15 de septiembre de 2008


¿Será cierto que Miguel Sebastián pretende poner en marcha un observatorio de precios para hacerlos públicos? ¿Podría esta medida ayudar a frenar la escalada de precios que venimos sufriendo desde hace tiempo?


En un programa al que llamaban oyentes para opinar al respecto, había quienes creían que se trataba de otro rumor más, bien para saber si la idea sería bien acogida, bien como nueva distracción para evitar que se hable de otros asuntos. Otros defendían la idea, porque decían que, igual que se puede consultar por internet el precio de los combustibles cada día y la estación que los vende más baratos, podrían consultar el precio de los alimentos básicos antes de adquirirlos.


No faltó quien atacó directamente al gobierno por intervencionismo encubierto sobre las grandes superficies e hipermercados.


A mí, en principio, se me antoja que sería bastante complicado conocer on line los precios de los productos de cada empresa, con la periodicidad suficiente para que los consumidores pudiéramos disponer de información real y actualizada antes de salir a comprar. Complicaría el trabajo diario de las administraciones de los centros de venta, entre otras cosas. Por no hablar del nulo – creo – efecto que tendría esta especie de escarmiento en los precios de las materias primas en origen, o en los procesos de manufactura y envasado antes de llegar al gran público.


Por otra parte, se me ocurre que esta medida podría incluso ser denunciada por otras marcas de supermercados como publicidad encubierta por parte del estado. Si, como suele ocurir, la cadena de supermercados A tienen el precio del Brick de leche de marca blanca a un precio habitual de 0,67 €, precio que solo aparece en promoción u oferta en los supermercados B, normalmente más caros, la publicación de estos precios en una web ministerial induciría a los consumidores a dirigirse a A mucho más que a B. No creo que eso sea el papel del Ministerio de Economía.


Mi conclusión no puede estar basada en extensos conocimientos de economía de mercado, porque no los tengo. Pero sí soy comprador habitual, como cualquier otra persona que llega a casa con las bolsas del Día, del Lidl, o de cualquier otra marca. Creo que cualquier comprador habitual tiene el suficiente criterio para conocer los precios de los productos más habituales de la cesta de la compra. La mayoría de los consumidores, incluso antes de estos tiempos de crisis, decidimos qué artículos comprar y dónde. Con periodicidad semanal recibimos en el buzón las hojas de ofertas de cada cadena de tiendas. Tenemos información de sobra para conocer los lugares donde ahorrar, escogiendo lo que compramos y marchando a otra tienda para buscar lo que esté allí a mejor precio.


Sí creo que hay un sector de los consumidores que debería abandonar ciertos prejuicios y educarse mejor, sobre todo en estos tiempos que corren, antes de pagar por un artículo de marca conocida un treinta por ciento más de lo que pagarían por otro de marca blanca que, en muchísimas ocasiones, está fabricado y envasado por la marca famosa para una cadena de supermercados. Ejemplos como este y otros muchos son los que nos ayudan a ahorrar dinero, a poder llenar más el refrigerador de casa y a poder llegar mejor a fin de mes. Es decir; deberían conocer y asumir que muchos productos de marca blanca solo se diferencian de los anunciados en televisión en el nombre y el envase.


No creo que realmente haga falta un plan como el que pretende poner en marcha Miguel Sebastián. No lo considero una medida efectiva para ayudar a los ciudadanos en esta crisis. Como consumidor me interesa más que las autoridades tomen cartas en el asunto de posibles precios pactados en banca, en operadoras de telefonía, en combustibles, o en otros productos que el usuario tiene que consumir por obligación.


En cualquier caso, el tiempo dirá si el plan de Sebastián se lleva a cabo y si funciona.


3 comentarios:

Andrés Álvarez dijo...

Yo me muestro escéptico. Regular los precios de mercado es casi imposible, principalmente por que el precio se forma por la interacción de los costes de producción, que depende de las entidades productoras, y la demanda de los consumidores, dependiente de cosas como la renta disponible o la capacidad de ahorro.

Pero si estoy de acuerdo con que se regule y se controle la oferta bancaria, la de telecomunicaciones o la de los combustibles, todas ellas sensibles a las estrategias entre empresas y a la especulación.

Saludos.

Roberto E. dijo...

Yo tampoco creo que esa medida. Tenemos suficiente criterio para informarnos y saber donde se puede comprar mejor, así que me parece un intervencionismo descarado, que luego no se da en donde hace falta, como en los sectores que habéis dicho antes.

caron dijo...

Estamos gobernados por incompetentes. Es para echarse a llorar, y luego seguir dandonos golpes en el pecho por lo bien que esta nuestro pais y lo mal que lo hacen los otros. que nivel.

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