
Uno de los apelativos (vamos a llamarlo así…) que más celebro de la colección que Federico Jiménez Losantos dedica a políticos y otros seres humanos es tildar a Fraga como Homo Antecesor del PP.
No negaré que me reí bien a gusto la primera vez que lo oí. Generalmente Losantos y Carlos Herrera suelen tener acierto, cada uno en su estilo, a la hora de satirizar sobre los personajes de actualidad, pero me parece que calificar a Don Manuel de semejante modo es bordar con hilo de oro el marco de su fotografía.
Ni voy a hacer aquí una loa del Sr. Fraga, ni voy a masacrarlo con todo eso que tanto crítico mediocre ha dicho sobre él, sin ahondar en su figura ni en lo que pueda haber representado para España. Ni voy a poner en duda su capacidad de trabajo (sería yo un cretino si me atreviera), ni voy a recordar que fue ministro de Franco y todos esos tópicos de analista facilón. Tengo muy claro lo que opino de él y a estas alturas no creo que cambie mi parecer. Pero sí que hay algo que deseo criticar desde hace días. Criticar o demoler; que cada uno juzgue.
Me parece acertado lo de “homo antecesor” porque creo que Fraga, el totémico Fraga, lleva demasiado tiempo disfrutando de su especial status de “Don Manuel”. Como un Dom Vito gallego al que toda la familia le besa la mano y ante el que nadie se atreve a contradecir. Ni los Esperancistas le afean cuando dice de la Aguirre que habla sandeces, ni los Marianitas cuando le llama cretino al arrojado transeúnte que le pide la dimisión en plena calle.
Cuando suelta la boca y el gesto, Fraga es como la gran bola de piedra que se precipita sobre Indiana Jones en aquél pasadizo, como el alud que arrasa cien abetos antes de arrollar a los esquiadores pequeñitos de ahí abajo. ¡Allá va! ¡Al asalto! Los muros caen, no por trompetas de Jericó, sino por su voz de trueno, como cuando le gritó “estése quieta, imbécil” a la maquilladora de un documental que se rodaba para la TVG de hace un porrón de años.
Pero el tótem tiene grietas, si es de piedra. O carcoma, si es de madera. Tanto da. O no es tan fiero el Padrino como lo pintan, o a estas alturas a decidido moderarse, o ya no da mas de sí. En cualquier caso, a mí me suena a broma – hace años me habría ofendido – que Fraga se denomine a sí mismo como de centro reformista, al igual que Obama. ¡Que alguien le pare, antes de que descarrile!
Con el cariz que están tomando las cosas en el PP, un insulto de Fraga pronto será como un halago, una medalla. Yo también soy cretino. Yo también quiero que dimita.