buscar, en un mes de Enero, a esa gigantesca nevera con goteras que nos han puesto por estación ínter modal. Cuando Joan llegó al hall de la estación, me dijo asombrado:

“¡¡¡Vaya pedazo de estación que tenéis montada!!! Cuando esté acabada, ponéis unas cafeterías, unos cines y cosas por el estilo y a sacar pasta”

Y yo pensaba “Mira, igual que aquí; que nos dicen que fulanito ha montado un negocio nuevo y casi todos contestan… ya caerá, ya…”

Es ese pesimismo que no cambia. Que no nos hace ningún bien. Es un aspecto de los muchos que deberíamos cambiar para que, de una vez, nos creamos grandes y capaces.

6 comentarios:

María Perez Contreras dijo...

Por lo que he leído en tu blog desde hace tiempo, has vivido fuera de Aragón y eso te ha ayudado a ver algunas cosas con cierta perspectiva.

A mí me pasa lo mismo. Totalmente de acuerdo.

Natalia Pastor dijo...

No creo,Mike, que en Zaragoza pase lo que ocurrió en Sevilla, por que los caracteres de una ciudad y otra son muy distintos.
Aquí,la desidia,el mirarse el ombligo, el abandono, hicieron de Sevilla un parque temático de cartón piedra, que perdió su oportunidad histórica de engancharse a proyectos interesantes,I+D, desarrollo empresarial y creación de puestos de trabajo al calor de las infraestructuras creadas para la ocasión.
En Zaragoza,no ocurrirá eso.

Anónimo dijo...

El optimismo bien entendido es necesario ahora. Estoy de acuerdo contigo que hay que tirar para adelante y ofrecer la mejor imagen posible.

Ana dijo...

PArece que la riada no hara mucho mal de momento. un buen post.

tambien has buscado una de las pocas fotos de fluvi que me gustan.

Anónimo dijo...

Espero que todo esto no sea un bluf y que despues veamos resultados. yo tambien creo que sera diferente que en sevilla por los motivos que dices. Esperemos que tengais razon.

Un saludo!!!

Anónimo dijo...

Me gusta el enfoque. Y eso que yo no soy proExpo, precisamente..

SAludos