9 de julio de 2008

Uno de los argumentos que el gobierno español esgrime a la hora de perfilar parte de su línea política es la laicidad del estado.

Si entendemos por “laico” todo aquello que es independiente de cualquier organización o confesión religiosa, sin más aditamentos a la palabra y su significado, comprendemos que, detrás de dicho significado no debería existir ninguna intención antirreligiosa. Simplemente, se define la no existencia de vínculos con la religión. Por ejemplo: ¿Un comunista es laicista? Sí. ¿Un liberal que se denomine ateo, es laicista? Sí. ¿Cual es la diferencia entre ambos?

Partiendo de las definiciones de uno y otro, ambos son laicistas, por no tener ni querer vínculos con ninguna religión. Pero el matiz, la diferencia que crea un abismo entre ambas formas de ver el laicismo es la intención hacia las creencias y los creyentes. Mientras el comunismo e ideas afines no solo no desean ningún tipo de asociación con la religión y, en la mayoría de los casos, fomentan el alienamiento o aniquilamiento de los creyentes, el liberalismo defiende el derecho del ser humano a creer y practicar aquello que crea más conveniente.

¿Si afinamos un poco más con otra pregunta, un liberal creyente puede ser laicista? No solo puede, sino que debe serlo.

Es decir; un liberal que sea ateo, agnóstico, judío o que profese la creencia de cualquiera de las confesiones cristianas, o budista, o de cualquier otro credo, debe estar dispuesto a defender y compartir el derecho del ser humano a creer en lo que desee. Para mí, este principio es parte fundamental del verdadero liberalismo. El que respeta la libertad de ideología, de pensamiento y de fé y precisamente por ese motivo, por pretender respetar a todos los ciudadanos, no propugna que una religión tenga dominio ni mayor influencia sobre otras en el funcionamiento de un estado.

Por tanto: ¿se puede ser creyente, practicante y laicista? Absolutamente sí. Es posible practicar una religión y defender también la existencia de un estado verdaderamente laico.

Es perfectamente compatible – y creo que es absolutamente aconsejable – que cualquier religión, mayoritaria o no entre la población, esté al margen del funcionamiento del estado, evitando así posibles influencias o interferencias, caso de que se dieran. Con esto no estoy diciendo que ningún servidor del estado pueda profesar una religión. Simplemente defiendo que ningún servidor del estado ocupe su puesto por causa de su credo o que ejerza en su trabajo algún tipo de influencia hacia ciudadanos u organizaciones, orientado por su credo. ¿Significa esto que ser laicista es lo mismo que ser antirreligioso?. No. Pero para quienes disfrazan así su fobia hacia la religión, es condición sinequanon para ser verdaderos laicistas.

Curiosamente, el contaminado laicismo que pretende imponer el gobierno del PSOE – y, en concreto, algunos de sus líderes con especial empeño – poco tiene que ver con el verdadero laicismo. En España, durante mucho tiempo, se ha acusado a los creyentes (insisto que no solo me refiero a los católicos, aunque estos sean mayoritarios) de fanáticos y reaccionarios, mientras que cierta tendencia que se denomina a sí misma como laicista, ha cometido crímenes y desmanes tan abominables como aquellos de los que acusó a quienes pretendió perseguir. Hoy asistimos al resurgir de este “laicismo” extremista, que dice defender las libertades de todos, cuando los resultados de sus acciones muestran precisamente la imposición de medidas coactivas, siempre dirigidas hacia los mismos colectivos.

Este último comentario no es partidista. Me remito a los hechos, visibles para cualquiera. No considero un comportamiento laico el pretender prohibir la representación del nacimiento de Jesucristo en los colegios de nuestros hijos, con la excusa de no ofender a los no cristianos – supuesta ofensa que yo nunca he escuchado en palabras de padres extranjeros – y permitir abiertamente que en España ciertas prácticas religiosas fomenten el machismo más rancio o el desprecio y el odio hacia lo occidental, apoyado además con ciertas viñetas en algún manual de Educación para la Ciudadanía. O peor aún. Fomentar prácticas que atentan contra la vida del inocente, como el aborto indiscriminado o la libre disposición de la vida de los enfermos terminales, sustentando la idea de que todo buen laicista debe ser antirreligioso y, en consecuencia, atacar cualquier principio defendido por los creyentes.

Las consecuencias del resurgir de este “laicismo” extremista las tenemos ya a las puertas. Y las puertas están completamente abiertas. Se modificarán los significados de algunas palabras, habrá uso y abuso de eufemismos, se procurará avergonzar a quien defienda ciertos principios, como la vida y las libertades del individuo. Se hará lo imposible para cambiar el aspecto de lo que es horrible, para presentarlo como algo bueno y recomendable.

Es una indigna manera de “matar dos pájaros de un tiro” Pretender imponer ideas por la fuerza de la coacción y la descalificación, a la vez que polemizar sobre ciertos principios para que no prestemos tanta atención a la gravedad de esta crisis innombrable que arrasará como una plaga de langosta.

9 comentarios:

Julio dijo...

Yo estoy de acuerdo con lo que explicas. he aprendido con este post. Pero si te pusieron verde con el del 4 de julio, esperate y veras con este.

saludos

Anónimo dijo...

Estoy plénamente deacuerdo con lo dicho por Mike.
Tengamos en cuenta que Zapatero y su trupe se definen de izquierdas y
podría quedar mal cualquier "simpatía" con lo religioso, como mucho "toleran" a los que profesamos una fé.
algo es algo...
En el pasado con la dictadura no se permitía el derecho al libre culto.
Hace poco un amigo profesor me decía que en su escuela (estatal)se podía impartir clases de religion de cuatro credos diferentes siempre que hubiera alumnos suficientes para ello.
No tengo claro si el tema de la educación religiosa debiera quedar en el ámbito familiar, yo creo que si, pero bueno... es discutible,
porque por otra parte pienso que cualquier religion seria transmite
valores y dá profundidad a la persona, por cuanto si se imparten en la escuela y encima se puede elegir, pues...algo es algo
Tomaremos pulpo como animal de compañía.
besos a todos.
Vanessa

Andrés Álvarez dijo...

Estoy de acuerdo con todo lo que dices. Es difícil ser creyente y laico y laicista a la vez, o defender el aborto dentro de unos límites o defender las relaciones sexuales prematrimoniales pero siempre con un sentimiento de cariño...la gente se cree que intentas complacer a todas las partes...

J. Santos dijo...

Muy bien explicado y sencillo. Lo copiaré en un documento para enseñarlo.

Alex Hillmann dijo...

Me ha gustado mucho el artículo. Esclarecedor.

Anarko dijo...

no eres mas que un facha vestido de liberal. es lo que sois todos los liberales. no sois mas que fachas.

Rosa María Ramírez Noblejas dijo...

Muchos católicos perderíamos el miedo al verdadero laicismo si nos explicaran las cosas así. Gracias y un afectuoso saludo

JOSÉ dijo...

Yo me considero creyente y practicante, pero, estoy cada vez más convencido que la actual Iglesia católica se aleja más y más de la palabra y enseñanza de cristo. Convierte el discurso de Cristo en una doctrina predominantemente fascista.

Hace poco ví una entrevista de JOsé Bono en TVE. En ella decía que él, aún siendo católico, no podía estar en contra de la investigación con celulas madre, cuando Cristo sólo dijo que nos amemos los unos a los otros.

Yo no estoy a favor que se enseñe obligatoriamente la religión en clase, prefiero una asignatura similar a la de EpC, pero que no tenga la carga ideológica de la actual. Que la religión fuese una asignatura voluntaria.

Por otro lado, la Iglesia demuestra que sólo evoluciona y avanza cuando se le apreta las tuercas, es decir, cuando se le presiona. De lo contrario, seguiría quemando brujas al lado de la Expo de Zaragoza.

No estoy a favor, que la izquierda y diversos medios de comunicación que se consideran progresistas ataquen sistemáticamente a los que profesamos una religión, cristiana generalmente. Teniendo en cuenta que esos mismos medios toleran y respetan religiones que mantienen un trato humano de baja catadura moral.

Debemos mantener una actitud crítica con la iglesia, pero también respetuosa con ella. Sólo de esa manera comenzará una fase de evolución y modernidad. De lo contrario, si hacemos lo de este gobierno: ataques sin fundamento, se producirá un repliegue de la misma cuyo resultado será un fundamentalismo religioso, la desvirtuación de la palabra de Dios y una pérdida significativa de feligreses.

Un cordial saludo

José

Mike dijo...

Hola José.

Respecto a la enseñanza de la propia religión, creo que la escuela pública, para mas justa, solo debería tener una clase de historia de las religiones - lo cual ya es bastante peligroso si tenemos en cuenta en manos de quién esta la educación -

En mi iglesia, y en otras que conozco, la enseñanza a nuestros hijos y a los visitantes se dan en clases de Escuela Dominical, cada domingo, con lo que se recibe una enseñanza de mayor calidad, en referencia a la preparación y los contenidos.

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