11 de febrero de 2009



Hay una gran diferencia entre dejar de medicar a un enfermo terminal y dejar de alimentarle. Me espanta lo fácilmente que se confunde una y otra cosa. Y me espanta aún más que, entre quienes se confunden, haya muchos que lo hacen intencionadamente. Eluana Englaro no ha muerto por causa natural. Ha muerto porque alguien dejó de alimentarla, según el informe de la autopsia de la que solo falta el resultado del análisis toxicológico.


Supongo que quienes dicen defender “la muerte digna” estarán hoy algo más aliviados. Déjenme decirles algo. Hay una gran diferencia entre una muerte digna y querer acabar cuanto antes con una vida, revistiendo este acto de dignidad. Creo que Eluana murió dignamente. La mayoría de las muertes lo son. No creo que el hecho de haber acelerado su muerte le haya añadido un ápice más de dignidad. Dicen que su apariencia física estaba muy deteriorada. Para muchos, el deterioro del cuerpo como preliminar de la muerte es algo indigno, como lo es el sufrimiento. El sufrimiento en tales circunstancias nunca es deseable, pero nunca es indigno, porque no le quita dignidad a la persona que sufre. Muchos no se dan cuenta, o quizás sí, que es terrible pretender que un enfermo terminal que sufre está muriendo indignamente.


Hoy día, más que nunca, vivimos en los tiempos de la doble moral. Muchos de los que recuerdan como héroes a quienes objetaron al servicio militar para no tener que usar un arma o para manifestarse en contra de las guerras, insultan a cualquier doctor que quiera objetar y negarse a acabar con la vida de un paciente. Pretenden hacer prevalecer el derecho a quitar una vida sobre el derecho de quien no quiere quitarla. La expresión “muerte digna” ha ido ganando defensores con el paso del tiempo. Para mí es peor que una frase vacía de contenido. Es un término que retuerce el significado de la dignidad para favorecer un interés concreto. Y, como suele ser habitual en este tipo de consignas, desfavorece a quienes hayan decidido no seguir esa corriente. Muchas veces, en debates sobre este asunto, he hecho la prueba del algodón. He preguntado a algunas personas qué significa “dignidad”. No supieron explicármelo, a pesar de haber usaado dicha palabra durante tanto tiempo.


He conocido a quien supo aguardar la irremisible muerte con tranquilidad de espíritu. Tan solo pidió que no le prolongasen la vida inútilmente, pero que no hicieran nada por acortar su tiempo en este mundo. Así que llegó el día en el que solo tomaba medicinas que calmaban su dolor. De él oí las palabras más inspiradas que he escuchado en mucho tiempo.


Este es el momento por el que debo pasar. Confío en Dios y no haré nada para alterar el plan que Él tiene preparado para mí. De esta experiencia aprenderé yo y aprenderá mi familia. Yo tendré la bendición de ser cuidado por quienes me aman. Ellos tendrán la bendición de servir a quien aman.


Falleció tiempo después, habiendo sido bien atendido por su familia y amigos. No me pareció que tuviese una muerte indigna.


Insisto. Una cosa es retirar a un enfermo los cuidados paliativos, administrarle alimentación y medicinas contra el dolor y esperar el desenlace, y otra muy distinta es dejar de alimentarle para acelerar su fallecimiento o facilitarle algún tóxico que le ayude a morir. No es lo mismo esperar la muerte que buscarla.


7 comentarios:

Natalia Pastor dijo...

Precisamente,Mike,lo comentaba ayer en mi blog.
Lo que subyace es si se considera que la vida es un bien supremo y absoluto o no.
El trasfondo es si se toma el relativismo como principio también utilizable en la cuestión vital, esto es, si hay vidas que merecen ser vividas y, en consecuencia, protegidas y defendidas, mientras otras pueden ser descartadas.
¿Y quién decide a qué grupo pertenece la de cada uno de nosotros?.
¿Quién más allá de uno mismo puede determinar que se siga viviendo o no, los padres, un médico, un juez, el Estado?.
Algunos se escudarán en la dignidad, abstracción tan socorrida y maleable.
¿Qué vidas son dignas entonces y quién lo fija?.
¿Es que el ser humano se reduce a un cuerpo, a una mente, se limita a ser un animal más abatible por otros impunemente?.
En este caso se le ha reconocido el derecho al padre -quizá más cansado que su hija prefiere visitar una tumba-, del mismo modo que el aborto, delito despenalizado en tres supuestos en el ordenamiento español, quiere configurarse como un derecho de la portadora del feto a matarlo (no la puedo llamar madre).
¿Cuánto tardará en adoptarse aquí la jurisprudencia iniciada por el Tribunal Supremo italiano?.
Es pasar al reconocimiento del derecho a matar impunemente en favor de terceros.

snake dijo...

No creo que sea justo que ahora nos pongamos a juzgar a unos padres que llevan 17 años sufriendo.

Aquí la cuestión es la de la libertad. La libertad de elegir entre vivir o morir. Este derecho debe ejercerlo cada persona mientras esta viva (con un testamento vital), los familiares directos, o, en última instancia, el Estado.

Prologando la vida a algo (para eso ya no era Eluna) que está en un estado vegetativo permanente, solo se consigue prolongar el sufrimiento de los familiares.

No sé que me ha dado más vergüenza si la actitud de la Iglesia (en su línea...) o la de Berlusconi haciendo leyes a su gusto.

Malo Malísimo dijo...

Condena de muerte o condena de vida. ¿Qué es peor? Estos casos se deben analizar siempre de uno en uno. Yo entiendo que por tus creencias matengas esa postura, pero... son tus creencias, no son las mías ni las de otro. Nadie está, por mucha que sea su fe,en posesión de la verdad, nadie es quién para imponer su concepto de vida o muerte, en esos temas cada uno teje su lana. Personalmente yo tengo dicho que de máquinas, que de soportes vitales, nada, si es que sí estupendo, si es que no, ¡que le vamos a hacer!
Defendamos la vida, por supuesto que si, pero... ¿era vida lo de esa pobre muchacha?, El problema está en que cada día nos vamos a encontrar con un reto nuevo, cada día, gracias a los avances médicos, nos va a resultar más difícil morirnos. ¿Si en lugar de estar en Italia hubiese estado en Marruecos o en Tailandia habría vivido 17 años en coma?. Las motivaciones del padre de la muchacha son suyas, ni tu, ni yo, ni nadie está en su pellejo, es él, y nadie puede ni debe censurarle porque nadie sabe como actuaría en esas circunstancias, puede imaginarlo, puede suponerlo, pero la verdad, lo que resultase, no lo sabe. La mejor solución para evitar esos problemas es el Testamento Vital. Cuando estás consciente de tus actos y nada te impide actuar con libertad, así no habría lugar a dudas.
Es fácil hablar desde la distancia, es fácil hacer filosofía de vida desde la comodidad de nuestras casas. Por suerte o por desgracia no nos ha tocado a nosotros, ¡que no nos toque!, se lloran lágrimas de sángre y sé de lo que hablo.

Atila el Huno dijo...

Atila ya ha firmado su testamento vital...no desea ser mantenido vivo artificialmente bajo ningún concepto y espero que cuando ese día llegue nadie tenga la desfachatez de imponerse a mi voluntad. ¿Quién está por encima de la Libre Voluntad de Atila?

Javier Solera dijo...

Nunca me había planteado el tema de la dignidad en esta clase de casos. Obviamente, el sufrimiento no tiene porqué quitar dignidad a la persona que lo padece, pero sí puede hacerlo si es un sufrimiento artificial y añadido.

En el caso de esta chica ha habido algo que me reconcomía: los opositores a desconectarla decían que era antinatural acelerar su muerte. Pero olvidan que es antinatural el hecho de que siga viva, porque necesitaba de máquinas para vivir. Si hubiera existido esta situación hace quinientos años, ¿habría seguido viva diecisiete años? ¿O si hubiese ocurrido en Tailandia como se plantea Malo Malísimo?

Mucha gente censura la eutanasia por antinatural. Pero olvidan que vivimos instalados en lo antinatural y muy satisfechos de ello. Si vemos la eutanasia algo antinatural y la rechazamos por ese motivo, deberíamos rechazar también que se trate el cáncer, los transplantes, o algo tan sencillo como tomar una aspirina cuando nos duele la cabeza.

La ciencia debe servir para prolongar la vida pero también para evitar el sufrimiento. Y atendiendo a las posturas políticas, hipócritas a mi juicio: ¿se han opuesto a la eutanasia por principios o porque temen que el avance de nuestros derechos sociales, disminuya su poder? Creo que lo segundo, pues está claro que nunca se habían fijado en este tema hasta que, de repente, se han visto en medio de una polémica mundial.

Buen artículo, saludos cordiales.

Chocolatecontrocitos dijo...

No voy a entrar en la dignidad o indignidad de la muerte, no capto muy bien la diferencia, entiendo que no hay muerte indigna, no comprendo este novedoso "concepto".

Lo que está claro es que lo que ha sucedido poco o nada tiene que ver con una buena muerte, no tenía yo entendido que matar de hambre (que no "dejar de morir de hambre": no es que no le alimentaran, es que le quitaron la alimentación, esto es, la mataron de hambre), digo que, yo no sabía que matar de hambre era facilitar a alguien una buena muerte.

Qué cosas.

El Abogado Chalado dijo...

Magnífico el post.
Y enriquecedoras los comentarios.
En este asunto resulta especialmente repulsivo la cantidad de juzgadores que aparecen para valorar al padre.

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