12.4.19

Espero que nadie entienda que mi critica a Ciudadanos es una defensa encubierta hacia ningún otro partido. Ninguno me representa y ninguno tendrá mi voto. En cualquier caso, tengo muy claro que Ciudadanos se convirtió hace años en otro caballo de Troya de los intereses de George Soros y su agenda globalista para España. Es un partido al que jamás debería votar cualquier persona que aún crea que una sociedad de valores y libertad es posible.


Manuel Valls y Albert Rivera
Desde hace tiempo, hablar de Ciudadanos y Cataluña ya no significa necesariamente hablar de Inés Arrimadas, una de las estrellas del partido y la que más se ha batido el cobre en el parlamento catalán contra el independentismo racista y delincuente que ha impuesto una fractura social que jamás se reparará. La agenda globalista necesitaba otro giro de tuerca, esta vez en Cataluña, Y Ciudadanos  tuvo la “feliz idea”, posiblemente inducida desde fuera del partido, de fichar a Manuel Valls como candidato a la alcaldía de Barcelona para las próximas elecciones municipales de 2019. Pero, ¿quién es Manuel Valls?

Manuel Valls es un político que cumple a la perfección los requisitos necesarios para presentarse como nuevo populista de centro izquierda que pueda captar los votos centristas indecisos que no quieran decantarse hacia un PSOE y un PP falsarios y corruptos, y que teman votar a Vox por si es un partido de extrema derecha, tal y como están informando la práctica totalidad de medios del sistema.

Para encarnar a este personaje, Valls trae a su espalda suficientes méritos.

Hijo de padre español y madre suiza afincados en Francia, nacido en Barcelona aunque toda su vida transcurre en el país vecino, se afilia a los 17 años (1980) al Partido Socialista Francés y en el que escala puestos durante la década de los 80s. A final de los 90 y principio de los 2000 fue cargo de confianza del Primer Ministro Lionel Jospin y posteriormente fue diputado nacional por dos legislaturas en la misma década. Durante el conato de escisión del socialismo francés tomó partido por Segolene Royal, buena amiga política del nefasto Rodríguez Zapatero. Pocos años después fue nombrado Ministro del Interior en el gobierno socialista del Presidente Holland, quien, en 2014, le asciende a Primer Ministro.

A finales de 2016 Valls dimite del cargo para presentarse a las primarias del partido con la pretensión de hacerlo posteriormente a las elecciones generales  a la presidencia del país. Perdió las primarias y, además, se negó a dar su apoyo al candidato ganador, y la alta autoridad de dichas primarias denunció su “incumplimiento de la palabra dada” que violaba “gravemente el principio de lealtad y espíritu de las primarias”. No fue la primera ocasión en la que Manuel Valls se negaba a reconocer resultados internos en el partido socialista, puesto que años antes tampoco quiso reconocer los resultados de otras primarias en las que perdió su candidata favorita, Segolene Royal. En 2018 Valls se despidió de la asamblea francesa pronunciando un discurso como diputado.

Con semejante historial, queda muy claro que Valls es mucho más que un simple icono que poner en Barcelona tratando de atraer a los votantes. Aún más que el PSOE, el Partido Socialista Francés está completamente infiltrado de masones de grados altos dentro de la hermandad. Manuel Valls es uno de ellos, reconocido por el mismo.

Proponer la construcción de una gran mezquita en el centro de Barcelona no es una idea peregrina ni poco meditada, aunque pueda parecerlo. Poco importa que en su pasado político, durante la primera mitad de los 2000, quisiera acercar al partido socialista al liberalismo, definiéndose a sí mismo como seguidor de Bill Clinton. Semejante empanada de ideas, que recientemente ha tenido algún seguidor en España pretendiendo aunar liberalismo con socialismo para acabar apoyando a partidos separatistas y antiliberales, no acabó de cuajar en el PSF. Al fin y al cabo, tal partido es socialista. Y el socialismo, o la socialdemocracia, solo entiende de libertades para sí mismos y para colectivos minoritarios que puedan servir de cuñas para abrir brecha en amplios sectores sociales.

Precisamente es esto mismo lo que está ensayando ahora Manuel Valls. Con el apoyo de Ciudadanos, un partido pretendidamente españolista frente al independentismo pero con un sustrato globalista que no se diferencia en mucho del que subyace en el PSOE, el PP y Podemos, acaba de presentar una “ocurrencia” sabiendo que, a priori obtendría un rechazo generalizado. Pero no nos engañemos. Si Valls logra ser alcalde de Barcelona el islamismo tendrá otra puerta abierta para aumentar su presencia una de las ciudades más importantes de Europa. Esta hipótesis no es un disparate. Bien pudiera suceder. No conviene olvidar que el economista de cabecera de Ciudadanos, Luis Garicano, no ahorra alabanzas a uno de los principales valedores ideológicos de la agenda globalista, la ideología de género y de no pocas maniobras intervencionistas contra gobiernos soberanos: el indeseable George Soros


La excusa para la construcción de una mezquita en el centro de la ciudad es un típico argumento progre, globalista y masón: “no solo da una visión de respeto a la religión” y “ayuda a la convivencia”. Para Valls, según el diario La Vanguardia,  Tal iniciativa es “útil” y “positiva” “para construir un islam que sea barcelonés”.

Sorprendentemente, los candidatos a la alcaldía por el PP y el PSOE rechazan la propuesta de Valls. Sorprendentemente digo, dada la pasividad y completa inacción que ambos partidos han mostrado durante muchos años al avance del islam, cuando éste se ha servido de métodos criminales para imponer su visión de sociedad ideal. Pero, en caso de que Valls fuera investido alcalde ¿los candidatos hoy en contra seguirían reacios a apoyar tal idea? ¿O, en aras de –por poner un ejemplo- asegurar la estabilidad municipal y la concordia social, darían el visto bueno a la mezquita?

Soy un firme defensor de la libertad de culto para cualquier individuo, así como de la independencia de un estado frente a cualquier confesión religiosa. Pero en el caso del Islam, y con muy escasas excepciones, donde éste acaba por implantarse las libertades terminan mermadas y la independencia de los gobiernos desaparece. Además, creo que antes de abrir otra puerta a una religión que en buena parte de los países que gobierna prohíbe la libertad de culto, España tendría que afrontar de una vez el debate para lograr una separación real y efectiva del Estado y la Iglesia Católica que no se da en la realidad.

Valls es un caballo de Troya del globalismo, de la masonería y de la ideología de género (valga la triple redundancia), Como lo es su partido al completo. Como PSOE, PP y Podemos. Y si tengo claro que hay algo que no necesita Barcelona hoy por hoy, es nada de todo eso.


Login en para comentar bajo su responsabilidad

- Redes Sociales -
 EL REPUBLICANO DIGITAL EN FACEBOOK   MIKE SALA EN FACEBOOK  MIKE SALA EN YOUTUBE MIKE SALA EN TWITTER  MIKE SALA EN VK - LA ALTERNATIVA A FACEBOOK SIN CENSURA

0 comentarios:

Publicar un comentario

Cualquiera es libre de opinar aquí. Pero quien opine será responsable de sus palabras.