Los acontecimientos sucedidos en
los últimos días con respecto a Baltasar Garzón y su situación ante la justicia
han supuesto una buena piedra de toque para esta sociedad española que, en
conjunto, lleva treinta años dándose golpes de pecho presumiendo de principios
democráticos ante el mundo.
La izquierda ha demostrado, una
vez más, que es maestra en propaganda y movilización social. Las recientes
manifestaciones, con pancartas alusivas a la guerra civil de 1936, son una
buena prueba de ello. A los responsables de estas manifestaciones no les
importa en absoluto la fractura social que están provocando. Una fractura más,
propiciada de nuevo desde la misma ideología, aunque con un matiz diferente. El
interés personal por encima de cualquier consecuencia social.
El interesado e irresponsable
tinte guerracivilista de los apoyos a Garzón es como abrir de nuevo la caja de
Pandora. El problema es que ahora, los odios de la guerra civil española ya no
solo están albergados en las generaciones que vivieron dicha guerra y la
consiguiente post guerra. Hoy, la nueva izquierda, la progresía que presume de
modernidad y que a menudo demuestra una apabullante falta de principios,
pretende reescribir la historia y ganar una guerra que no debería salir fuera
de los libros de historia. Para ello, la progresía recurre a la manipulación y
a la movilización, tal y como hicieron en el pasado reciente con la guerra de
Irak, el naufragio del Prestige y los atentados del 11-M. Poco importa que los
cargos contra Garzón sean por prevaricación. Lo que necesita desesperadamente
es airear la dictadura y aislarla de otro hecho, la guerra civil y el periodo
de preguerra, sin cuya relación no se debería examinar la historia si se quiere
obtener un análisis objetivo.
Para muchos, Baltasar Garzón es
ahora un héroe. Los mismos que le crucificaron por el caso GAL le suben a los
altares de la lucha contra la dictadura. Poco les importa a ellos las
consecuencias de este nuevo impulso del odio. Y aún menos parece importarles
ser simples peones en el tablero de ajedrez de la lucha política por controlar
la justicia.
Esta mañana, en la tertulia de
Onda Cero, Carmen Gurruchaga ha desvelado quien está detrás de las
movilizaciones y manifestaciones izquierdistas: el propio Garzón y sus secuaces
más cercanos. La fuente de la noticia es, ni más ni menos, el sector
progresista del tribunal que debe juzgar al juez.
En el siguiente video de Veo7,
muy extendido por internet en los últimos días, se levanta una voz coherente en medio de toda
esta locura.