5.7.18


Rajoy fue desalojado de La Moncloa hace un mes. Y su reacción fue absolutamente rajoyesca.

Siendo fiel a su merecida fama, ganada a pulso durante sus años de presidencia del Gobierno de España, de ser un inane frente a los problemas, prefiriendo dejar que éstos se resuelvan por sí mismos, renunció a liderato del PP y a su escaño en el Congreso y dejó a sus partidarios a la deriva y enfrentados entre sí, y a todos los españoles al capricho de un gobierno de postureo y endeudado con golpistas y terroristas.

Varios candidatos se disputan ahora el dudoso honor de dirigir el Partido Popular (más bien lo que queda de él) y todos ellos hablan de renovación, como si no hubieran estado al lado del mismo Rajoy que ha perdido millones de votantes durante las últimas legislaturas.

Semejante debacle, que ha sido como el hundimiento de Titanic a cámara lenta, tuvo dos causas principales y dos consecuencias catastróficas.

Como primera causa, Rajoy abandonaba en 2008 los ideales liberal-conservadores del partido que, desde 1996 hasta los atentados del 11M habían convencido a millones de votantes de que mayor libertad económica conlleva mayor prosperidad individual y social. Desde aquél fatídico congreso de Valencia de hace diez años, el presidente popular y sus partidarios dejaron de lado a los líderes y militantes que durante años habían dado la cara por las políticas económicas que habían colocado a España en los primeros puestos de la economía mundial. Aún más incomprensiblemente, Rajoy apuró el giro ideológico del partido hasta el punto de abandonar la defensa de las víctimas del terrorismo, exceptuando a las asociaciones que aceptaban de buena gana subvenciones de dinero público a cambio de no mostrarse demasiado beligerantes con las políticas socialistas respecto a ETA y los presos terroristas.

La segunda causa fue la traición definitiva de Rajoy, y por tanto del Partido Popular, a millones de votantes que, a pesar de lo anterior, confiaron en los populares  para gobernar España y corregir los desmanes del inepto e impresentable presidente Zapatero y su banda de sectarios. Desde 2001 hasta hoy, el PP no ha hecho otra cosa que continuar, y en ocasiones empeorar aún más,  las políticas de ZP en asuntos como el aborto, los impuestos, la excarcelación de terroristas de ETA, el control de los medios de información públicos, el ataque continuo a la libertad individual… etc.

¿Las consecuencias? La pérdida de militantes y votantes por millones desde 2011 (solo superada por la debacle del otros gran partido de la corrupción que es el PSOE)  y que ha llevado al PP a perder el gobierno de la nación, y la destrucción casi total de un partido que se hunde en la vergüenza de la corrupción, el descrédito y el juicio de la historia que seguramente condenará a Rajoy y sus secuaces por la minuciosa destrucción de la derecha liberal española que ha terminado tan arrasada como un bosque tras un incendio.

¿Existe posibilidad de recuperación del partido tras las primarias, de la mano del candidato que resulte ganador? Tengo mis serias dudas.

En campaña, todos han hablado de renovar y recuperar el voto perdido, que no es más que el reconocimiento implícito de que Rajoy ha estado haciendo las cosas muy mal, dejando al partido al borde del coma. ¿Pero todas estas proposiciones de recuperar principios y valores… por qué se oyen ahora, y no cuando era realmente necesaria?

Todos los candidatos han tenido cargos y sueldos durante la jefatura de Rajoy. No manifestaron antes estas “sinceras” inquietudes por miedo a quedar excluidos y perder su cómodo y bien retribuido medio de vida. Ahora es cuando se manifiestan y se conforman como lo que són: profesionales de la política que en nada se diferencian de los de otros partidos.

De modo que, tanto como me da igual el futuro de este gran partido traidor, me dan igual también sus candidatos y cuál de ellos se haga con el sillón.

Que PP y PSOE desaparezcan por méritos propios. No merecen otra cosa.

    



                  

                 



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