26 de julio de 2010




Que CiU pretenda prohibir la bandera española me parece absolutamente normal, aunque, en esta sociedad que nos toca vivir, lo normal es raramente correcto o justo.

También me parece completamente normal que quiera prohibir dicha bandera en los taxis de Barcelona. Para cualquier independentista, incluso para estos que van disfrazados de nacionalistas moderados, debe resultar muy ofensivo que los colores españoles, queridos por muchos catalanes, circulen por toda la ciudad recordando a sus habitantes que la selección de futbol ganó un campeonato del mundo contra los deseos de quienes veían en tal victoria una afrenta contra su amor propio.

Que CiU, en su argumentarlo para la petición de prohibición de la bandera española en los taxis, pretenda convencer a alguien que dicha bandera puede suponer un peligro para la circulación y la seguridad vial, me corrobora mi teoría (mía y de millones de personas), de que no hace falta ser un independentista bocazas, insultador y oportunista como José Luís Carod Rovira o Juan Tardá(*) – o cualquier otro showman de ERC – para proferir las mayores estupideces en defensa de un nacionalismo cualquiera.

El caso es que en la sesión plenaria del consejo municipal de la Entidad Metropolitana de Transporte de esta pasada semana, el delegado de Convergencia y Unió (CiU) pidió multar a los propietarios de taxis que lucieran en los vehículos elementos no autorizados tales como… la bandera de España. El “nacionalista moderado” opina que la bandera española “”puede constituir un peligro para el resto de vehículos que circulan por la vía pública.” Lo que no ha explicado, o yo no tengo noticias de ello, es exactamente qué peligro puede entrañar la bandera. No sé si es que los taxis barceloneses, en un arranque de fervor por la selección nacional, lo que se ha dado en llamar “la roja” para favorecer la propaganda visual al gobierno de Zapatero y a Cuatro, han estado portando banderas de 2 X 6 metros, con mastil acoplado en el techo del auto, o si es que los taxistas abanderados se han dedicado a golpear con saña, a banderazos, a otros conductores, mucho más decentes, que se han sentido agraviados por la victoria del equipo dirigido por Del Bosque.

Por el momento, la iniciativa de CiU no ha pasado de ser una propuesta sectaria de un descerebrado o representante de un grupo de descerebrados. Por el momento.

El gerente le la EMT aseguró que en el reglamento no hay tipificada ninguna situación que permita multar a nadie por llevar una bandera española, pero que la posible infracción por llevar elementos contrarios al reglamento de trafico se debe verificar durante la revisión de la ITV. De modo que, tal y como funciona el independentismo en Cataluña, siempre eficaz y diligente a la hora de aplicar medidas contra la libertad de quienes no son independentistas, podremos ver, quizás antes de un par de años, a los técnicos de las ITVs detectando, como sabuesos, si un vehículo lleva alguna bandera española o no. De esto, a considerar infractores a los vehículos de turistas que lleven algún adhesivo con la bandera nacional, puede quedar no mucho tiempo.

(*) Llamarles José Luís o Juan no es un ejercicio de catalanofobia, como se habrá apresurado a decir cualquier sectario del régimen que haya caído por aquí para leer estas líneas. Es un ejercicio de autodefensa.

Autodefensa porque, durante los años que viví en Cataluña, no encontré una sola dirección o placa de tráfico (por poner un ejemplo) en la que se indicara la dirección hacia Zaragoza o Teruel. Todas las que vi apuntaban hacia Saragossa o Terol, sin cumplir la normativa de escribir los nombres originales de dichas ciudades, cosa que los nacionalistas reivindican y consiguen que se haga en el resto de España con LLeida o Girona, a las que se nombra en catalán en el resto de España, porque los nombres “Lérida” y “Gerona” resultan muy incorrectos políticamente.

De modo que, como yo no pienso entrar en ese circo de lo español supeditado y avergonzado ante el independentismo catalán, Carod Rovira se llama José Luís en este blog y en la China.

1 comentarios:

Don Andrés dijo...

"Durante los años que viví en Cataluña, no encontré una sola dirección o placa de tráfico (por poner un ejemplo) en la que se indicara la dirección hacia Zaragoza o Teruel. Todas las que vi apuntaban hacia Saragossa o Terol, sin cumplir la normativa de escribir los nombres originales de dichas ciudades".

A mí parece absolutamente normal. ¿No decimos Londres en vez de London, o Nueva York en lugar de New York? Algún purista hasta pediría que los topónimos fuesen pronunciados con el acento del país de que se trate. Sería cuanto menos gracioso ver a un extremeño intentando pronunciar con nuestras vocales abiertas "A Coruña". Ni tanto ni tan calvo.

Por lo demás, es absolutamente "normal" que intenten prohibir la rojigualda con la mismísima "normalidad" con la que quieren prohibir las corridas de toros o prohibir que un comerciante se anuncie en castellano.

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