6 de mayo de 2009



La imagen internacional de la justicia española es, cuando menos, chocante. A la opinión pública le importa bien poco que dicha justicia se declare competente para instruir en el extranjero. Los ciudadanos se preguntan si no hay bastante trabajo aquí, para tener que preocuparse de delitos y crímenes más allá de nuestras fronteras.


Quizás el problema radique en que ha cundido el ejemplo de Garzón y su caso contra Augusto Pinochet. Actualmente hay cuatro jueces – Baltasar Garzón, Ismael Moreno, Santiago Pedráz

Y Fernando Andreu – que tienen causas abiertas en lugares tan variados como Israel, Ruanda, Sahara, Guatemala, China, Chile y Argentina. ¿Tiene España tratado de extradición con todos estos países? No.


No me corresponde hacer un análisis experto de la ley española y sus posibles motivos. En este artículo de Libertad Digital está suficientemente explicado. Lo que me preocupa es que, de nuevo, quienes tienen más responsabilidades en España (los jueces de la Audiencia Nacional en esta ocasión) parecen vivir alejados de la realidad en la que sí están inmersos los ciudadanos día a día.


No conozco a nadie de mi círculo habitual que esté de acuerdo con estas actuaciones. La sensación general es que bastantes problemas tenemos en España como para tener que ir a buscarlos fuera, invirtiendo tiempo y dinero que serían más necesarios aquí.


Los que no entendemos de leyes tampoco comprendemos cómo se pueden dedicar recursos a un caso del que lo más probable es no conseguir absolutamente nada. Además, las comparaciones son inevitables. Asuntos como el de Marta del Castillo, las desapariciones de tantos otros niños y adolescentes, el asesinato de Mari Luz por un canalla que debería haber ingresado mucho antes en prisión o la puesta en libertad de etarras que huyen inmediatamente al extranjero, nos llevan a preguntarnos qué es lo que falla en nuestras leyes.

La repercusión internacional de estas iniciativas tampoco es favorable. Desde diarios on line a blogs muy visitados, las opiniones son casi unánimemente desfavorables. Y esto no solamente sucede en los países implicados. La opinión general es deprimente.


En cualquier caso, mi opinión, como ciudadano de a pié, pasa del estupor al aburrimiento. No creo que sea delito asegurar que yo estoy convencido, absolutamente convencido, de que estas garzonadas mediáticas internacionales persiguen la notoriedad y la publicidad necesaria para poder luego impartir cursos y conferencias por medio mundo. Lo siento, pero no puedo ver estas iniciativas con un mínimo de benevolencia. ¿Cómo puede pretender un juez español imputar a varios dirigentes chinos, si no existe tratado de extradición entre España y China? ¿Qué pretende? ¿Instruir diligencias que después quedarán en nada? Posiblemente todo lo que resulte sea un empeoramiento de las relaciones entre ambos países, que acabarán pagando los empresarios españoles que tienen intereses en china.


Que cansancio… Hasta Conde Pumpido, el Fiscal General del Estado más elástico del que se tiene memoria, ha declarado que la justicia universal no puede tomarse como un juguete en manos de personas que buscan protagonismo.


Pues eso. Que los impuestos españoles dan para mucho, pero solo para unos cuantos. No es extraño que haya quien sufra mareos y fiebre cuando oye propuestas tales como bajar los impuestos. ¿De donde sacarían para promocionar sus carreras profesionales?


Actualizado. Parece que estas aventuras judiciales sí tienen sus consecuencias diplomáticas.

5 comentarios:

Esveritate dijo...

Pero con este ZoPenco ¿tenemos buena imagen de algo? de fabricar parados la única.
Las garzonadas buescan lo que dices, notoriedad en exterior, para dar más conferencias.
Saludos

Fidelio en el bosque animado dijo...

Felicidades por abordar con valentía un tema políticamente incorrecto. Esta mañana lo he vuelto a ver en las noticias. Inevitablemente me he acordado del linchamiento contra el gobierno Aznar y la Fiscalía durante el caso Pinochet.

Desconozco los aspectos procesales y la "capacidad" real que un juez español tiene no ya de "conocer", sino de llevar adelante un proceso de tales características. Pero lo que desde luego crea (y creó en su momento) fueron falsas ilusiones. Ahora con el Tíbet no hay campaña ni chistes, pero estamos ante otro dilema de la especie de justicia internacional a la española.

¿Hasta dónde se va a llegar? La cuestión es si tiene capacidad un país (sus jueces) para conocer tipos (delitos) perseguibles, sí, por la justicia internacional, y no sólo dictar, sino aplicar una sentencia firme y (no lo sabemos) condenatoria. Desde luego, la imagen de España, cuando menos, resulta chocante. Tiene poco que ver con que el peso de la ley caiga sobre presuntos criminales.

De nuevo, felicidades por abordar esta controvertida cuestión que, en otros tiempos, algunos otros aprovecharon (para variar) montando la enésima campaña.

Caballero ZP dijo...

Evidentemente si los demás jueces ven como Garzón hace y deshace a su antojo, se preguntarán porque no lo van a poder hacer ellos.
Saludos

Fernando Solera dijo...

Creo que fue el alcalde de Jerez, Pedro Pacheco, quien hace muchos años dijo que "En España la justicia es un cachondeo". Pues no hemos mejorado un ápice, Mike. Es más, yo creo que estamos peor que entonces.

Rafael del Barco Carreras dijo...

15-05-09 VISTO PARA SENTENCIA EL JUICIO A RAFAEL JIMÉNEZ DE PARGA, ALFREDO SÁENZ ABAD Y OTROS,

Y LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE VICTOR SAURA “LA CATALUNYA MES FOSCA”.



Rafael del Barco Carreras



Un día intenso. Me temí que la anunciada variación de conclusiones provisionales del fiscal liquidara el juicio. Lo sucedido el 2008 con Gran Tibidabo (Port Aventura), que los pactos entre la fiscalía y las partes acabaron con lo que soñé un repaso y hasta bendición a mi “Barcelona, 30 años de corrupción”. Pero no, la Fiscalía mantenía la acusación, aunque rebajada de los nueve años iniciales a tres años y medio de cárcel para Rafael Jiménez de Parga, Alfredo Sáenz Abad y Miguel Ángel Calama, y retiraba la acusación a José Ángel Merodio.

Seis horas de fiscal, dos abogados acusadores, y cinco defensores. Terrible. Los dieciséis oyentes se convirtieron en los seis habituales después de oídos los cargos. Extorsión, denuncias falsas y estafa procesal.

Se juzgaba a mis “abogados” y a la “banca” en el “todo vale”. Y la idea de que yo fui la primera víctima del conjunto, que cobrando de Javier de la Rosa, sustituyeron culpables, me martilleó toda la mañana. Si durante el juicio me sentí un espectador, he de confesar que las defensas me alteraron. El argumento de que las falsedades en la denuncia eran simples errores de los que Rafael Jiménez de Parga pedía disculpas, o de que en definitiva los culpables eran los denunciantes porque estafaron al banco, me enervó.

El abogado de Merodio le dio la vuelta al calcetín, el juez Pascual Estevill con su actuación alteró la querella del banco reclamando 639 millones a los ahora acusadores, acabando sobreseída. Perjudicó, pues, al Banco, los acusados ahora. Cortando y pegando a su gusto del libro, Estevill y "El Clan de los Mentirosos" de Félix Martínez, su tono crecía. Pretender quince años después, decía, que tanto Rafael Jiménez de Parga como los banqueros pagaran por los delitos del ex juez, que no reconoció en las declaraciones al presente juicio, y que entonces no solo nadie suponía sino que “todo el mundo” alababa sus actuaciones contra la gran burguesía catalana, acentuaba con exagerado énfasis, era un disparate.

Con excelente oratoria obviaron años de relación del juez y abogado, las oscuras conexiones del propio Banesto y su filial Banco Nogués (dijo el abogado) real procedencia de los créditos renovados año tras año no reconocidos por los ahora acusadores, y mucho menos avalados, y lo peor, docenas de extorsionados que conocí en la cárcel, el “lo sabía toda Barcelona” confesado por el abogado Juan Piqué Vidal (condenado en el juicio del 2004 del que derivaba éste) y sobretodo el fatídico domingo en que o pagaban 50 millones para el bolsillo del juez y supuestamente de Rafael Jiménez de Parga, o no salían de la cárcel.

Cuando a las siete y media de la tarde acudía a la presentación del libro “La Catalunya mes fosca” de Victor Saura aun me hervía la cabeza. Un bálsamo el ambiente de entusiastas y merecidos aplausos al autor y presentador, derivados a las víctimas y a mí en concreto. Paseo de Gracia, Librería Els Jardinets, frente al edificio del Banco Comercial Transatlántico, antes de la Guerra Mundial Alemán Transatlántico, y ahora absorbido por su propietario de siempre el Deustche Bank, donde me iniciara de empleado de banca por los 50. La primera vez que un gran conjunto de desconocidos reprobaba la versión esparcida y condenatoria en que me convirtieron en un réprobo, y con falsedades me encarcelaron y condenaron.

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