10.9.19


Puede escuchar el texto  al final del artículo.

Me pregunto si las mujeres que aparecen en los vídeos de “Almas Veganas” son simplemente unas perturbadas que viven apartadas de la realidad en su infantil mundo de unicornios y arcoíris permanentemente acosado por machos depredadores de toda especie, o si son unas verdaderas caraduras que, conscientes de que no reúnen más méritos que su extremismo anti-“todo”, han ideado una cuidada estrategia para ganar fama, y quien sabe qué más, a base de pasar por eco-idiotas candidatas a un ingreso psiquiátrico prolongado.


Sus absurdos vídeos de gallinas víctimas y gallos violadores, y de concienciación global anti-pesca, pronto se hicieron virales; porque en este mundo que consume contenidos multimedia con la misma rapidez con la que Pedro Sánchez queda como un tonto ante un micrófono, lo histriónico gusta al público de un modo tan especial, que hasta algún vídeo de lo más extraño ha pasado a ser parte de esos recuerdos recurrentes que uno no olvida por más que pasen los años.

Afortunadamente, frente a semejante batería de anormales que pueblan las redes sociales y los contenidos multimedia, surgen de vez en cuando figuras que ponen las cosas en su sitio con las únicas herramientas que se necesitan para ello: un móvil, un razonamiento correcto, y una visión de la realidad como la que ha dejado a esas veganas enloquecidas y de pasado carnívoro a la altura mental de una ameba. Así que igual de viral ha sido en estos días el vídeo de un avicultor que explica de un modo absolutamente gráfico, porque lo hace precisamente desde su granja, los “errores” en los que caen estas veganas que, a base de exageración estúpida e infantil y argumentos absolutamente delirantes, han logrado una fama que ha traspasado fronteras y con la que han cosechado el mayor de los ridículos por todo el mundo hispanohablante.

Menos mal, menos mal, menos mal, que el avicultor, con sus clarificadoras explicaciones, ha contrarrestado lo que nos pueda haber salpicado a los españoles del ridículo de las tonto-veganas. Menos mal, porque el vídeo del avicultor ha sido igualmente viral, y los medios hispanoamericanos que han publicado “el vídeo de las veganas españolas” también han enlazado inmediatamente el del avicultor “cabreadillo” (como él mismo dice) por las afirmaciones de ellas.

Lo que pueda tener de hilarante y grotesco este caso de eco-taradas pro-gallináceas no puede hacernos perder la visión de la realidad respecto a lo que está sucediendo hoy prácticamente a diario. No debemos obviar que estas mujeres, sus ideas y acciones son el fruto de una continua degeneración de nuestro sistema de valores, cuya degradación se aceleró, no casualmente, hace ya 15 años.

No es casualidad que por un lado aparezcan activistas como ellas, ya sean veganas, feminazis, o abiertamente beligerantes contra todo lo que define a nuestra civilización occidental. No es casualidad que en los últimos años hayan salido “de la nada” nuevas fuerzas políticas cuyo único objetivo es derribar nuestro sistema de valores. No es en absoluto casualidad que el desembarco de la ideología de género, durante la última década, se haya producido como una aplastante invasión mientras otra, la invasión islámica que comienza a colapsar Europa, se extiende exponencialmente desde las calles y comienza a infiltrarse en  las instituciones. Nada de esto es casualidad, porque se ha ido preparando ante nuestros ojos durante años, hasta que se presentó el momento oportuno de dar rienda suelta y dejar crecer al monstruo.

No perdamos de vista lo verdaderamente importante. Almas Veganas no pasa de ser un chiste. Una situación esperpéntica que ni el gran Pedro Reyes hubiera podido superar. Lo verdaderamente importante es lo que sucede en paralelo, a todas horas y en  todos los órdenes, y que nos lleva a la miseria más amplia si no ocurre un milagro.



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