6.9.19


Puede escuchar el texto  al final del artículo.

Desde una óptica objetiva no parece muy coherente que el papa Bergoglio, máximo dirigente de un estado e institución que no puede dar precisamente ejemplo de transparencia y buen hacer, vaya denunciando la corrupción por los países que visita.


Es mi punto de vista. No se trata de anticatolicismo. Es una mera cuestión de honradez. El líder espiritual de cientos de millones de personas no debería defender al comunismo, equiparándolo con su forma idólatra de entender el cristianismo para hablar seguidamente de la corrupción con una soltura y una falta de memoria dignas de un déspota.

¿Cuándo ha criticado este papa la corrupción rampante que empobrece Cataluña, donde la propia jerarquía católica ampara y da cobertura a corruptos e independentistas de la peor especie?

¿Cuándo ha desautorizado a la corrupta iglesia católica vasca, colaboradora y defensora de asesinos?

¿Por qué no ha reprochado la corrupción del PSOE, con diferencia el partido más corrupto de Europa, cuando sus líderes le han visitado en el Vaticano?

La lista de preguntas que se me ocurren sería tan larga como inútil. Un elemento como Bergoglio, catedrático en demagogia y doctorado en hipocresía, rige la voluntad religiosa de cientos de millones de fieles con la misma doblez con la que su iglesia de Roma sigue obteniendo beneficios enormes participando en empresas de anticonceptivos y blanqueando dinero de la mafia mediante su propia banca vaticana y sus compañías internacionales cuyos consejos de administración están dirigidos por los más significativos nombres de la curia vaticana.

El discurso que este manipulador ha ofrecido en Mozambique ha sido un compendio de mensajes contra la violencia y la venganza, contra quienes ofrecen su ayuda solo para enriquecerse y contra la necesidad de reconciliación para levantar un país arruinado. Pero este discurso no aguantaría ni una sola de las preguntas anteriores, ni otras muchas. Porque ni el mejor y más bienintencionado discurso puede sostenerse sobre la base de la falacia. Por mucho que pretenda Bergoglio dar lecciones de bondad y concordia. Los antecedentes criminales de su institución por todo el mundo no se borran con monjas asesinadas en el África central ni con un puñado de pederastas entregados a la justicia. Se necesita mucho más que eso para corregir siglos de desmanes y sufrimientos provocados, y hoy en día se necesitan aún más gestos del Vaticano que corrijan los recientes apoyos de este papa hacia la inmigración ilegal, sus palabra de tácita justificación ante atentados yihadistas, y su silencio ante los miles y miles de cristianos asesinados por el islam en tierras asiáticas.

Mientras esto no ocurra, yo solo veré a Bergoglio como el farsante líder de una dañina institución que se ha arrojado a los brazos de la agenda globalista y de la ideología de género con la única intención de colaborar en la ruina de nuestra sociedad para beneficio de las élites.



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