
Repasando el anterior capítulo de mis penas con Orange Internet Everywhere observo que olvidé comentar un dato importante. La ridícula velocidad de navegación a 56 kbps que Orange me permite usar, hasta que se digne reparar la avería, es tan solo nominal. La velocidad real en mi caso es de 3 a 5 kbps, con picos ocasionales de 7 a 8 – más lento que en los inicios comerciales de Internet, allá por el año 95 – . Lo que se traduce en que cargar mi igoogle, que tan solo muestra la bandeja de entrada y los titulares de cuatro diarios on line, cuesta de uno a dos minutos de reloj. Imaginen lo que me supone, cuando necesito usar el modem usb en esta comarca, descargar un mail con fichero adjunto de 200 kbs.
El caso es que en la trigésimo novena llamada logre hablar con el sevcicio técnico que yo ya dudaba que existiera. Afortunadamente, mi interlocutor era un técnico de verdad. Para evitar complicaciones, le comenté que llevo en la profesión más de 20 años. De ese modo, le evitaba la tentación de soltarme cualquier rollo para terminar la conversación cuanto antes.
Para mi sorpresa, me pidió que le contase todo desde el principio, a lo que le contesté que yo no comprendía entonces para qué tenía Orange contratado semejante número de telefonistas para filtro. Si tengo que contarle a ellos toda la historia tres veces, para repetirla de nuevo al técnico, cuando logro hablar con él.
La conversación fue bastante cordial y el técnico en cuestión parecia bien dispuesto a solucionar mi avería. De hecho, hasta abrió una incidencia numerada, cosa que yo no había logrado, desde el primer día de la avería 15 de Diciembre, hasta ese mismo día 27 de diciembre de 2008.
La cosa quedó en que, según mis informes repetidos casi hasta el infinito, yo podía establecer conexión, pero no disponía de tráfico en absoluto, excepto los últimos tres días antes de esta llamada hasta hoy, que me apaño con esos 5 kbps de media.
El técnico me confirmó el número de avería, me pidió disculpas por las molestias de tantos días, y me aseguró que me llamaría para indicarme una solución.
El pasado Domingo, cuatro de enero, me llamó otro técnico de Orange. Para mi desesperación, me comentó que si yo no podía disponer del servicio que Orange ofrecía, él hablaría con administración para que me diesen de baja sin penalización, o que me cambiasen el modem por una nueva línea de voz (un móvil para hablar, vaya.)
Pausadamente, le contesté:
“Escúcheme, por favor. Y escúcheme bien. No se trata de que Orange no pueda darme servicio en este area. El problema es que tuve servicio y ahora se halla averiado. Seguramente tienen ustedes algún modulo de su repetidor de zona averiado.”
“Ah, perdón. Es que leo en el informe que usted compró el producto pero nunca pudo usarlo. Me extrañaba, porque mi medidor de cobertura me indica que en su zona es excelente…”
Es decir, que mis cuarenta conversaciones anteriores no habían servido de nada…
Le comenté, por cuatrigésimo primera vez (para Pepe Blanco, cuarenta y unava), toda la historia y le repetí lo que, en mi opinión, es la avería: el repetidor. El técnico me aseguró que me volvería a llamar y que propondría al departamento de facturación un descuento en mi próxima factura…
Sigo sin noticias.
Si para esto nació Orange, hubiera sido igual que hubieran seguido existiendo Amena y Wanadoo. La misma descoordinación. Los mismos errores. La misma porquería de servicio.
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