24.1.19


Los medios de información llevan a titulares, portadas, artículos e informativos la crisis de gobierno de Venezuela y el reconocimiento de la mayoría de países occidentales y de oriente medio (con excepciones) de Juan Guaidó  como presidente venezolano en funciones.


Como no podría ser de otro modo, el Presidente español, pseudo-doctor Sánchez, prisionero de su ideología zapaterista, que siempre defendió el chavismo y su falta de libertades, y de sus pactos con Podemos, el partido-charanga financiado por la Venezuela chavista y el Irán más intolerante, mira para otro lado y ofrece frases ambiguas con las que pretende dejar pasar el asunto el mayor tiempo posible, al más puro estilo Rajoy, para ver si el problema se resuelve de algún modo que a él no le obligue a significarse contra una dictadura venezolana que siempre obtuvo el beneplácito, el apoyo, y la financiación de la izquierda española.

Pero, ¿es esa toda la motivación de Sánchez para negarse a apoyar la libertad del pueblo venezolano y condenar el narco-régimen de Maduro?

Parece que los medios españoles no quieren tener en cuenta otro factor mucho más poderoso que la defensa de una ideología caduca, criminal y liberticida como es la defendida por Nicolás Maduro, heredero de Hugo Chávez, el iniciador de la debacle y la ruina de Venezuela hace ya   dos décadas.

De los periodistas y comunicadores que conocieron el inicio de la democracia española y que aún están en activo, así como de los que posteriormente comenzaron a trabajar en los medios, no he encontrado a ninguno de ellos que incida en lo que seguramente es el motivo más importante para que Sánchez y sus ministros se pongan de perfil ante la crisis tan profunda que sufre el país hispano americano.

¿Evitar represalias contra los 180.000 españoles y descendientes directos que viven en el país? Bien podría ser un motivo para ser prudente para un político decente. Pero no es el caso de Sánchez.

¿No provocar la nacionalización de las empresas españolas que aún no fueron nacionalizadas por el chavismo? Podría ser un factor estratégico a tener en cuenta por un político inteligente, y éste tampoco es el caso de Sánchez.

¿No remover la porquería de la superficie, para evitar que la del fondo, mucho más pesada, maloliente y comprometedora, ascienda y quede a la vista de la opinión pública? Éste ha sido uno de los motivos más importantes por los que el chavismo, desde sus inicios, apenas tuvo otra oposición en España que algunas declaraciones vacías por parte de muchos políticos y periodistas marcados por ciertas ganaderías mediáticas.

Desde los inicios de la democracia en España, las castas que gobernaron durante el franquismo crecieron en número y en poder, y se crearon otras nuevas. No solo se dedicaban a repartirse España en autonomías, provincias y municipios para sus empresas y negocios. Una de sus principales actividades era la evasión de dinero hacia el exterior. Durante el franquismo, los españoles no pagaban IRPF y otros impuestos. Fue el sistema que se creó al amparo de la democracia quien activó esos impuestos y otros, de modo que el Estado pudiera contar con una nueva fuente de ingresos de la que pudieran parasitar los que, estando por encima de partidos políticos y sindicatos, llenaban sus propias arcas al tiempo que establecían lo que hasta hoy han sido sus áreas de poder.

Desde entonces hasta hoy, no pocos políticos de renombre, empresarios, periodistas y otros que sirven a intereses superiores a los partidos políticos han evadido dinero a países como Suiza, Andorra y Liechtenstein, hoy más controlados que hace tan solo una década, Puerto Rico, Panamá, Belice, Argentina, Uruguay, Paraguay… Venezuela.

Recuerdo perfectamente cómo, en 1993, precisamente en Caracas, Venezuela, un taxista local nos explicaba a un compañero de viaje y a mí, mientras nos conducía desde el aeropuerto hasta cierto hotel de la Avenida Guzmán Blanco, a quien pertenecían algunas de las suntuosas viviendas y colonias de casas de clase media-alta. Mi sorpresa fue que no solo los propietarios eran conocidos personajes de la corrupta época felipista (1982 – 1996). También figuraban en semejante reparto de protagonistas algunos otros conocidos de la misma época que, y con el tiempo he llegado a comprenderlo, más que rivales y enemigos de los primeros, eran más bien compañeros de corrupción, y cercanos vecinos de conspiraciones y corruptelas.

Algunos de aquellos personajes han fallecido ya. Otros, con avanzada edad, ya lo tienen todo hecho, y tienen el suficiente poder y “amistades” como para que nada les suceda si sus nombres aparecieran en alguna filtrada lista de los indeseables que cuentan con reprochables negocios en Venezuela. Pero aún queda un buen número de ellos que, aún con el paso del tiempo, siguen en primera fila del mundo político, económico y social de esta maltratada España.

Pedro pseudo-doctor Sánchez es un mediocre, un impresentable y un traidor a nuestra patria. Esto lo sabe cualquiera que tenga que sufrir sus políticas. Pero, en realidad, Sánchez no gobierna. Tiene amos. Los mismos que tienen Rajoy y Zapatero. Y a esos amos no les interesa en absoluto apoyar la libertad en Venezuela, mientras no tengan atados y bien atados a unos cuantos complacientes y bien pagados siervos que formen parte del nuevo equipo político que pueda llegar a gobernar en el país.

Por eso Sánchez no es libre para condenar nada. Ni le importa mucho la libertad, cuando se vive en una jaula de oro.

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