Mufti Sheik Haron es uno de esos inmigrantes proclives a mostrar desprecio por el país que le acoge. En España tenemos muchos así, pero aquí la diferencia es que están bien vistos por autoridades y sectores sociales que tienen en sus manos la educación académica, además del cuidado de nuestros hijos, durante suficientes horas al día como para influenciarlos en su modo de pensar y actuar.
Harón es un iraní que vive en Australia. Tiene responsabilidades religiosas entre sus paisanos, también inmigrantes. Gusta de ser llamado Ayatolah, y como tal se comporta. Ha dirigido cartas a familiares de soldados australianos muertos en Afganistán, no con ánimo conciliador. Ni siquiera para ofrecer condolencias sinceras. Este animal, sumergido en odio visceral como cualquiera de los millones de islamistas más radicales que hay en el mundo, se erige en justiciero, aunque solo sea de palabra, para acusar a los fallecidos ante sus familiares, tratándolos como asesinos de inocentes.
Imagen extraída de Libertad Digital
Pero Australia es Australia. No es España. Quiero decir que hay naciones occidentales que no se avergüenzan de sus orígenes y tradiciones por el hecho de albergar a inmigrantes que vengan de culturas diferentes, ni cuentan con tantos gobernantes ni políticos dispuestos a venderse ante una alianza de civilizaciones que se presenta bajo la apariencia de la integración multicultural, cuando lo que realmente pretende es la renuncia de los occidentales de sus propios valores en detrimento de su propia historia, tradición y moral. Quizás en esto último radique la clave de todo. No se puede exigir la defensa de la moral a quien carece de ella. Y los gobernantes españoles aún tienen que demostrar que poseen aunque solo sea un resquicio. Australia tiene un Primer Ministro como John Howard, que es justo el polo opuesto del Presidente Zapatero. El primero declaró no hace mucho, a propósito de la polémica que ciertos islamistas pretendían iniciar con los crucifijos en los colegios australianos:
Esto no es un ala política ni un juego político. Se trata de una realidad. Se trata de hombres y mujeres de ascendencia cristiana que fundaron esta nación basándose en principios cristianos, lo cual está bien documentado en todos nuestros libros.
Por lo tanto, es completamente adecuado demostrar nuestra creencia en las paredes de nuestras escuelas. Si Cristo les ofende, entonces les sugiero que busquen otra parte del mundo para vivir, porque Dios y Jesucristo son parte de nuestra cultura.
El segundo, Zapatero, jamás dirá algo parecido. Sus intereses apuntan en otra dirección.
El Ayatolah australiano tendrá que rendir cuentas ante la justicia. De momento está en libertad bajo fianza, a la espera de un juicio del que podría salir hacia un ingreso en prisión durante siete años. Mientras tanto, en nuestro propio entorno, nos vemos obligados a convivir con elementos desestabilizadores que toman partido abiertamente por Zapatero y su extraño modo de defender los intereses españoles, como es el ejemplo de Ahmed Hijazi, editor de comentarios tan objetivos con la identidad de occidente como lo pueda ser su cultura con el respecto a lo que es diferente, o medios que combinan su apoyo a dictadores con entrevistas a miembros del clero católico contrarios a la defensa de los no nacidos. Todo muy Light, pero muy calculado.
Ni las autoridades españolas competentes, ni las feministas de pro, ni la ministra Bibiana Aído, ni las Vicepresidentas del Gobierno, ni el resto de españoles garantes de la Alianza de Civilizaciones tiene el interés ni el valor de exigir igualdad a los musulmanes, por ejemplo, en el trato a sus mujeres, o los derechos humanos de homosexuales, disidentes políticos o fieles de otras religiones. Estos anti occidentales que viven y parasitan de nuestro sistema de vida y subvenciones saben muy bien dónde vienen. Así lo confiesan algunos de los que desembarcan en las pateras provenientes de Marruecos o Argelia. Vienen a la España relajada que todo lo admite, sin importar el daño que reciba a cambio, dirigida, para asombro de muchos, por un gobierno empeñado en hacerla renunciar a su identidad e intereses a favor de una influencia islámica que nada entiende de libertades.
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Editorial de Cesar Vidal. Jueves, 22 de Octubre de 2009.