16 de julio de 2009


Imaginemos por un momento que un delincuente, o presunto delincuente, comete un delito suficientemente grave como para traumatizar a una persona y a sus familiares por el resto de sus vidas.


Sigamos imaginando y encontrémonos en la siguiente situación: dicho delincuente es puesto en libertad sin cargos porque goza de impunidad por causa de las leyes que le declaran no imputable por no alcanzar la edad necesaria para tener que rendir cuentas ante un tribunal.


Y para terminar este ejercicio de imaginación, procuren figurarse cómo puede sentirse la victima de este delito, además de sus familiares, cuanto tengan que cruzarse por la calle con este delincuente que, a pesar de lo que digan las absurdas leyes del menor, puede darse perfecta cuenta de lo execrable de su actuación.


Abandonando ahora los supuestos, podemos dar gracias a los políticos que no se atreven a acometer la reforma de ciertos aspectos de nuestras leyes por el único motivo de que se les tache de antiprogresistas, por haber favorecido que un mal nacido de trece años pueda pasear libremente por la calle, aún después de haber colaborado en la violación de una niña de su misma edad.


No creo necesario en incidir en la gravedad del hecho, ni en la desgracia que acompañará a una niña cordobesa de trece años que fue violada en Baena por seis jóvenes con edades comprendidas entre esos mismos trece años, hasta el mayor de ellos, ya un adulto de veintidós. El hecho sucedido a principios de este mes, es abominable y cualquier persona de bien desea que los culpables paguen soportando todo el peso de la ley; deseo que, en España, no deja de ser un ejercicio de ingenuidad porque el adulto, una vez condenado, saldrá a la calle en muy pocos años, y los menores encausados, hasta que no cumplan la mayoría de edad, serán internados en un centro donde el mayor fastidio que sufrirán será tener que asistir a clases de jardinería o fontanería mientras esperan que pase el tiempo para volver a su cómodo centro de menores a pasar las horas jugando con la Xbox y navegando por internet.


Pero uno de los aspectos más terribles de esta lamentable situación es que uno de los violadores escapará sin más, por el simple hecho de ser suficientemente menor para no ser imputado. Cuidado; no estamos hablando de un niño de siete u ocho años. Es un chico de trece, que ya puede saber perfectamente lo que está bien y lo que está mal.


Es un “legalismo” lo que le salva de cumplir un castigo que, por otra parte, sería como unas vacaciones forzadas, tal y como les sucederá a los anteriores anormales. Y en este caso, sin conocer más detalles de los hechos y los antecedentes en las vidas de esta pandilla de impresentables, tampoco me vale el socorrido argumento de “así serán los padres y mira como les salió el hijo”. También hay padres esforzados y cuidadosos que se han esforzados en educar bien a sus hijos y alguno de estos, posteriormente, ha resultado ser un verdadero criminal.


El hecho alarmante es que este chavalito se libra sin más. Como mucho, quizás, pueda llevarse de recuerdo algún bofetón de sus padres. Pero, tal y como están las cosas, quizás no se atrevan a dárselo para no acabar denunciados por el menor ante algún juez tan sensible y humano como ladrillo, que les sancione con un dineral y con la separación de su victimizado niño.


Este adolescente acaba de comprobar ahora que es inmune ante la ley, hasta sea un poco más mayor. No tiene que restituir el daño hecho. En su situación actual, igual hubiese sido violar a una niña que robar una botella de Pepsi en una tienda pero, no nos engañemos; de ese sentimiento de impunidad tan culpable es él como los padres de la patria que tienen en sus manos la posibilidad de solucionar esta vergüenza “legal” y que no hacen lo necesario por el temor a que algún rancio populista les acuse de fascismo contra los menores.


Tampoco será imputado otro de los menores por ser discapacitado psíquico. Otro asunto que se debería abordar con valor e intención de mejorar las leyes. No sería la primera vez que un discapacitado de estas características se libra de responder ante la justicia por su condición de minusvalía. Mucho cuidado con este asunto. Hay discapacitados que sufren verdaderos problemas cognitivos y no son conscientes de las consecuencias de sus hechos, pero otros tienen clasificada su minusvalía de modo que se acredita retraso para estudiar, aprender o desempeñar ciertas funciones, aunque se les reconoce la capacidad de ser conscientes de lo correcto o incorrecto de sus acciones.


Desgraciadamente, la participación de menores en casos de violación es un hecho demasiado habitual y, en un buen número de ocasiones, las víctimas y las personas de su entorno se sienten absolutamente indefensas ante la aplicación de la ley.


La imagen pertenece a un artículo de elmundo.es.

6 comentarios:

Pat Lawriter dijo...

Una chica de 16 años puede abortar y un chico de 13 años puede delinquir, cometer un delito grave, contra la libertad sexual, y quedarte tan pancho. Este Código Penal chirría.

¿Se unirán los padres de la víctima a los padres de Sandra Palo o de Clara o de todas estas criaturas que perdieron sus vidas en manos de "niños"? ¿Conseguirán algo? ¿Todo seguirá igual?

Dices que los padres quizá le den un bofetón o no se lo den si quiera. ¿Qué ha pasado por la mente de este niño y de los demás para hacer algo así, tan asqueroso y repugnante? ¿Qué clase de vida/educación/valores han aprendido estos chicos?

¿Tiene todo esto un final o va a seguir empeorando?

Javier Solera dijo...

Pero qué cosa más repulsiva de seres. ¿En qué cabeza sensata cabe que esas repugnantes alimañas estén en otro sitio que el que les corresponde, es decir, en una jaula?

Es repugnante porque no se repara a las víctimas, y se favorece que vuelva a ocurrir. Porque tal vez no todos, pero algunos reincidirán.

Desde luego que a los políticos esto les conviene, porque a todos les interesa una sociedad amenazada por la delincuencia, asustada, para poder venir ellos a prometernos la salvación (que llevan 20mil años prometiendo y no hacen nada).

Desde luego, como se suele decir: ¡si yo mandara!

Fidelio en el bosque animado dijo...

Estoy oyendo a Juan Manuel de Prada y coincido plenamente con él en lo que dice sobre los "frenos morales". Una sociedad no puede estar basada en frenos penales o legales (que, para colmo, fallan). No hay nadie que ponga el freno moral porque, además, es linchado moralmente. Una vez entré en un aula de chavales de quince años y vi un cuadro sinóptico con los tipos de penetración. Prudentemente pregunté y dijeron todos a coro: ha estado una monitora de la Junta dando clase de educación sexual. Esto es penoso, y encima desde las instituciones.

Sólo directores o profesores con luces, dejan estas charlas en manos de médicos que insisten, por ejemplo, en que la píldora del día después no es un método anticonceptivo. ¿A qué estado de cosas hemos llegado cuando hay que decirle esto a adolescentes que acuden a los centros de salud a por la píldora? Y luego sacan educación para la ciudadanía ¿qué especie de batiburrilo moral estamos creando?

Sucesos como este son cada vez más frecuentes. Hace falta dar un toque muy serio a padres y madres. El fracaso de nuestra juventud es el fracaso de sus mayores. No lo olvidemos.

Olguis dijo...

La chorrina a trocicos y ya verias como a nadie se le ocurriria hacer lo que hacen.
Es una verdadera verguenza que los jueces les apoyen y hasta les induzcan a que lo hagan más.Total cual es el castigo? dejarles salir x otra puerta.Como no nos echemos a la calle a protestar,ya ni los politicos nos oyen.Una verdadera verguenza que mientras ellos campan a sus anchas ,la chica este muerta de miedo en su casa,y todas las demas que lo hemos sufrido.Si tienen ganas de...que se vayan de putas y sino que se aguanten.Cerdos que son unos cerdos!!

Gutiforever dijo...

Si unimos que la Ley del Menor es una aberración que da carta blanca a cualquier monstruo a ejecutar fechorias y actos criminales amparados en una beatífica e inocua normativa que los exime de responsabilidad, con una falta de moral y principios que hacen de la juventud un ganado hedonista y sin pretensiones de ningún tipo salvo follar,beber a destajo y ponerse hasta arriba de todo, los resultados son previsibles.
Estamos en una fosa séptica de inmundicia gracias a esta progresía de canapé de foie y moqueta que considera que el sexo es un divertimento más como la "play station",y la falta de normas morales y responsabilidad un "logro" de la modernidad.
Eso si:el resto de la ciudadanía indefensa mientras el pope progre de turno avala la necesidad de un "debate en frío y sin apasionamientos" de la ley del menor, que es la misma melodía que se oye desde lo de Sandra Palo y "el Rafita".
Qué bien...

Anónimo dijo...

Entiendo el dolor, pero me apena más la hipocresía. En este preciso instante, algún europeo anda de lumis y luego volverá a casa.
La vida, casi siempre, es más de lo que parece.

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