14.9.19


Puede escuchar el texto  al final del artículo.

Es innegable que hablar de la historia de la Iglesia Católica en España es hablar de buena parte de la historia de la propia España; una nación que, a día de hoy, muchos siguen definiendo como esencialmente católica, aunque solo sea ya por tradición y no por creencia sincera en su mayor parte, y por costumbre adquirida desde la cuna incluso para las nuevas y descreídas generaciones cuyos vástagos, en un número no menor, siguen pasando por la pila bautismal siendo recién nacidos, por la primera comunión a tierna edad, por la confirmación al inicio de la adolescencia, y por el matrimonio ante el altar para cumplir con una costumbre heredada de sus mayores y que, en palabras de muchos españoles de hoy y de las últimas cuatro décadas, “hay que hacer para no disgustar a la familia”

Se dice que España ha progresado mucho, y se podría estar de acuerdo siempre y cuando definiéramos primero qué es “progreso”. Para unos, el progreso es el crecimiento económico, para otros, la liberación social respecto a ciertas costumbres, tabúes o prácticas ancestrales; para ciertas tendencias políticas, el progreso se define al autorizar la masacre anual del aborto y la ampliación de los supuestos admitidos para la eutanasia al mismo tiempo que se defiende el “derecho” de los homosexuales al “matrimonio” y se pretende que el Estado pueda tener más autoridad sobre los niños que sus propios padres, con el objetivo de adoctrinarlos y sexualizarlos. Y para casi nadie, el progreso es el éxito ético y moral, económico y social necesario para convertir a una nación en una sociedad estable, rica, culta y defensora de los valores más elementales.

¿Podríamos decir que la Iglesia Católica ha sido responsable, si quiera en parte, del progreso de nuestra nación? Es evidente que la respuesta sería afirmativa desde un punto de vista católico. Sin embargo, creo que tal afirmación sería, como mínimo, exagerada y pretenciosa; aunque en mi experiencia, hablar del asunto con católicos practicantes es similar a debatir sobre cualquier cosa con una piedra. Porque, por lo general, hablar con un católico practicante sobre la historia de su propia iglesia le lleva invariablemente a pretender que España sigue siendo católica porque siempre lo fue y, bajo ningún concepto, quien esté fuera de la iglesia de Roma puede tener un mínimo de razón en cualquier asunto de este tipo. Hay quien defiende que esta forma de “razonar” es típicamente española. No lo creo. Tal forma de razonar es, más bien, típicamente católica, y por eso la encontramos no solo en España, sino también en el resto de la Europa mediterránea de la misma tradición y en los países luso e hispano católicos de las Américas.


Si hay un libro que despeja dudas y aclara conceptos sobre la  historia de España y su estrecha relación con la iglesia católica es  el publicado en 2014 por César Vidal y titulado La historia secreta de la Iglesia Católica en España. Una completísima obra que desgrana con detalle el recorrido de esta iglesia en el devenir de España desde un punto de vista muy objetivo que se atiene a la historia ya lo que de ella hay documentado. Y aunque hay quien acusa a César Vidal de escribir al dictado de un anticatolicismo exacerbado por ser el autor seguidor de la fe cristiana evangélica, yo no he podido encontrar en este libro una sola línea que me lleve a pensar que tal cosa sea cierta.

La minuciosidad con la que el autor enumera los hechos, sustentada por una extensa bibliografía, no solo presenta un extenso cuadro en el que el lector puede contemplar, desde el remoto pasado hasta la actualidad, cual ha sido en cada momento la posición de la institución católica y sus actores en periodos y momentos históricos claves para nuestra nación. También traza un relato verídico que se aleja de autores católicos faltos del más sencillo ejercicio de objetividad, así como de otros que, a fuer de ser, ellos sí, anticatólicos furibundos, han deformado con sus publicaciones una serie de hechos convirtiéndolos en mentiras tan interesadas y nefastas como puedan serlo aquellas defendidas por los autores católicos que también caen en la falsedad, la mentira y la omisión para proteger a la iglesia de Roma y a la imagen piadosa que ésta siempre ha pretendido ofrecer.

Con todo, en mi opinión, y ateniéndome a lo leído en La historia secreta de la Iglesia Católica en España, no puede decirse con objetividad que el balance del catolicismo en la historia de nuestra nación sea mínimamente favorable, sino todo lo contrario. Porque, reconociendo que el catolicismo ha sido la religión que más influencia ha ejercido en España durante toda su historia, no es menos cierto que dicha influencia, sustentada por un inmenso poder,  ha sido ejercida casi invariablemente en detrimento de las libertades más elementales y ha provocado las mayores y más sangrientas injusticias.

Este libro está estructurado en ocho partes bien definidas, además de la introducción, la conclusión, la bibliografía y las notas. Desde la primera de esas partes  -De la conversión en religión estatal a la “solución final” del problema judío-   en la que se inicia con la llegada del cristianismo a nuestras tierras (descartando leyendas y tradiciones que no tienen rigor histórico alguno pero que han servido para sustentar supersticiones y tradiciones oficiales) y su posterior mutación al catolicismo impuesto desde Roma que poco tenía que ver con los fundamentos cristianos de la época en que vivió Jesucristo y los siglos anteriores, pasando por las partes siguientes que describen y analizan seis periodos de nuestra historia que es necesario conocer y comprender correctamente, y que están tituladas como:

.- Segunda parte. De Religión sometida a religión sometedora.
.- Tercera parte. La España de la contrarreforma.
.- Cuarta parte. De la represión de la ilustración a la oposición del estado liberal.
.- Quinta parte. El régimen de la Restauración.
.- Sexta parte. De la Segunda República a la guerra civil.
.- Séptima parte. De la victoria al distanciamiento del franquismo.
.- Y Octava parte. De la transición a la era ZP.

Conforme la lectura discurre por las citadas partes, el lector conocerá que la iglesia de Roma y sus fieles  pasaron por un periodo de penurias y sometimiento para convertirse posteriormente en la religión dominante y oficial de los reinos que conformarían España. Posteriormente, y sirviéndose de su omnímodo poder, la iglesia papista fue parte activa y necesaria en la terrible persecución contra los judíos y su posterior expulsión, como sucedería más adelante con los moriscos. Ya desde sus primeros siglos de dominio, el catolicismo impondría su particular ambiente dominante y opresivo sobre todos los aspectos de la vida de los españoles. Un ambiente opresivo que continuaría hasta la muerte del franquismo. La lectura de las siguientes partes nos llevará, como en un viaje a un tiempo que ojalá no hubiera sucedido, a la represión sangrienta contra los protestantes que se prolongaría hasta bien entrado el siglo XIX.

Asistiremos también a las maniobras católicas contra la ilustración y el apoyo del clero a la invasión francesa hasta que los soldados de Napoleón comenzaron a saquear y arrasar iglesias y monasterios, y conoceremos cómo la iglesia católica se opuso férreamente al floreciente liberalismo que pretendía convertir a España en una nación de libres e iguales ante la ley, lo que hubiera podido acabar con el régimen feudal del que el catolicismo se aprovechaba a manos llenas. Una oposición a la libertad que promovió en buena parte el enfrentamiento entre españoles durante las guerras carlistas y el posterior apadrinamiento de los incipientes, xenófobos y criminales nacionalismos catalán y vasco. Un periodo que podríamos calificar como otro enorme error histórico que nos descabalgó del progreso que iniciaban otras naciones, tal y como sucedió cuando la España católica abrazó la Contrarreforma beligerante ante la Reforma protestante que aventajaría a no pocos países europeos frente a las naciones mediterráneas católicas, entre las que España fue referente de papismo hasta el punto de arruinarse peleando las guerras del Vaticano que tanta sangre y oro costaron a nuestra nación.

En la sexta, séptima y octava parte, el análisis del periodo histórico más reciente, que abarca desde la Segunda República, la guerra civil y la posterior dictadura, hasta la transición y las sucesivas legislaturas hasta el final del mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, Cesar Vidal nos plantea de principio el desmentido de varias falacias que no pocos autores han propagado respecto al papel que la institución católica jugó durante el periodo de preguerra, durante el enfrentamiento civil y la dictadura. Sin negar en absoluto lo que los creyentes y el clero católicos sufrieron, puntualiza sobre ciertas situaciones de aquellos años que han quedado relegadas al olvido durante décadas y que son de vital importancia para observar, desde una perspectiva amplia, el papel que la iglesia pretendía jugar frente a los partidos políticos, la pujante masonería, y la oleada anticlerical que ganaba en violencia conforme las fuerzas obreristas afianzaban su poder. Y cuando el autor finaliza el funesto periodo de la Segunda República y la guerra civil, llega a la conclusión, imposible de rebatir, de que la iglesia católica fue una de los vencedores de la guerra, tomando parte activa en la represión y la censura que se instalarían por décadas en la vida de los españoles.

Particularmente, una de las revelaciones del autor que más me impactaron sobre este periodo  y que yo desconocía por completo es la que se refiere a la negativa de las autoridades eclesiásticas a recibir las ayudas del plan Marshall proveniente de los Estados Unidos  - el plan de ayuda norteamericano para la reconstrucción de varios países europeos tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial -  porque una de las condiciones imprescindibles de dicho plan es que Franco (y por tanto, la iglesia) aceptasen para España el principio de libertad religiosa que debe regir en cualquier país civilizado. Todos conocemos el resto. España no se benefició del Plan Marshall y demoró su recuperación respecto a otros países europeos en más de diez años. La jerarquía católica presionó a Franco para que este negase la posibilidad de establecer la libertad religiosa en España, y el dinero americano pasó de largo.

Ya en el último periodo descrito en el libro aparecen gobernantes claves de nuestra historia reciente como Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar y Rodríguez Zapatero. Creo que las relaciones de cada uno de estos expresidentes y sus colaboradores  con la jerarquía católica darían para un libro dedicado a cada uno de ellos, a tenor de lo que cuente el autor. Solo adelantaré que para más de un lector que desconozca hasta qué punto la iglesia católica y su conferencia episcopal se han comportado no como una institución de índole espiritual, sino como una verdadera potencia económica y política, las explicaciones sobre este periodo de nuestra historia supondrán a buen seguro una tremenda decepción respecto a sus iconizados políticos y sus santificados jerarcas católicos. No desvelaré más.

La historia secreta de la Iglesia Católica en España  de César Vidal es un libro esencial para los amantes y estudiosos de la historia de nuestra nación. Un libro que viene a cubrir un abismo de demagogia y falsedades con un arduo y detallado trabajo apoyado en documentación y bibliografía suficientes para acallar a quienes niegan lo que es innegable y no ven precisamente lo que no se puede ocultar. Existen demasiadas publicaciones escoradas a izquierda y derecha que han procurado contar la historia de España como conviene a unos u otros. El fiel de la balanza es este libro, que centra en la objetividad lo que otros han torcido durante años. Una obra necesaria que nos ayudará a comprender mejor nuestra historia como nación y la realidad que vivimos actualmente.




Presentación del libro en Periodista Digital el 2 de junio de 2014




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