5 de mayo de 2008


De Leopoldo Calvo Sotelo recuerdo, sobre todo, su aspecto serio. No en vano le llamaban por aquél entonces “La Esfinge”, aunque quienes le hayan conocido en la corta distancia defiendan lo contrario. Hierático hasta el extremo en sus intervenciones parlamentarias, no tenía ciertamente motivos para estar muy alegre, en aquél tiempo en el que se hizo cargo de la presidencia de gobierno, tras la dimisión de Adolfo Suárez.

Y no era para menos. Comenzar un mandato con un golpe de estado para, posteriormente, ser el nuevo objetivo de la estrategia de acoso y derribo que Felipe González y Alfonso Guerra diseñaran tiempo antes contra Suárez, era como para echar a correr y no parar hasta la Patagónia. Añadido a todo aquello, el derrumbamiento de UCD – que nunca tuvo la suficiente argamasa como para unir sólidamente todos sus ladrillos – hacía entrever que Felipe lo iba a tener muy fácil en el ochenta y dos para alcanzar la presidencia de gobierno.

El clima social reinante en España durante aquella época sí que se asimilaba a un autentico calentamiento global. Índice de desempleo galopante, inflación desbocada, cien muertos anuales que ETA ponía encima de la mesa. Nacionalismos crecidos que exigían sin medida, los enfermos y fallecidos por consumo de aceite de colza, el ascenso de cifras en caso de delincuencia, descontento social… y la política de argumentos efectistas que el PSOE mantenía, no solo en las cámaras representativas; también en todos los niveles sociales.

Con todo, Calvo Sotelo pudo mantenerse firme hasta las elecciones generales del siguiente año ochenta y dos; el año del slogan del PSOE “OTAN, de entrada no” y la promesa “formal” de conseguir ochocientos mil puestos de trabajo en poco tiempo. Posiblemente ha sido uno de los presidentes de gobierno más castigados y satanizados por la oposición. Yo lo creo así, precisamente porque su caso fue de los más clamorosos. Él impulsó con fuerza el concepto de España como un país integrado plenamente en la OTAN, a la vez que la oposición socialista le criticaba descarnadamente por entregarse al imperialismo americano. Curiosamente fue Felipe González, dos años después, quien convocó aquél seudo referéndum para que fuesen los ciudadanos quienes “decidieran” si España debía ingresar o no en la Organización. El mismo Felipe González que le califica ahora de “un demócrata firme y un gran servidor de estado”.

Don Leopoldo ha fallecido a los ochenta y dos años. Ha muerto uno de aquellos políticos de la transición que pusieron su esfuerzo y su excelencia al servicio de España. Su biografía queda para que podamos aprender valores importantes y el verdadero significado del esfuerzo y la dedicación a una causa, tal y como el explicó en una entrevista de la que leí un extracto ésta mañana: "La clave de la Transición es que se hizo en poco más de 12 meses. Yo pasé directamente de mi despacho de Unión Española de Explosivos a un ministerio sin tiempo casi ni de cambiarme de corbata".

Tristemente, como siempre sucede, los homenajes llegarán a partir de ahora. Homenajes que hubieran sido más sinceros cuando él aún vivía.

10 comentarios:

Eureka dijo...

En España siempre sucede lo mismo, se elogia al muerto cuando ya de poco sirve.
Es un país de ingratos, por cierto, voy a enlazarte.

Andrés dijo...

Yo no soy ingrato; soy republicano y patriota, y esa condición honrosa me impide reconocer el mérito de un estadista más; que como Suárez o Fraga, colocó los cimientos de la triste realidad que vivimos a través de una Constitución bipolar; brillante y nefasta, que no se supo plasmar de manera adecuada a la realidad de una sociedad y de un Estado.

Pero en fin, como cuando muere un ser humano, que descanse en paz.

Saludos.

Mike dijo...

Supongo que todo depende de lo que cada uno prefiera, por ejemplo como opción política para España. Me refiero a bipartidismo frente a pluralismo.

En otros países entiendo que exista un bipartidismo natural. En España, no acabo de tenerlo claro.

Andrés dijo...

Yo prefiero el pluralismo, pero siempre que las opciones políticas no estén relacionadas con actividades ilegales o anticonstitucionales.

Gazulin dijo...

La muerte de una persona siempre es motivo de tristeza, si ademas esa persona tuvo un papel importante en la historia de la democracia en España, es normal que el estado le despida con honores, lastima que como ya se ha dicho estos honores siempre se producen tras la muerte.

Saludos...

Javi (http://www.lacoctelera.com/alostreinta) dijo...

Eh!

Somos más los republicanos de Derechas!

Saludos

Javi

PD: Don Leopoldo para mí fue el mejor Presidente de Gobierno

Anónimo dijo...

Se van los que, por ley de vida, llegan a su fin. Como dijeiste hace mucho tiempo, Se van los de toda nuestra vida.

Descanse en paz.

Anónimo dijo...

Otro de los de siempre. Que epoca tan intensa, aquella de la transición.

Sara dijo...

Qué poco hemos aprendido de aquellos años y de aquellos políticos...

Me gusta el blog.

Jorge dijo...

Fijate cuantos se acuerdan ahora de honrarle y lo que le ningunearon desde que dejo de ser presidente.

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