16.10.19


Puede escuchar el texto al final del artículo


Si no estuviéramos hablando de una niña enferma, el caso de Greta Thunberg sería digno de una película de los Monty Python.

Si no estuviéramos hablando de una estrategia globalista liberticida y sociópata, los discursos y mensajes de Greta Thunberg podrían figurar en cualquier guión de los Hermanos Marx.


Y si no estuviéramos hablando de un fenómeno social orquestado para manipular hasta las lágrimas a esa parte de la sociedad mundial que está definitivamente enferma de debilidad mental y de comodidad extrema a partes iguales, Greta Thunberg, como fenómeno social, debería ser estudiado por los sociólogos y expertos en marketing, quienes quizás llegarían a la conclusión de que, a estas alturas, esta pantomima de la niña llorosa con cara de envenenadora de ancianos se podría adaptar para lanzar cualquier producto al mercado con todo éxito.


Pero estamos hablando de una niña a la que le dio por manifestarse un día de cada semana en su país por la defensa del clima, y sus padres, de contrastada experiencia en el mundo del espectáculo, vieron el seguro filón que supondría lanzar a la niña hacia la órbita Soros; y se pusieron a ello.

La niña navegó hasta Nueva York en un velero de lujo para protestar contra la contaminación, discursó en la ONU haciendo el ridículo para unos y ganándose la comparación con la virgen María para otros, y fue entrevistada en varios canales de televisión. Solo le faltó actuar en Broadway y ser la estrella del show de Ellen DeGeneres para consagrarse como la nueva diosa progre al mismo nivel que Madonna; y quién sabe si en el futuro no será así, porque en el universo Soros cualquier cosa es posible.

En las últimas horas, el asesor que maneja las redes sociales de Santa Greta de Soros ha decidido dar un paso más en la estrategia antisocial de George Soros, patrocinador de la niña y pagador de sus padres, y en el twitter de Greta ha lanzado ya los primeros mensajes de incitación a la rebelión de manifestantes contra las fuerzas del orden. Concretamente el mensaje, revestido de buenismo climático para restarle dureza pero presentando otras claras intenciones, reza lo siguiente:

“Si permanecer en pie contra la descomposición ecológica y el clima y defender a la humanidad va contra las reglas, entonces hay que romper las reglas”


Así dicho, yo no aprecio diferencias con aquellos slogans de los 70 que los adolescentes repetían a menudo para hacerse los comprometidos, y que a los niños nos parecían cosas de mayores. Pero esta frase, supuestamente en boca de una marioneta manipuladora que ha encandilado a no pocos adolescentes de entre 14 y 50 años en un momento crucial de forzados cambios sociales y aherrojamiento de libertades, constituye una clara invitación a la violencia.

El momento elegido para publicar semejante mensaje ha sido realmente oportuno, puesto que fue lanzado a las redes al tiempo que las autoridades londinenses, por medio de la policía metropolitana, detenían a varios manifestantes de la movilización “levantamiento de otoño” acusados de causar “caos y disturbios” en las calles de Londres.

Posiblemente aún sea pronto para conocer el alcance de este nuevo paso de Greta, de sus asesores, y en definitiva de George Soros. Incitar a la rebelión y a la violencia en estas circunstancias requiere de un motivo, una figura a quien seguir, y antes que todo una capacidad de influencia sobre las convencidas masas de la que no se puede estar seguro a no ser que se haya experimentado antes. ¿Es el mensaje de Greta un test, a la vez que la presentación de una nueva faceta de la niña mediática que decide pasar  -no ella, sino quienes la dirigen-  del cabreo y las lágrimas a interpretar un papel más activo en la movilización de los mentalmente abducidos catastrofistas climáticos?
Creo que no tardaremos en comprobarlo. Pero quienes deberían tomar cartas en el asunto y frenar esta trama que parece iniciarse en Londres y que podría darse en breve en cualquier otra ciudad importante del mundo, harían bien en tomar buena nota de lo que supone mirar para otro lado y dejar hacer a los indeseables, simplemente observando lo que está sucediendo estos días en Cataluña: una revuelta planificada por oscuros intereses que no dudan en alterar el orden público para conseguir sus objetivos.

Observando fríamente el fenómeno Greta, no podemos llegar a otra conclusión de que hasta el día de hoy no ha aportado nada bueno; lo que debería servir para hacer recapacitar a esa parte de la sociedad que se deja hacer, que se deja guiar sin más, y que acaba pagando las consecuencias no solo de la barbarie; también del desinterés y la cobardía. Greta ha dado un paso más. Es el momento oportuno para enviarla a su casa, de retomar sus estudios y de consultar de nuevo con los psiquiatras que trataron su síndrome. Y sobre todo, quizás sea el momento de explicarle que Juana de Arco, cuando dejó de ser útil, acabó asesinada por los mismos que hicieron de ella un ídolo. Sí. Luego la hicieron santa. Pero antes la quemaron en plaza pública.



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