El Juez Calatayud


Existen personajes de los que habría que hacer bandera a diario. Hoy, más que nunca, es de agradecer que todavía haya quien, en posiciones relevantes de nuestra sociedad, pueden servir de ejemplo y de estímulo para quienes no quieran dejarse llevar definitivamente por esta maldita corriente que orada sin remisión los valores que hacen de las personas lo mejor de este mundo.

Hace ya un par de meses que María, una amable visitante de El Republicano Digital, me envió un link de You Tube en el que el Juez de menores Emilio Calatayud, con sus palabras pone en evidencia al sistema educacional, al sistema legislativo y al sistema judicial españoles.

Ya había leído algún artículo sobre este particular magistrado. Así que cuando vi el video, busqué más información sobre él y su particular forma de administrar justicia.

Sus didácticas charlas llegan a la mente y al corazón de la gente y demuestra con sus palabras que la ley bien entendida debe aplicarse, siempre que ello sea posible, no solo bajo el manido principio progre de la reinserción, pero también con el deber de la restitución del daño hecho.

Esa palabra, restitución, y su significado, es de lo que han estado huyendo muchos legisladores. En un país como el nuestro, en el que casi cualquier acción parece concebida exclusivamente para cultivar y cosechar votos, se ha huido por sistema de aquello por lo que los ciudadanos claman en las calles, aunque luego voten a quien más esté dispuesto, entre otras cosas, a permitir, por palabra, obra u omisión, que pocos de los que realmente la hacen, la paguen.

Sé que, en cierto modo, le debo este post a María. Pero como uno no siempre manda en su propio tiempo y dicen que no hay mal que por bien no venga, creo que tampoco es este mal momento para lanzar este tema al blog, con el único propósito de que todos reflexionemos sobre el particular.

La familia de la niña Mari Luz, admirables en su fé y en su saber estar y hacer, son un ejemplo más de quienes ven alteradas sus vidas por culpa de una administración de justicia capaz de llegar al resultado más terrible y nefasto por causa de un histórico cúmulo de errores que no para de crecer y crecer, unas veces hacia lo terrible, otras veces hacia el absurdo. La falta de presupuesto, de personal, de medios, de dejación en algunos casos y de manifiesta negligencia en otros, ha traído como resultado una lastimosa colección de sentencias y situaciones dignas del absurdo y la tragedia mas espantosos.

Por eso digo que encontrar tipos como el Sr. Calatayud es, cuando menos, como llegar a un oasis en medio del Kalahari. No le duelen prendas en poner a un grafitero a limpiar paredes, porque sabe que, en contra de lo que piensa la nueva pedagogía con su concepto “russeauniano” del individuo, el chaval no se va a traumatizar de por vida por que sus colegas le vean trabajando y restituyendo el daño.

Todos conocemos casos, más o menos cercanos, de adolescentes sabedores de que ni se les puede ofender, ni tocar un pelo, ni tomar medidas contra ellos. Lo saben porque ven los resultados. Ven que, tras apalear a un indefenso o quemar un auto, ni los padres desesperados pueden ni los indiferentes quieren hacer nada. Por un lado, se les ha educado en la ignorancia de los principios correctos y en el desprecio al esfuerzo y la excelencia. Por otro, los “padres” de la patria, han reblandecido hasta la baba las leyes y la enseñanza.

Tal y como me recomiendo María a mí, lo recomiendo yo a ustedes. Al juez Calatayud hay que oírle, aunque solo sea por conservar la propia higiene moral.

¿Hay más magistrados como éste, oiga? ¡¡¡Se los compro sin ver!!!

21 comentarios:

josevillano77 dijo...

¡Dios mío!,que reconfortante y descorazonador a la vez, escuchar tanta verdad de golpe...Con cien tipos como este en todos los campos de la sociedad española,en diez años, si que no conocía a España ni la madre que la parió,pero no en el sentido que lo dijo Alfonso Guerra.Además tiene el talento de hilar su intervención en clave de monólogo humorístico.Esto lo dice Buenafuente en su programa, y sería una gracieta progre,pero es terriblemente real.Del Juez Calatayud,cuya fama empieza a trascender nuestras fronteras, es imprescindible también su "Decálogo para formar un delincuente".Si no lo conocéis, ahí lo dejo:

1.Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2.No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3.Cuando diga palabrotas,ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.

4.No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.

5.Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

6.Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.

7.Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.

8.Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.

9.Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

10.Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

Anónimo dijo...

Ahí va mi tarjeta de visita:

¿Qué tiene este blog que no me decepciona nunca?

Gracias, Mike.
Lo bordas.

Un beso. María.

Anónimo dijo...

Y para josevillano77:

Ya había leído ese decálogo, pero gracias por recordármelo. Lo comparto al 99%, ya que tal vez disienta en su título. Quizá cumplir con las diez recomendaciones no nos lleve a formar un delincuente, tal y como se entiende la delincuencia socialmente. Pero nos garantiza que estamos "esculpiendo” un adulto perfectamente frustrado, incapaz de aceptar el fracaso, incapaz de admitir la renuncia, incapaz de comprender sus propios límites.

En esta sociedad nuestra se nos enseñan las pautas a seguir si queremos ganar, lo hermoso que es ser el número uno, lo grande que es llegar a "ser" (¿"ser"?) lo mássssssss... A costa de lo que sea. Pero se olvidan de enseñarnos que el fracaso es una posibilidad, o mejor dicho, es más que una sola posibilidad.

Hace poco tiempo, inscribí a mis hijos pequeños en la escuela deportiva del colegio. Ni sabía, ni me importaban realmente los deportes que fueran a enseñarse. Por maquiavélico que pareciera, yo lo que quería era que mis hijos aprendieran a ser parte de un equipo, a compartir el éxito, si llegaba, en la parte que les correspondiese, pero sobre todo, y lo más importante, quería que mis hijos aprendieran a perder. A restarle importancia al fracaso, a entender que para ganar una vez, posiblemente tuvieran que perder varias, y que no pasaba nada. Porque el que sabe perder, con seguridad sabrá ganar. Y a ambas circunstancias, hay que saber darles la relatividad que tienen. Que no se es (ahora sí, "es" del verbo "ser"...) mejor cuando se consigue reconocimiento que peor cuando no.

Antes incluso que a ganar, se nos debería enseñar a asumir la derrota como parte del juego.

Como en el esquí, que antes de enseñarnos a tirarnos por una pendiente pronunciada, se nos enseña a caer y cómo levantarnos, aceptando que es un "trance" seguro más de una vez en el proceso del aprendizaje.

Porque en cualquier competición, solo hay un primer puesto. Uno sólo. Y se nos dice que ése es el único que importa. Cuando no es así. Cualquier otro es mucho mejor, si uno ha puesto todo su esfuerzo en él. Depende de dónde coloque uno el reto, de cual sea el objetivo a superar. Si son los demás o son nuestras propias debilidades, nuestras perezas. Si el control de la situación lo ponemos en la opinión que los demás tengan de uno mismo, o en nuestra propia valoración. Es la tan denostada superación personal.

El juez Calatayud pone el dedo en la llaga. Les estamos transmitiendo a nuestros “herederos” nuestro concepto del logro. Nos compramos medallas del “todo a cien” para mostrarlas a los demás y recibir su reconocimiento. El mejor coche, el mejor piso, la mejor ropa, los niños mejor equipados, el último grito en tecnología, en música, en… y mientras, nuestro podium personal está, en el mejor de los casos, vacío. Y digo en el mejor de los casos, porque en el peor, y para nuestro desconcierto, colocamos en él a nuestro compañero de trabajo, al que vemos como mejor, a nuestro vecino, que creemos mejor, a cualquiera cuyas medallas veamos como más brillantes… Y ya tenemos la frustración instalada. Toda para nosotros.

Y para no trasladar ese sentimiento desagradable, nos dedicamos a proporcionar a nuestros hijos más medallas de baratillo, tan accesibles, tan inmediatas, tan fáciles. Cuesta decir “no”, cuando decir “bueno, vale, que sí” tiene unas consecuencias tan gratificantes a corto plazo. Y dejamos para otro día, quizá para cuando nuestros hijos sean adultos, la tarea de que aprendan que la vida dice muchas más veces que no. Lo dejamos para cuando se depriman porque no consiguen lo que quieren, en vez de agradecer ese “no” de la vida, porque puede ser un maravilloso estímulo, o incluso un aviso de que hay que corregir direcciones. Les enseñamos a mirarse el ombligo, y no el horizonte.

Es una pena, pero hoy la disciplina está mal vista. A corto plazo, causa desazón. Y es polémica. Suena a épocas que hay que enterrar en el olvido. Suena a “imperium”, a tiranía, y hemos tirado abajo las barreras, por restrictivas, sin saber con qué reemplazarlas. Sin ser conscientes de que no hay nada más desolado que un niño en medio del campo abierto. Teniendo cualquier dirección para correr, posiblemente lo haga en círculos y sin saber dónde ir, ni para qué, posiblemente nos busque, busque a alguien que le diga "hacia dónde no", cuando no simplemente "hacia dónde". Hemos confundido el “por aquí, sí, por allí, NO” con limitar sus posibilidades. Y no somos capaces de ver de cuántas maneras, a veces tan contradictorias, los niños, los adolescentes, los jóvenes, nos piden orientación. Nosotros les respondemos con medallas de cartón piedra… claro que las consecuencias llegan a largo plazo, y eso ya no es cosa nuestra… ¿o sí?

¡Vaya!, me fui por los cerros de Úbeda. ¿Deformación profesional?

Perdón.

Anónimo dijo...

Nunca había oído hablar de él, pero le seguiré.

Que alivio que alguien hable claro todavia.

Anónimo dijo...

Anda!!! si ha vuelto Maria!!

Ya pensaba que no nos querias dejar tus comentarios aqui!!!

ME alegro de leerte de nuevo.

J.J.

Julio dijo...

Habeis visto la frasecita que han colado en el ultimo anuncio de una compañia electrica?

"a mi hijo le dire a todo que si"

Pues que bien

Pedro C. Z. dijo...

así se habla. con dos cojones. y perdon, pero es que ya era hora poder oir alguien asi.

Anónimo dijo...

Cuidadín, J.J.

Os vigilooooooo... aunque por cuestiones de tiempo no pueda dejar siempre mi humilde aportación.

Pero entrar, ¡ya lo creo que entro! ¡No me pierdo unaaaaaa!

Os sigo.

Jejejejeje... un abrazote.

María.

Anónimo dijo...

Necesito ayuda;
Hace poco nos llamó la tutora de nuestro hijo de diez años, para hablar con nosotros.
Parace ser que en clase de mi hijo
una de sus compañeras es chinita y en algunas ocasiones la saluda con un "Hola china" pues bien,nos han llamado la atencion para que procuremos que nuestro hijo no llame china a una china pues ésta se puede sentir insultada ó discriminada o yo que sé...
Lo mismo pasa con un compañero un año mayor que él, éste es de raza negra y tampoco le puede llamar negro porque se puede indignar.
Y tampoco se les puede llamar a los moros, moros, porque parece que no está bién.
Yo le pregunté a la tutora que si visitábamos por ejemplo Turquía como así fué hace dos años como debíamos llamar a la gente que allí habita, ¿moros? No.No. nos dijo
¨hay que llamarles por ejemplo...musulmanes¨A lo cual le
dijimos que éso es un apelativo religioso para alguien de un país proclamado
laico y con mucha población cristiana. La pregunta quedó sin respuesta.
¿Como podemos hacer entender ésto a nuestro hijo?
Le dije que si no le parecía absurdo a lo que habíamos llegado.
Ella levanto los hombros como queriendo decir ¿Esto es lo que hay!
Esto es verídico, puedo aportar nombres e incluso nombrar el centro educativo si hace falta.
¿Qué os parece?
besos a todos
Vanessa

Anónimo dijo...

Vanessa,

en mi opinión no es tan importante la forma como la intención. Y cuando la intención puede ser confusa, lo mejor es ser exquisito en las formas. Sobre todo, cuando ciertos términos no son necesarios, indispensables, fundamentales.

Quizá ahora se use con demasiada generosidad la palabra "discriminación". Pero basta con que algo se diga o se haga con la intención de hacer sentir a otro, ya no inferior, sino simplemente incómodo, como para que, si puede evitarse, se recomiende hacerlo. Y cuando la personalidad de un hijo se está formando, son responsabilidad nuestra, de los padres, los valores que se ponen a su disposición, para que un día él, según su criterio, su experiencia personal, su propio carácter, los adopte o los rechace.

Esa niña no tiene más remedio que convivir a diario varias horas con tu hijo. Y sería positivo que tu hijo ya pudiera ver en esa niña algo más que a una china. Aunque lo sea, que no te quepa la menor duda, ella sabe que lo es. No necesita que nadie se lo haga constar cada mañana, no se sabe para qué... Creo que eso es lo que, de un modo más o menos acertado, trataron de decirte desde el colegio. Quizá yo lo he interpretado mal, pero es lo que he entendido.

Ese saludo, aunque no sea habitual, aunque sólo se haga de vez en cuando... ¿se hace con intención simpática, cariñosa, cálida...? ¿O es la forma más certera de hacerle saber, no que es china, que insisto, lo sabe, si no que es "diferente", por si acaso hay momentos en los que no se da cuenta de que lo es? El resto del tiempo, la relación ¿es cordial, es respetuosa, es fluída, con tu hijo y con todos los compañeros...? Si así fuera, creo yo que ese saludo no hubiera trascendido hasta el extremo de llamaros a los padres para informaros.

Digamos que yo tengo compañeros de trabajo que son miopes. Otros que sufren de obesidad, y otros que tienen alopecia precoz. ¿Es necesario que yo les salude por las mañanas con un "hola miope, hola gordo, hola calvo", aunque me avale la realidad? ¿Qué gano yo con tanta franqueza? ¿Qué ganan ellos soportando una situación que no les es agradable, aunque responda a la verdad? ¿No es más sencillo simplemente un "hola, Pepe", "hola, Manuel", "hola, Fernando", y punto?

Todos podemos hacernos los locos respecto al mensaje subliminal que una palabra, dicha en según qué momentos, con según qué tono, y hasta con según qué expresión facial, puede estar queriendo transmitir. Y si uno no tiene la intención de ofender, de discriminar, de incomodar, y tiene la mínima duda de que lo hace, cuesta muy poquito evitarlo.

Podemos hacernos los locos para justificarnos ante los demás, pero, en el fondo, sabemos lo que queremos decir y cómo hacerlo. Y si no lo sabemos, a los diez años, o a cualquier edad, cuando en el colegio o en cualquier otro entorno que se escapa a nuestro conocimiento directo nos lo hacen constar, es un momento idóneo para aprenderlo, y es nuestro deber, como padres, enseñarlo. Enseñarles a modular su forma de relacionarse. Si consideramos que la expresión está en la línea de la carga de intención, no hay nada que rectificar. Si no, habrá que enseñarles, si lo sabemos nosotros, por supuesto, a que sintonicen ambos aspectos del lenguaje.

Respecto de la población de Turquía, no entiendo tanta complicación, ni por tu parte, ni por parte de la profesora. Yo lo encuentro muy sencillo: son, simplemente, turcos.

Un besote enorme, y si quieres que hablemos más del tema, aquí estoy.

María.

Anónimo dijo...

Querída María;
No sabes lo que te agradezco tu opinión,a veces nos "enquistamos"
en nuestra verdad como si fuera la única y amenudo necesitamos de los demás para entender que nuestra verdad puede ser más amplia si nos ponemos en el lugar opuesto.
por eso, Gracias por tu comentario y por tu educada crítica.
No obstante, quisiera dar unas pinceladas al tema.
Tengo un amigo,Fredy,gran persona
Nacido en una aldea de Chad.
Algúna conversación hemos tenido del tema que nos ocupa y recuerdo como un día me decía que a él no le gustaba que le llamaran persona
¨de color¨ prefería la palabra ¨negro¨porque también él tenía derecho a tener un color como los blancos.Esto es verídico.
Los cubanos llaman a su novia como
¨mi negra¨ hay canciones populares en mente de todos que lo verifican.
¿Porqué aquí enonces tiene que haber controversia con estos conceptos?
Querida amiga negro,moro,chino,blanco,etc. son palabras que definen rasgos, no puede haber intención en ellas porque ¨definen¨no ¨valoran¨
tiene tanta dignidad un negro como un blanco ¿porque entonces se considera peyorativo la palabra negro?
Mi teoría es que hemos llegado hasta tal punto de ser ¨politicamente correctos¨que estamos obligados a cambiar nuestra forma de hablar solo porque alguien nos ha dicho que pueden crear controversia.
Me apuesto cuatro a uno a que tú de pequeña veías a un negro y lo llamabas negro ¿me equivoco? ¿por que ahora piensas que la misma palabra puede tener otra acepción?,
el diccionario de la RAE no lo reseña así.
Moro, antígua palabra hispana, derivación de la palabra latina¨maurus¨define racialmente al nacido en Mauritania o zonas limítrofes nunca ha sido utilizada esta palabra en sentido peyorativo.
y respecto la la niña china, sus padres tienen un restaurante chino.
créeme que me resulta complicado
explicale a mi hijo, que ir a comer al restaurante chino está bien pero
saludar a su amiga del alma como
¨hola china¨está mal, sobre todo
cuando tu hijo es deficiente siquico.
A mi, sí que me dolió que alguien utilizára la palabra ¨borderline¨
para definir en éste blog al señor Blanco (que no es santo de mi devoción), pero
es comprensible quizás quien utilizó esa palabra no tiene un hijo como el mío.
He hablado demasiado, lo siento.
besos a todos
Vanessa

Mauel Lopez dijo...

Estoy deacuerdo plenamente con Vanessa.Su argumento me parece de una lógica aplastante, lo demas es
demagogia.

Anónimo dijo...

Pero entonces...Los turcos son
¿blancos, negros ó moros?
de algun modo hay que definirlos.
duelo entre chicas. bieeeen
las chicas son guerreras.
Me convence más Vanessa.

Anónimo dijo...

Está claro que estamos bajo la dictadura de lo políticamente correcto, hasta tal punto que
nos hacen cambiar nuestra forma de expresanos para "no molestar"
todo impuesto por la falsa progresía
que se crée mejor, más buena, más moderna, más "GUAY" que los demás.
La opinion de Vanessa es aplastante
María, ¿no estarémos buscándole tres pies a un BLANCO? ja, ja, ja.
Yo también llamo (con todo respeto) negro a un negro y moro a un moro
si le molesta a aguien es problema de él.
Nos la estamos cogiendo con papel de fumar y a mi por lo menos no me harán comulgar con rueda de molino.

Anónimo dijo...

Vaya, Vanessa, eso que me cuentas le da otro perfil a la situación que comentas del colegio.

No porque piense distinto. Pero en el caso de tu hijo, tal y como lo cuentas, no se le presupone ningún afán ofensivo, ningún interés en resaltar, a la baja, las diferencias de esa niña respecto a uno mismo.

Quizá en el colegio, que quiero suponer estarán al tanto de estos matices, lo sabrán, pero han tratado de medir con el mismo rasero a todos, y si no se lo permiten a los demás, tampoco a tu hijo, aunque sepan que no es igual. Pero si se lo admiten a tu hijo, quizá estén dejando una brecha para que los demás se apoyen en esa licencia a uno de sus compañeros, y en el colegio, si en casa no se lo enseñan, tendrán que corregir esa forma de dirigirse a los demás, porque no es la más acertada, ni la que trae mejores consecuencias para uno mismo. Hablo por hablar, ya que desconozco realmente si en el cole de tu pequeño hay problemas de este tipo, o es que han llevado la exquisitez a su punto máximo, pasando como una apisonadora por cualquier aspecto que haga diferente a una persona de otra.

Yo tengo dos hijos pequeños (algo más pequeños que tu hijo), y trato de enseñarles que no hay esfuerzo alguno en dirigirse a las personas por su nombre, cuando se particulariza. Y si no se sabe el nombre, se obvian las características que adornan al otro. Máxime cuando son confusas (un “hola, guapa”, no suele ser dudoso, salvo que sea un adefesio manifiesto, pero un “hola, gordi”, si el otro es “gordi”, pues no sé qué te diga, si puede evitarse… jejejejeje, mejor ¿o qué?) Ellos, creo yo, que hoy por hoy, no tienen ningún problema en este aspecto. Saben que su compañero Ronaldo es negro, pero cuando lo ven por la calle, le saludan con un "adiós, Ronaldo", y no con un "adiós, negro"...

Cuando uno NO se refiere a una persona concreta, sino a un colectivo, si se tiene que hablar de sus características personales, porque es la única forma de determinarlos, si son negros, son negros; si son moros (o musulmanes, porque aunque sorprenda, hay a quien llamamos moros por sus características físicas, siendo cristianos, como hay blancos musulmanes...), son moros; y si son chinos, son chinos; si son los gordos, son los gordos; y si son los calvos, son los calvos… ¡caramba, es de cajón!

Pero es cuestión de educación, de manual de primero, que dirigirte a una persona por sus características personales es una falta de la misma, una falta de recursos sociales, o una puesta en evidencia de una segunda intención, que va más allá que la simple de llamar su atención. Fíjate, aunque a una tía buena se le diga “hola, tía buena…”

Hablo generalizando, con los riesgos que eso implica, cuando llega el momento de particularizar.

Y, sí, cuesta muy poquito ser "políticamente correcto", desde la forma en que yo lo veo. Cuesta poco, pero ¡claro!, para eso hay que tener habilidades sociales, tener maneras. Saber que para dirigirte, de tú a tú, a un moro, a un negro, a un chino, a un cojo o a un calvo, puedes usar sencillamente su nombre. Sin más. E insisto, si no conoces el nombre, se obvian las alusiones a otros aspectos… Un sencillo “hola” es menos tenso. Ahora bien, si uno busca esa tensión… allá cada cual…

Respecto de las formas de hablar según las zonas, según los países, incluso según los grupos humanos... bufffff, es muy largo y complicado. Yo he vivido algún tiempo en Bruselas. Allí, los españoles e hijos de españoles, con total naturalidad, llaman a las chicas "chocho" (en Andalucía, también, "shosho" a ellas, "joputa" a ellos). Ellos han vaciado de contenido esa palabra, y ya no ven en esa expresión ninguna referencia a esa parte del cuerpo de la mujer. Porque "chocho", donde yo me he criado, sí tiene contenido, y que alguien me viera solo como eso, me parecía humillante. Pero allí, no lo era, ni lo pretendía. Y eso me costó a mí una bronca comprenderlo, cuando al primero que me lo dijo le contesté que el "chocho, el que yo te diga, el de tu madre, sin ir más lejos...", jejejeje... pa'qué cómo me pusieron de fina... que me amenazaron con denunciarme y todo, porque allí la madre es intocable (vamos, que para llamar hijo de puta a alguien sin querer ir a la comisaría, tenías que aludir a la puta de tu hermana, que aunque se fuera hijo único, se captaba el mensaje...). Entonces era así, no sé si hoy seguirá igual...

A eso es a lo que yo me refería cuando hablaba de la intención del hablante. En la situación que yo vivía en Bélgica, no había ninguna intención de ofender, era como una muletilla que uno dice, incluso afectuosamente (como cuando uno llama "hijo de puta" a un amigo, salvo que su madre haya ejercido, efectivamente, tan controvertida profesión -¡qué diferente es de cuando uno se lo llama al jefe, normalmente procurando que no lo oiga, o al que le ha provocado una situación de riesgo en el tráfico...- ¿a que es distinto? Y sin embargo, ¡es la misma expresión!...)

No es cuestión de acepciones. La RAE no suele llevar muy al día ciertos matices del lenguaje, aunque lo intenta, lo intenta. Pero mira, por ejemplo, recoge como “hijo de su madre” tanto al que quiere llamar a otro “hijo de puta”, como al que quiere decir que un hijo se parece mucho a su madre. ¿Qué distingue la aplicación de una u otra acepción? El contexto, la situación, pero, ante todo… la INTENCIÓN.

El día que en España sea habitual dirigirse a otras personas por su color de pelo, por su sexo, por su nacionalidad o por su raza, y esas expresiones se vacíen de contenido, no habrá ningún problema en hacerlo, porque será lo mismo decir “hola, chino” que “hola, chaval”…

Pero, hoy por hoy, ciertos términos suelen llevar una carga de profundidad que no admitimos socialmente. Esa es, para mí, la hipocresía. Que yo llamo a un negro, negro, no porque sea negro, si no porque quiero que el negro sepa que yo, como blanco, estoy jugando en mi terreno, y él no. De otro modo ¿para qué? ¿para informarle de que su color de piel es más oscuro, por si no se había dado cuenta, que igual ni lo había notado, y nos agradece el dato?

Aquí estábamos hablando de un saludo a una persona concreta, no de alguien que se refiere a un colectivo.

El decir que yo llamo negro a un negro porque lo es, y si le pica que se rasque porque no me interesa ser educado, ya pone en evidencia cuál es la intención del que habla. Veríamos que responder si los negros nos llaman, en nuestra propia “casa”, “oye, blanco”, o los moros, “oye, cristiano…”, ¡jo’er!, ¿qué no tenemos nombre? ¿qué se habrá creído el negro éste…? Pues lo primero que miraríamos sería la intención con la que se dirigen a nosotros, y una vez captada, reaccionaríamos de una forma u otra. Exactamente igual que si tú vas a trabajar a una empresa en el extranjero y todos te llaman “español”… hasta que entiendes que es una forma de dirigirse a ti sin voluntad agraviante, te puedes pillar un mosqueo… aunque te sientas español por los cuatro costados… Y depende de la rapidez con que comprendas esa intencionalidad, para que lo encajes mejor o peor.

Otra cosa es cuando hay una confianza sobrada que te permite ese trato. Yo tengo un amigo marroquí, moro, bereber para más señas, de total confianza, de una mentalidad abierta y que ha comprendido que la sociedad en la que vive no es ni parecida a la que dejó atrás, y no solo la respeta, es que la asume con total naturalidad y hasta con agrado, que no consintió que su hija fuera a una escuela de Islam, pese a que otros musulmanes fueron a buscarla, aquí en España, porque quería enseñarle él sus principios de una forma abierta y tolerante, dándole él la libre opción de elegir según su propio criterio, y que a veces me da consejos más que sensatos, casado con un bombón español (jejejejeje, si me lee Isabel...) y cuando le reprocha los escotes de vértigo a su mujer, no me corto en decirle "qué moro eres, chaval...", sobre todo porque su mujer ya le ha dicho "anda, calla, que se te ve lo moro...", jajajajajaja... pero cuando miro a mi marido, le veo cara de "si yo pienso igual que él..."... y, sin ser moro, le cae la misma... por moro…

Ah! y no veáis cómo me duele estar perdiendo el debate… jejjeejejeje… pero yo a mis hijos les seguiré enseñando lo mismo. Llamadme testaruda, si queréis, pero es que creo que es lo correcto, y son simplemente, mis principios. Dejo al margen lo de la progresía. Yo tengo muchas formas de transmitir mis ideas, y dejo que los que ofendan sean los demás. Eso, si no saben o no pueden hacerlo de otra manera, les define. A ellos y a sus ideas.

No comparto, A PRIORI, ni siquiera la adopción internacional masiva (lo encuentro pelín batiburrillo, así, a bulto, jajajajaja), así que ya ves tú…

Comprendo que este tema es una calavera a la que se le pueden sacar muchos pelos, pero también creo que si uno se pone a pensar en serio qué quiere comunicar cuando habla... la calavera es calva.

Un besote ENOOOOOOOORME.
María.

Anónimo dijo...

Para verlo de otro modo, y ahora sí, abreviando:

Vanessa, ¿encajarías con elegancia que un compañero de tu hijo lo saludase cada mañana con un "hola, deficiente", aún sin intención de insultar, simplemente constatando una realidad, por muy cariñoso que fuera el motivo? ¿No lo verías, no sólo innecesario, sino como una puerta abierta a aquellos que sí tuvieran esa malsana intención, esa falta de principios? ¿Le afectaría a tu hijo? Y si así fuera ¿no tratarías de evitar tanta "sinceridad", aunque el que se lo dijera fuera otro chico con las mismas características del tuyo?

¿Acaso no tiene un nombre tu hijo, para que no sea simplemente "el tal, o el cual...", sino "fulanito o menganito"...?

Pues en el trato personal, en el directo, apliquemos, y enseñemos a aplicar, las mismas pautas que nos gustarían a nosotros. Las que nos gustarían, independientemente de que los otros lo hagan bien o mal. Es la mejor forma de actuar por acción (por valores propios, por principios) y no por reacción (según lo que hagan los demás).

Por otro lado, en puridad del lenguaje, en el mundo no hay blancos ni negros: "los habemos beiges, más o menos claritos, y marrón oscuro, más o menos oscuros"... jajajajaja...

El día que yo vea a un blanco, blanco, o a un negro, negro... me recogen del suelo... dos veces jajajajaja...

Veeeeeeeeeeenga, que ya acaaaaaabo...

María, another time.

Ricardo llul dijo...

Vamos a ver, María;
No es lo mismo saludar a álguien con un "Hola miope" ó "Hola gordo" que
"Hola china" Los dos primeros exaltan
defectos, el tercero nó, porque ser chino no es ningun defecto ¿Lo entiendes?
No se trata de perder ó ganar ningun debate, si somos un poco inteligentes
serémos capaces de integrar alguna idea nueva y enriquecedora en nuestra vida.Eso sí tendremos que esforzarnos un poco en cultivar la tolerancia y el respeto por los que difieren de nuestro criterio.
cita"yo tengo muchas formas de trnasmitir ideas y dejo que los que ofendan sean los demás"
yo creo que tengo bastantes menos recursos para transmitir ideas pero me alcanza para observar que tienes un ego como una casa
Y entonces...Los que no pensamos como tú ¿ofendemos? ¿Acaso pretendes sentar cátedra con tu única opinión?.
No quiero ni debo tomar parte por nadie , pero déjame decirte que al menos, Vanessa deja puertas abiertas a sus planteamientos y eso me gusta.Pero a ti...
¡Por supuesto!¡Que te van a decir a
tí que tu no sepas!
Puedes retorcer una verdad hasta que que los extremos se toquen,éso
parece que no se te da mal,

Anónimo dijo...

Ostras!, Ricardo, entras fuerte ¿eh? jajajajajajaj… Mamma mía, si me ha dejado como un trapooooo…

En un parrafito, así, sin respirar, me has dicho que soy intolerante, poco inteligente, egocéntrica, que retuerzo la verdad… ¡caramba!, efectivamente tendré que replantearme cómo comunico, porque te aseguro que no pretendo parecer ninguna de esas cosas, porque no lo soy.

Pero por más que releo mis mensajes, no alcanzo a ver de dónde, de qué frase, de qué expresión, se puede desprender que soy intolerante, por ejemplo… Bueno, a lo mejor lo soy y no me he dado cuenta, pero trabajaré en ello…te lo prometo… Gracias por ponerme delante de un espejo (matizo, a mí misma, delante de mí misma, que no haya malas interpretaciones...)

En primer lugar, no. Los que no piensan como yo, no me ofenden. En la mayoría de las ocasiones me enriquecen. Me reafirman en mis ideas si éstas son sólidas, o me hacen replanteármelas, si de pronto descubro argumentos que antes yo no había tenido en cuenta. Y lo agradezco. Porque me doy cuenta de lo mucho que me equivocaba antes por falta de conocimientos, por una visión sesgada del asunto. Y avanzo. Vamos, eso creo… que a lo mejor resulta que voy para atrás... Lo pensaré.

Cuando hablo de los que ofenden y se califican solitos me refiero a aquellos que no tienen otra forma de transmitir sus ideas que acercándose a un palmo de tu nariz y gritarte un “tú lo que eres es un…”. De esos he visto muchos, sobre todo en los últimos tiempos, con un ambiente social bastante crispado, a lo mejor, precisamente por los que decían que eran los otros quienes crispaban; alguno que entra al blog a decir que es una mierda, pero no argumenta su postura, por ejemplo. El que explica sus ideas, si las tiene, o simplemente dice que no las tiene, no me ofende. ¿Para qué?

En ningún momento he impuesto mi criterio. La alusión que hago a "perder el debate" está hecha con toda la simpatía del mundo, por que todo esto, en un blog, es bien parecido a un juego de ideas, en el que, bien mirado, todos ganan. Unos seguridad en sus "teorías", otros viendo las cosas de otra manera. Todo puede ser bueno.

Una cosa es imponer y otra exponer. No he descalificado. A nadie. Es más, en algún punto digo que “allá cada cual…” ¿eso es querer llevarse el gato al agua a toda costa?

No me duelen prendas de decir que a mí Vanesa también me gusta. Expone con educación, no insulta, da argumentos más o menos sólidos y se abre al debate. Y yo entro al debate, porque soy libre de hacerlo, creo que expongo con educación, creo que no insulto (si he insultado, vayan mis disculpas, ya que no era mi voluntad), creo que doy argumentos más o menos sólidos y me abro al debate. Pero de una opinión distinta. Esa es la diferencia, la maravillosa diferencia. Y no pasa nada.

Mañana cada una seguirá sus propias ideas si las de la otra no le parecen convincentes, y tan amigas. Y si algún argumento le ha parecido interesante, quizá matice un poco sus ideas, y tan amigas…

En fin, Ricardo, que no voy a volver a explicarte mi forma de ver el asunto porque creo que está muy trillado. Sigo pensando lo mismo, aunque entiendo que hay gente que no lo ve así. Pero seguiré diciendo a mis hijos que referirse o dirigirse a alguien por una característica física o personal, cuando no es absolutamente necesario, me sigue pareciendo de mal gusto, pareciendo, A MÍ, (si hablando de “Ronaldo”, alguien no sabe quién es, entiendo oportuno decir “el negro”, sin más problemas, pero si sabe quién es, Ronaldo es Ronaldo, porque el hecho de que es negro es obvio); que cuando se conoce el nombre, es mejor usarlo, cuando el otro no te ha dado todavía la suficiente confianza como para dirigirte a él de otra manera; que cuando uno se refiere a un colectivo, puede hacerse necesario usar aquella característica que los define (los chinos, los ciegos, las rubias, los altos, los psicólogos, los abogados, los jefes de protocolo, los enanos, los contables o los auditores de cuentas, los indios o los vaqueros...) y ya está. No sé dónde está el problema o la hipocresía...

Por cierto, ¿no podría ser que lo que tú ves como prepotencia sea simplemente conocimiento de causa? A lo mejor, digo a lo mejor, a este asunto y a otros similares me enfrento con bastante más asiduidad que la simple maternidad, y la vida te da unas lecciones...

Siento, Ricardo, que me veas tan retorcida, porque creo que estás, al menos en eso, equivocado. Y déjame que de mí misma entienda un poco... aunque la culpa de ese error no la tengas tú, si no la forma en como me comunico. Ya te he dicho que lo pensaré, y seguro que tú tienes tu parte de razón.

Pero no se puede gustar a todo el mundo, y sigo creyendo firmemente en esto que ya he dicho, paradigma para ti, por lo que veo, de la intolerancia, de la poca inteligencia y de la prepotencia:

(Copio)

En el trato personal, en el directo, apliquemos, y enseñemos a aplicar, las mismas pautas que nos gustarían a nosotros. Las que nos gustarían, independientemente de que los otros lo hagan bien o mal. Es la mejor forma de actuar por acción (por valores propios, por principios) y no por reacción (según lo que hagan los demás).

Un cordial saludo. Y mi mano.
María.

Anónimo dijo...

Bueeeeeeeno, vaaaaaaaaaale, veeeeeeeenga...

Que mi marido dice que un poco chulica sí que soy... grrrrrrrr... y que los niños, mucho "hola, Ronaldo", "hola, Ronaldo", pero "mira cómo tienen el cuarto..."

Si es que una no llega a todo... jjajajajajajajaja...

Un besote grande.
María.

Anónimo dijo...

Tranquila María,
¿No será que lo que tu necesitas
para tranquilizarte es una buena
APOYA DURA? de argumentos quiero decir. Jua, Jua, Jua,
¡Me gusta éste blog, me gusta, me gusta, me gustaaaaaaa!

Anónimo dijo...

Garzón no le llega a Calatayud ni a la suela del Zapato!!!