7.5.19


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Jorge Bergoglio, actual Papa de la iglesia católica, quien a veces parece el cónsul preferido de George Soros en el propio Vaticano, es responsable, como mandatario máximo del estado Vaticano, de cometer injerencia contra España y su unidad territorial. Y posiblemente debería ser procesado por ello.


Si hablamos de política -al fin y al cabo en esta vida casi todo es política- hace muchos años que dejé de creer en las casualidades. Por eso no creo que sea una mera casualidad que, con diferencia de apenas 48 horas, la iglesia papista haya dado dos vueltas de tuerca más en su labor de apoyo sin reservas al independentismo catalán en estos momentos en los que España espera saber, quizás haciéndose a la idea de lo peor, si el doctor Sánchezstein formará gobierno en coalición con los partidos independentistas que parasitan a la nación española.

El pasado viernes 3 de mayo, el canal de televisión 13TV, de la conferencia episcopal católica, dedicó un programa completo en horario de mayor audiencia a entrevistar al abad del monasterio de Montserrat; uno de los principales centros religiosos de la iglesia católica en Cataluña responsable de alentar y defender el independentismo entre el clero catalán y sus feligreses.

Prácticamente al mismo tiempo, Bergoglio anunció el nombramiento de Joan Planellas como arzobispo de Tarragona. Un nuevo arzobispo con claros y conocidos antecedentes independentistas, entre los que es simple anécdota haber colgado la bandera estelada del campanario de la iglesia de Jafre, uno de los pueblos de los que Planellas era párroco hasta el momento de su nuevo nombramiento.

Este elemento independentista, quien también es decano de la facultad de teología,  no ha tenido reparos en defender la “república catalana” y el desprecio a España desde el púlpito en diversas ocasiones; y será, a partir de ahora, parte de esa cúpula católica que tiene mayor predicamento sobre los catalanes católicos.

La inacción del Vaticano respecto a lo que sucede en Cataluña es ya, más que un acto anticristiano, un comportamiento natural. No entiendo cómo puede haber tanto católico que, creyéndose persona piadosa, decide permanecer miembro de una iglesia que se define cristiana y que es capaz de promover, sin el menor reparo ni disimulo, ideas y acciones criminales como las del independentismo catalán. Independentismo que, no nos engañemos, si bien durante décadas estuvo enmascarado bajo una supuesta moderación de pujolismo, siempre fue un sentimiento racista, xenófobo y supremacista cuyo trasfondo, incluso en palabras de la infame Marta Ferrusola, esposa del impresentable presidente Jordi Pujol, no quería que sus hijos jugasen en la calle con los hijos de inmigrantes andaluces. Un independentismo que hace ya años se libró de todo disimulo, y además de seguir robando dinero público de los españoles a manos llenas, ha promovido un fallido golpe de estado y ha logrado implantar entre sus acólitos el mensaje del odio y la segregación.

La iglesia papista romana sigue bendiciendo, desde su lejano pero omnipresente Vaticano, que una nación como España padezca el azote del expolio de sus ciudadanos por parte de ese catalanismo radical, en buena parte católico, auspiciado desde la abadía de Montserrat, desde las parroquias, desde las escuelas, desde los estamentos oficiales y desde los medios autonómicos;  como igualmente sucede con el independentismo  y el terrorismo de ETA y sus afines, nacido en sacristías vascas y protegido y disculpado por no pocos curas y obispos vascos.

¿Qué puede haber en el corazón y en la memoria del clero catalán, que aun siendo sabedor de las atrocidades y asesinatos que los independentistas infringieron contra los religiosos en Cataluña durante el tiempo de preguerra y guerra civil española, son desde antes de la transición una parte importante de los principales valedores de ese mismo independentismo?

¿Por qué ante este comportamiento a favor del independentismo, que se ha ido desarrollando durante largas décadas, las máximas autoridades de la jerarquía vaticana no solo no han llamado al orden a sus subalternos, sino que por añadidura les han ido entregando mayor poder e influencia?

¿Por qué ni los distintos gobiernos socialistas, que tanto han presumido de izquierdismo y anticlericalismo en España, se han atrevido a romper el arcaico y antiliberal concordato entre nuestra nación y la autoproclamada “santa sede”?

¿Hasta dónde llega la corrupción que une al independentismo catalán con no pocos políticos del gobierno central, del parlamento nacional, de distintos estamentos de diferentes comunidades autónomas, y de grandes empresas y corporaciones con el Vaticano?

En no pocos momentos de la historia la iglesia católica ha preferido comportarse antes como un estado que como un estamento religioso que dice promover el cristianismo. En el caso de los independentismos catalán y vasco, el Vaticano, con sus papas y cardenales a la cabeza, ha apoyado abiertamente, bien con sus actos, bien por omisión interesada, y ha ido de la mano de dichos movimientos criminales antiespañoles. Es decir, el Vaticano se ha comportado hostilmente contra nuestra nación. España debería romper el concordato y las relaciones oficiales con el estado papista y despojar a su iglesia de los muchos privilegios que aún disfruta en nuestro país.


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