10.1.19


Una reflexión interesante en el blog amigo El Rincón de la Libertad.


El autor relata brevemente un punto de su existencia en el que decide que, habiendo sido cristiano por mucho tiempo, trató de no tener fe en base a distintas circunstancias del momento.

A lo largo de mi vida, que pasa ya del medio siglo, he conocido personas practicantes de su religión que, pasando por circunstancias complicadas, difíciles, incluso terribles, han sufrido crisis de fe que, en unos casos, les ha apartado definitivamente de sus creencias pero, en otros, las dificultades del momento han servido de aliciente para fortalecer sus convicciones y fe en algunos principios que todas las confesiones cristianas que conozco comparten: la comprensión de que los problemas en esta vida tienen un propósito que, en no pocas ocasiones, escapa de nuestra comprensión hasta que, mucho tiempo después, descubrimos que aquello que tanto daño nos hizo nos fortaleció y purificó como un horno hace con una cerámica de mucho valor.

En “La Fe del Ateo” podemos hallar una breve reflexión que nos enseña que, como a algunas personas les ha sucedido, para ser ateo por querer dejar de creer en Dios, también hace falta tener fe.

¿Y el final?

No seré yo quien lo cuente. El final está bien como está… y donde está, en el sitio que le corresponde. Aquí. 

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