14 de septiembre de 2008


La Expo 2008 de Zaragoza ha finalizado. Se acabó de una vez. Por fin.

Para mí, que vivo en el extrarradio de la ciudad, esto es como una liberación. Particularmente, yo no he sufrido molestias de tráfico, ni aglomeraciones de gente, ni nada por el estilo. Confieso, además, que no he aparecido por la Expo porque las cuatro o cinco cosas que me interesa ver permanecerán en su ubicación original, de modo que estarán ahí cuando yo decida visitar el recinto, del que hay muchas posibilidades de que se convierta en parque empresarial.


Digo que el fin de la Expo es una liberación para mí, porque hace tiempo que yo estaba ya harto de oír noticias sobre el certamen, reportajes, anécdotas y demás informaciones a diario, en cada conexión local de los canales de radio y televisión que sigo habitualmente. Semejante saturación provoca en mí el efecto contrario a lo que se pretende: me niego a consumir el producto. Exactamente igual que cualquier marca de colonia que, en épocas de regalos, se anuncia cada 10 minutos, en todos los intermedios, desde las siete de la mañana hasta las 2 de la noche.


En los medios de información, así como en la comunidad Blogger, habrán valoraciones de sobra, e infinitamente mejores todas ellas que la que yo pueda hacer, en las semanas que se avecinan. Valoraciones a favor, por la proyección internacional y las mejoras en infraestructuras que pueda haber obtenido una de las ciudades más grandes y desconocidas de España, y valoraciones negativas, como las que ya se están dando sobre la rentabilidad negativa de la propia exposición. Costará digerir tanta y variada información.


A lo que no puedo yo negarme es a manifestar lo que para mí ha sido el gran olvido de esta Exposición Internacional, que ha pretendido lanzar el mensaje al mundo de que el agua es un bien preciado que es necesario gestionar con inteligencia.

La Expo, como proyecto, nació en medio de la polémica del trasvase del Ebro hacia levante. Como realidad, cuando ya era un hecho su adjudicación para Zaragoza, siguió creciendo en medio de la misma polémica. Y aún durante su celebración, en estos pasados tres meses, se han vivido episodios reivindicativos en la misma línea.


El agua, como ha quedado claro, puede ser a un tiempo fuente de riqueza y objeto de polémica. En este caso, inmersos los organizadores en toda la vorágine de actos, visitas oficiales y días nacionales, la propaganda del agua ha olvidado honrar como se merece a una de las figuras históricas más relevantes de la historia moderna de Aragón y España. Durante todo este tiempo, tan solo he oído, en un programa de radio, una referencia de apenas dos minutos a Joaquín Costa.


La obra de Costa, nacido en Monzón, provincia de Huesca, basada principalmente en publicaciones y discursos sobre derecho, política agraria y gestión de regadíos, abrió las puertas a una nueva visión en la convulsa España de las últimas décadas del siglo XIX y primera del XX. Quien terminó su vida como uno de los referentes de la vida política española, respetado y apreciado incluso por sus oponentes políticos, hoy es desconocido para el gran público, y prácticamente ignorado en muchos libros de texto de la asignatura ciencias sociales que usan actualmente los estudiantes de Secundaria.


Hablar de Joaquín Costa es hablar de un ejemplo de dedicación a un ideal, se pueda estar de acuerdo con él o no. Con su capacidad de trabajo dejó un legado que no se debe olvidar. Muchas de las ideas que él trazó se han visto renovadas en la actualidad, pero otras, como la reivindicación de regadíos para tierras de clima semidesértico, muy próximas al cauce del Ebro, fueron ignoradas por quienes tenían en aquel tiempo la autoridad para llevarlas a cabo, primeros culpables de que hoy en día, cien años después, a escasos kilómetros del río que se supone más caudaloso de España, exista una comarca árida que bien podría haberse convertido en próspera área agrícola.


Joaquín Costa luchó una y otra vez contra los poderes establecidos que dominaban la mayor parte de los recursos económicos del país. En varias ocasiones discursó a favor de liberalizar diferentes sectores de la economía nacional, entonces estancados, y rentables solamente para las familias propietarias, con la connivencia del Estado. Defensor de lo que él daría en llamar “Regeneracionismo”, pretendía impulsar la restauración agrícola e industrial de una nación empobrecida desastre tras desastre, ya fuera por guerras exteriores o civiles, crisis económicas o malas gestiones de los gobernantes.


Para quienes tengan tiempo y ganas, me gustaría invitarles a descubrir a Joaquín Costa, porque, conociéndole, se aproximarán también a figuras insignes que se relacionaron con él y comprenderán mejor los motivos de algunas situaciones en la vida posterior de España durante las siguientes décadas.

Aviso: Como suele suceder habitualmente, conocer a algunos hombres de estado del pasado, su vida, su historia y sus méritos, hace perder la fe en la mayoría de políticos actuales. No hay comparación posible entre estos y aquéllos.


"¡Jóvenes! Amad el trabajo y el estudio, porque son bienes que jamás se agotan; amadles, porque son amigos inseparables que en la fortuna como en la desgracia, irán siempre a vuestro lado, y derramarán sobre vuestro corazón el bálsamo de la felicidad, de la alegría y del consuelo; ¡ay de aquél que desprecie mis consejos, qué amargas lágrimas de desconsuelo derramará a su recuerdo, pero cuando sea demasiado tarde! "


Joaquín Costa.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues yo sí que he ido. La verdad es que me daba una pereza infinita, pero teniendo las entradas en casa, y niños... hummmmmmm... era cuestión de ir, más por ellos que por mí, era cuestión de llevarlos. Y en la última semana. ¡Como todo español que se precie!... jejejeje...

Y no estaba mal. Como todo, con sus buenas y malas cositas.

No he hecho ni una sola fila, por lo que solo he entrado en los pabellones que nadie quería ver, y ¡claro!, cuando entras, sabes porqué todo el mundo pasa... pero bueno... con niños es imposible plantearte dos horas y media de espera, de pie, en una fila, para ver no se sabe qué... paso. Lo que he visto, bien visto está.

También borré de mi agenda todo aquello que luego va a quedar disponible, el pabellón de España, la Torre del Agua, el pabellón de Aragón, etc... porque ya se visitará con más tranquilidad, le cedo el puesto para los que son de fuera y posiblemente no vuelvan para ver esos pabellones específicamente.

Eso sí, mucha "performance" (ahora llaman así a lo que ni siquiera tiene categoría escénica, de puro bodrio tendencioso), en las que no paras de pensar que si los que actúan no tienen sentido del ridículo, ni lo tienen los que han escrito la "obra", ni los que la han contratado, ni los que han cedido el espacio... ni los que pierden su tiempo mirándola, mientras controlan de reojo el reloj, "con la prisa que yo tengo, y aquí, a ver si acaba esto y abren las puertas"... o sea, yo misma, que sí, que me daba un bochorno...

En fin, querido Mike, que no estaba mal del todo. El espectáculo del Circo del Sol, ma-jes-tuo-so... La calidad, en todo, en la puesta en escena, en el virtuosismo circense, en el mimo de su vestuario, de todo, immmmmmm-presionante. Pero es lo que precisamente caracteriza a dicho Circo. Su calidad.

Al final, me ha dado pena su clausura. Descubriéndolo en la última semana, ahora hubiera deseado que durase un mes más para descubrir más cosas. Pero es lo que hay.


Lo que está claro es que esta Expo se planteó para después. Los mismos operarios sabían que la Exposición era la excusa. El negocio era el después. Daba igual si algo no llegaba a fecha de Expo. Tenía que llegar para después. De hecho, muchas zonas se estaban trabajando "mientras". Construían pensando en después. Esperemos que no hayan fallado hasta en eso...

Nos veremos por ahí.
Saludos.
María.

Anónimo dijo...

Vaya, perdona Mike, se me olvidó el sentido de tu post, y me he ido por los cerros de Úbeda.

Efectivamente, carencias de fondo, de mensaje, hubo tooooooodas las del mundo. Y se prestaron tribunas, altavoces, micrófonos y atención a verdaderos vaciados mentales que o no aportaban nada, o se dedicaban a recomendarnos menos duchas para ahorrar agua. Y no discuto que en épocas de carencia la higiene pueda ser una de las primeras sacrificadas, pero creo que la Expo no se planteó para recomendaciones de bolsillo... bueno, o sí. Vaya usted a saber...

Así es, Mike. Figuras como la que mencionas no tienen buen perfil en los tiempos que corren. Tienen valores, y eso... no vende.

Un abrazo.
María.

Critón dijo...

Es todo un placer, recordar como lo has hecho, a un gran regeneracionista, que sin duda alguna, sufriría mucho con el orden actual de su patria. Joaquín Costa, es para muchos, el gran desconocido. No se menciona ni en el bachiller, ni en ninguna de las carreras de Letras. Un pena. Saludos.

caron dijo...

Estoy con vosotros. Costa dejó una gran herencia que nadie recogió. No pueden malograrse personajes así. Es injusto.

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